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jueves, 23 de noviembre de 2023

Encuentros Millerianos "Sutilezas analíticas" clases 9 y 10 por Jose G. Dominguez

 

¿QUÉ NOS REÚNE AQUÍ?


Por: José Gregorio Domínguez



¿Qué nos reúne aquí? Acaso esta pregunta pase por distinguir, con Miller, la enseñanza de la repetición. En su sencillez, se oculta quizás también la diferencia entre el Instituto y la Escuela. Creo poder decir que los Encuentros Millerianos no se presentan como un espacio de enseñanza. Aunque quizás una transmisión sea posible. 

Dicho esto, puntuaré algunos aspectos de los capítulos 9 y 10 del Curso “Sutilezas analíticas”, intentando caer lo menos posible en la repetición, dando un acceso a lo nuevo. Haciendo del psicoanálisis una investigación permanente.

Les recuerdo que el capítulo 9 se llama “La verdad mentirosa” y el 10 “La prisión del parletre”.

El psicoanálisis no puede confundirse con el discurso universitario. Por ello el comentario de JAM sobre el Departamento de Psicoanálisis. Yo añadiría, que tampoco puede confundirse con el discurso del amo. 

La diferencia entre verdad y mentira, vela la alianza constitutiva de la verdad mentirosa. La verdad, reducida a mero efecto de la articulación significante, ¿acaso constituye un vestigio del discurso del amo? Subyace la creencia en una superposición entre simbólico y real; lo real tomado desde lo simbólico apunta a un no cesa, un imposible, un programa, un axioma, una escritura. Pero, dice Miller “lo real es más contingente que imposible” (p. 142), próximo a lo inconsciente y su modo de sorpresa. Entonces, no basta tomar lo real desde lo simbólico, “sería necesario que el psicoanálisis fuera una práctica sin valor, donde no se trate del valor real, sino de lo real como tal”, para que surja algo nuevo.

Lo que llamamos, con Lacan, verdad mentirosa, no sería sino la transformación de lo contingente en necesidad, una racionalización; mientras que el objeto a, sería lo contingente captado a partir de su ordenamiento (recuerden que el orden, es de lo simbólico; mientras que en lo real se trataría de elementos dispersos, caóticos). El objeto a sería la localización del goce articulado a un dispositivo significante; el goce domesticado por el significante.

A este propósito Miller distingue un analista que quiere sentido, y otro que quiere algo distinto. 

Y nos confronta con el pase, anhelo de Lacan por inscribir en lo real. El pase permitiría creer en un sujeto capaz de una verdad fuera del goce del fantasma (p. 145), creer en una palabra limpia de goce. Como institución, como sacramento, deviene un performativo, un montaje I-S que tendría efectos reales, y también una demostración del fin lógico de un análisis.  Pero dice Miller “¡Qué lo lindo sería que el pase no fuera un sacramento!”. Es el sueño del pase Sputnik, próximo a la ciencia.

De los límites de lo simbólico y del desciframiento dio cuenta ya el propio Freud. Y

Lacan, en su elaboración, inventó el objeto a como acceso a Das Ding. Pero, será el propio Lacan quien llamará sinthome a La Cosa, intentando ir más allá del ello como figura, más allá del fantasma como morada de Das Ding. Allí donde el fantasma es molecular, separable, vendrá el sinthome como nudo.

Si me apoyo en Freud, creo que tres son las relaciones posibles entre significante y goce:

1.- El goce y el significante se oponen mutuamente (exclusión)

2.- El goce es anterior y el significante posterior (sucesión)

3.- El significante es la continuación del goce (aseguramiento)

Las primeras dos tesis, euclidianas, suponen una separación posible entre goce y significante; pero la tercera proposición, nodal, es solidaria del lenguaje como aparato de goce. Dice JAM con Lacan, “no hay otro aparato de goce más que el lenguaje”, “el ser habla su goce”. ¿Qué consecuencias tiene esta perspectiva?. Acaso es lo que se explora en la ultimísima enseñanza de Lacan, a distinguir radicalmente de las anteriores.

Dice Miller, “nos queda por trazar una vía que tome en cuenta los poderes del significante y la contingencia de lo real”. El pase sigue siendo la apuesta, pero sin confundirlo con el atravesamiento del fantasma; más bien tomado a partir de la elucidación de la propia relación con el goce, alejando al psicoanálisis de la ficción de un inconsciente sin real, de un inconsciente completamente simbólico.

Comencé mi intervención destacando la pregunta ¿Qué nos reúne aquí? ¿Acaso algún afán de enseñanza?. Parece que Lacan se mantuvo a distancia de ello, a pesar de imputar su esfuerzo de enseñanza a su superyó. También Miller nos indica algo cuando dice que su audiencia es su partener. ¿Cuál es la relación de cada uno con el sentido? Claro que se puede responder que un analista quiere sentido, incluso Miller se interroga ¿Puede un analista no querer sentido? (p. 143), eso que Miller llama el quiero del analista. Pero también está lo que a cada quien le fuerza a pensar. Y siendo que el goce está en todas partes, que nada es sin goce, ¿qué del goce del analista?



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