En el capitulo “Una nueva alianza” Miller va a trabajar el problema que atormentó a Lacan y éste problema es la relación de la verdad con el goce. Miller, en este punto, hace una pregunta que no voy a dejar pasar: ¿por qué y cómo la verdad puede ser causa de efecto sobre el goce, cuando la verdad y el goce no están hechos de la misma madera, son heterogéneos, si me permiten, son heteróclitos?
Con respecto al término “relación” señala que es una relación de causa y efecto, y que ha sido ésta una referencia constante en Lacan. Por ejemplo el lenguaje causal lo encontramos en la expresión causa de deseo, que es el objeto a. También lo encontramos cuando nos habla de causa del sujeto, cuando hace del significante causa del sujeto barrado.
Con respecto al concepto de “verdad” señala dos regímenes distintos que se corresponden con dos momentos diferentes en la enseñanza de Lacan.. Podemos captar que hay una fractura de éste termino entre la primera y la última enseñanza.
Si volvemos al principio, un análisis era ante todo un progreso de la verdad para el sujeto donde la verdad no son las pequeñas historias que cuenta el analizante. Mas bien, Lacan hablaba de la verdad ligada a esa historia singular que respondía al inconsciente. Es lo que leemos en los Escritos 1 cuando escribe: “el inconsciente es ése capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste”. Blanco y embuste, dos modalidades de la represión. Es decir, que al inicio, la verdad se encuentra en exacta oposición a la mentira. Si la mentira es uno de los nombres de la represión, la verdad es lo que sanciona su levantamiento. Es la verdad o la mentira.
Ahora bien, radicalmente distinta es la expresión de Lacan verdad mentirosa de su último escrito. Este nuevo régimen lacaniano de la verdad queda marcado por la introducción de un neologismo donde historia se vuelve hystoria. Este neologismo derrumba la noción ideal de la historia con la que Lacan había comenzado. Incluso la verdad puede ponerse en plural perdiendo el artículo definido. Ya no se trata mas que de una verdad y ademas ésta no es forzosamente coherente con otra que surja luego en el transcurso de un análisis. Lo que Lacan formula en su muy última enseñanza como varidad, la verdad variable.
Desde donde estamos, vemos la correlación que hay entre inconsciente, historia y verdad.
Hay mucho para conversar sobre ésto luego; pero ahora paso al tercer término del problema: el goce. Al inicio de la enseñanza lo que entusiasmó fue la introducción del goce en un binario: placer versus goce. Así Lacan oponía homeostasis y repetición. Homeostasis donde el equilibrio se encuentra preservado, dando lugar a un estado de bienestar, un estado de placer y luego un exceso, una ruptura de ese equilibrio, lo que llamamos goce. Serie repetitiva, como puntos de exceso, mas próximos a una experiencia de dolor.
En esta misma linea, pero tomando como referencia a Marx y su noción de plusvalía, Lacan nos hablará del objeto a como plus de gozar. También encontramos un equilibrio, como una homeostasis, dado que se paga un salario conforme a lo que quiere el mercado. Sin embargo, una parte suplementaria, se acumula de un lado que es ajeno al asalariado, dando lugar a signos de desequilibro, signos de extremo goce.
Insisto en la frase desde donde estamos - como lo hace Miller -porque es de ahí que podemos ver como Lacan se esforzó en poner la articulación significante en el registro libidinal. Logra introducir la dialéctica en el registro de la libido freudiana y así hablar de la libido en términos de falta, de sustituto de la falta, por lo tanto en términos de operación. La libido comienza a girar en torno de un significante: el falo. Este significante, imagen del flujo vital, pero que funciona a partir de la castración, con un menos. Siendo el indice de una falta tiene sustitutos que son objetos a y de esta forma el goce se encuentra repartido. A partir del momento en que aceptamos eso hay un ordenamiento del goce por la castración, goce interdicto, goce prohibido.
Tenemos aquí desdoblado el falo como imagen del flujo vital y el falo castrador; pero Lacan no progresa en su enseñanza sin antes agregar lo que llama: falo simbólico imposible de negativizar, que escribe como fi mayúscula, significante del goce, falo simbólico que resiste a la castración. Es necesario que Lacan reserve el significante de la libido, con el cual aparece un término estrictamente positivo, que no puede ser negativizado como el falo imaginario, es decir que escapa a la castración.
