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jueves, 23 de noviembre de 2023

Encuentros Millerianos clases 16, 17 y 18 por Jose G. Domínguez

 COMENTARIO EM


Tres son los capítulos que me han tocado comentar, brevemente. Son tres capítulos extensos, con muchas cosas importantes. Intentaré resaltar lo más importante de cada uno.

Capítulo 16 “Cogito lacaniano”

Miller abre el capítulo destacando su cansancio por el concepto, y recomienda que el analista, en la práctica, se convenza de la vanidad de sus construcciones. Propone como cláusula final de la formación analítica: olvidar lo que se aprendió para abrirse al paciente como inédito.

Miller nos recuerda que el concepto de goce es un positivo absoluto, semejante a la líbido, pero que a diferencia de esta no se desplaza, permanece. Esta positividad contrasta con los dominios del significante, que puede ser negativizado. Por ende, con la noción del goce como imposible de negatizar se apunta a un goce más allá de la castración.

Ahora bien, algunos analistas ubicaron este goce más allá de la castración como un estorbo para la operación analítica. Terminaron por tomarlo como formas arcaicas, salidas erróneas de la libido, pensaron que este era el goce que no hacía falta y que convenía el goce del cuerpo del otro sexo, forma prínceps del goce que buscaba la realización de la heterosexualidad, solidario de la denominada genitalidad.

Pero Lacan, con el goce imposible de negativizar toma otra perspectiva. Un primer intento lo dirigió al Sujeto supuesto saber, como estado ya ahí del saber, que funcionaría si fuéramos todos lógicos; pero este no alcanza. Las palabras agujerean, emocionan, conmueven, se inscriben y son inolvidables. Por tanto, añadió una segunda suposición, la de la sustancia gozante, el cuerpo que supuestamente goza.

Es importante hacer notar, con JAM, que Lacan construyó la sustancia gozante a partir de la sustancia extensa cartesiana. No a partir de cogito, de la sustancia pensante. La sustancia extensa se presenta como partes extra partes, como completamente exterior, sin complicación, pero excluye la unidad del organismo, que la noción de sustancia gozante restituye. Define entonces el cuerpo como lo que se goza, y añade “el cuerpo se goza a condición de corporizarlo de manera significante”. 

Toma como ejemplo de la corporización significante, el fantasma “Pegan a un niño”, de Freud. Fantasma de flagelación que marca la incidencia del Otro sobre el cuerpo. Lacan conceptualiza esta marca como falta. S1 como falta y a como tapón. Sin embargo, Miller destaca que ese a “no es más que un semblante”, función imaginaria de una unidad de goce, sadiana. “Se trata de una dimensión de la experiencia y, en especial, del lado masculino”. Pero, la sustancia gozante va mucho más allá de la unidad marcada como a. El deseo, cuya causa es a, es un fantasma significante, en la medida en que ningún ser la soporta.

Así, el pase queda también cuestionado; al menos la idea del pase donde el sujeto sería capaz de destituirse para reconocer su ser en el objeto a. Esto dejaría al pase como mero espejismo de la verdad, no menos mentiroso respecto del goce imposible de negativizar.

JAM termina el capítulo indicando el cogito lacaniano: Soy, luego, se goza, que termina descabezando al yo, para dar acceso a un goce sin no, acéfalo, imposible de negativizar


Capítulo 17 “El goce no miente”

A mi modo de ver, el capítulo inicia con una distinción fundamental entre el goce sexual y el goce generalizado. Habría “un uso que que ciertamente se apoya en lo sexual pero que extiende la significación de la palabra hasta englobar lo pulsional, y el goce pulsional es reductible, desde cierto ángulo, al del cuerpo propio; en ese sentido, no es sexual. En nuestro uso, hacemos del valor sexual del goce un trampolín para pasar, si me permiten, a un goce generalizado del cuerpo” (p. 256)

Miller parece interrogarse sobre la mortificación que opera el significante; nos dice “hasta que rectifiquemo eventualmente esta concepción “. Lacan plantea el asesinato de la cosa por la palabra. “El significante sobrevive y ustedes no”, dice Miller, destacando que Lacan desarrolló múltiples maneras en que el significante mata. Pero matiza lo siguiente, se cree “que a fuerza de hablar perderá su peso, se va a descargar una reserva libidinal aprisionada en el silencio […] Yo me refiero, si me permiten, precisamente a lo contrario […] Se trata de un Wo Ich War (allí donde estaba el yo), Soll Es Werden (se trata de hacer aparecer el goce). Inversión del imperativo freudiano. 