Saca nuevamente a la luz el término freudiano “libido” cuando choca contra lo que no se deja negativizar. Y Miller nos dice que ya ahí esta presente, al menos como esbozo, el goce en el sentido amplio, esto es, el goce positivo: si el sinthome aparece en alguna parte, es allí, en el momento en que Lacan tropieza con un término que no va a funcionar conforme al régimen de la castración, es decir, con el régimen de las faltas y los sustitutos de la falta y operaciones.
Voy a decir que cuando leí falo simbólico imposible de negativizar me encontré bastante confundida y luego unas preguntas que hace Miller me permitieron orientarme un poco. Dice, si es imposible de negativizar ... ¿porqué conserva la fi mayúscula? ¿qué relación tiene ésto con el falo, que entra esencialmente en la dialéctica como negativizado? ¿qué justifica conservar ésta referencia fálica? ¿como el goce imposible de negativizar estaría marcado por un menos?
Y agrega, que aquí se desdoblan dos planos: uno donde en efecto está el falo, el objeto a, el menos, el Edipo, donde no se trata sino de negativización; y otro plano donde esta lo imposible de negativizar. Y que en el fondo, poco a poco, Lacan despejará lo que Miller escribe con una J mayúscula.
“No hay que obnubilarse con el rechazo del goce, el término importante es la idea de que él puede ser alcanzado, es decir que podemos salir del teatro del sacrificio fálico”.
El goce como lo imposible de negativizar es diferente, incluso opuesto, al deseo que podemos definir por su negatividad esencial. De allí que Miller plantee que los términos deseo y goce obedecen a dos regímenes distintos.
El deseo solo se comprende articulado a una falta y en definitiva es un hecho de decir, no se puede hablar sin chocar con la falta que hacemos surgir. Es decir, que es inarticulable pero, sin embargo, esta articulado en el significante, es la metonimia de la falta. El deseo solo se comprende articulado a una falta y de ello resulta una negatividad esencial.
Lacan. al inicio, también se aproximó al régimen del goce subrayando que el goce es lo que no puede decirse. Acentuar que el goce no puede decirse permite indicar que, desde este punto de vista, el goce es como el deseo, es inarticulable. Así es como señaló que el goce solo se dice entre lineas, y que al igual que el deseo, es una metonimia.
El punto importante es que Lacan puede plantear que el goce no puede
decirse, al igual que el deseo, pero a partir del Seminario “Aún” introduce el goce de la palabra. Creo que es clave extraer las consecuencias de éste cambio, ya que a la altura del Seminario 20 Lacan no solo parte del cuerpo, del goce del cuerpo, sino que introduce lo que llama lalengua.Se pude advertir como Lacan se esforzó en modelar el régimen del goce sobre el régimen del deseo, siendo el objeto a el resultado de éste esfuerzo. El objeto a tiene algo de paradójico en el punto donde no es un significante pero tampoco se sale de la articulación significante. En principio porque tiene la propiedad de la unidad, de la unidad discreta: objeto oral, objeto anal, objeto vocal, etc. bien separados unos de otros. En definitiva es una creación lógica y en ese nivel se asemeja a un significante. Incluso Lacan lo dice en el Seminario “Aun” con todas las letras: “el objeto a es un semblante de ser”.
La cuestión radica que en la última enseñanza de Lacan la referencia al goce no puede satisfacerse con una referencia a lo ontológico, no puede satisfacerse con una referencia a la trascendencia del significante, que implica la noción misma de falta, no puede siquiera contentarse con una referencia a la lógica, a la articulación significante, sino que demanda pasar al nivel de la Cosa que es.
Y el objeto a no se sostiene en la óntica, no se encuentra el objeto a en la óntica.
Miller concluye que si Lacan se lanzó a los nudos, fue para intentar, fuera de la articulación lingüística, dar sustancia a ese vacío, ya que el objeto a es un semblante que no tiene sustancia.
Paso a paso, estamos frente al esfuerzo de Lacan por abandonar el régimen lógico que dió al goce para pasar a un régimen óntico, que es a lo que se dedica en su última enseñanza, donde no ubica el goce en el plano del ser, sino en el plano del ente, que no es el ser como tal, sino lo que es.
Luego de éste recorrido y para finalizar me pregunto si se trata entonces de ubicar la serie verdad, deseo, castración y objeto a del lado de la ontología, del lado del ser; a diferencia del goce del propio cuerpo que queda ubicado en el régimen de lo óntico.


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