Todo lo que puede decirse del goce, lo mata; aunque el goce pueda decirse entre líneas, nunca se dice a título personal. Y Miller añade: “Si el goce conlleva la vida, se necesita que no sea significantizado” (p. 257). 

Deseo e Goce son dos interpretaciones de la libido freudiana. La interpretación de

la libido como deseo es una interpretación negativa, es del deseo que articulado a una falta concluía en el matema de la castración; mientras que la interpretación de la libido por el goce es positiva, “hay más y menos, pero el menos no es negativo, significa no tanto”. Se trata de dos interpretaciones económicas distintas…

Miller toma posición en esta diatriba, cuando destaca que hay una verdad mentirosa del deseo, pero el goce no miente.

Pasa entonces a revisar la noción de objeto a, intento lacaniano de exportar la estructura del lenguaje al goce, haciendo de la pulsión una cadena significante, “cuyos elementos son objetos fantasmáticos”. En el fondo, dice JAM, Lacan localizó el goce en los fantasmas.

A la fórmula “el falo le da cuerpo al goce”, le opone Miller la que le parece más sensata, la noción de sustancia gozante, un estatuto del cuerpo que es el cuerpo de goce, “lo que no impide que este goce pueda condensarse”.

Es así que Miller toma al fantasma como una molécula, susceptible de transformación, cuyos elementos pueden separarse. “El fantasma fundamental como molécula está compuesto por un átomo de significancia y un átomo de goce” (p. 266). Y luego añade: “No es seguro que tengamos razón en expresarnos como si hubiera una sustancia de goce precedente e independiente del átomo de significación”. Tendemos a tomar el goce por lo real, haciendo del goce un antepredicativo. 

El significante no tiene solo efectos de sentido sino de goce, lo cual implica que la interpretación se valga de la materialidad del significante, del sonido, jaculación



Capítulo 18 Filosofía del goce


Miller declara su intención de intentar clarificar la distribución del goce en el síntoma y en el fantasma, en la palabra y en el cuerpo. Luego de veinte años de construcciones, Lacan podía decir que la economía del goce aún no estaba a su alcance. Miller dice que lo que si está a nuestro alcance es lo que, de forma divertida, llama Filosofía del goce. 

Retoma la noción de sustancia como antepredicativa, que solo se puede sentir, experimentar. Parte de la diferencia entre sustancia extensa y sustancia pensante de Descartes, y destaca el descubrimiento freudiano del inconsciente (transferencial) como una modificación de la sustancia pensante. Sujeto y sustancia serían dos tipos distintos de supuestos que subyacen a los fenómenos. A su vez, “La sustancia gozante es una modificación conceptual de la sustancia extensa, que reintroduce la unidad del cuerpo viviente, cuyo atributo principal sería el goce como afección de ese cuerpo”. 

Para Lacan, el goce puede interrogarse como autoafección del cuerpo vivo o a partir de una intersubjetividad del goce, implicando al Otro en su economía. Pero, termina por descartar el goce del Otro, como esencialmente imaginario. Mientras para Lacan el goce sería una propiedad del cuerpo vivo que se presta a la captura del Otro, Miller señala otra cosa: señala que “en su fase más profunda, es una autoafección del cuerpo vivo, lo que no excluye que la causa, el desencadenante, pueda ser exterior a esa sustancia corporal” (p. 273)

Miller retoma la dicotomía de Weissmann, para quien la vida y su reproducción no dependen en su concepto del significante.  Pero destaca que para el psicoanálisis, la reproducción de la vida en la especie humana no es análoga, está condicionada por el significante. Es Lacan quien destacó que en la especie humana la letra es análoga al germen. Por lo tanto, habría un estatuto antepredicativo del goce, pero no antesignificante. Otro goce en la especie humana. Por un lado, el goce antepredicativo de todo cuerpo viviente, y por otro el goce bis, fijado y brutalizado por la incidencia del significante. Es así que puede decirse que el lenguaje es aparato de goce, “el saber afecta el cuerpo del ser hablante por fragmentar su goce, recortarlo, hasta producir en él las caídas con las que hago el a”, dirá Lacan (p. 550 Otros escritos, p. 278 Curso).

Pero Miller va un paso más allá: se propone superar el binarismo cartesiano, buscando decir a la vez el significante y el goce, el sentido y el objeto a. Critica que Lacan haya retrocedido respecto de este empuje al unarismo hacia una triplicidad (la del nudo borromeo), y que no haya elaborado el Uno como tal. Propone entonces que la interpretación vaya más allá de la molécula del fantasma, se enfrente al átomo del sentido gozado y se haga jaculación, que “solo alcanza el blanco renunciando a las facilidades del desciframiento bajo la égida del padre” 


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