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jueves, 23 de noviembre de 2023

Encuentros Millerianos clases 11, 12 y 13 por Guido Matusevich

 

Encuentros Milleriano – Sutilezas analíticas – 2da parte.

 

Comentario clases 11, 12 y 13.

 

Hola a todos, me encomendaron el comentario de las clases 11, 12 y 13 de Sutilezas. Dado la densidad de las clases y lo acotado del tiempo disponible, voy a intentar trazar un par de hilos conductores que a mi parecer permiten hacer una lectura conjunta de los tres capítulos del libro.

Creo que podemos por un lado leerlas a partir de la clave que Miller nos brinda al principio de la clase 11, en relación a la oposición entre experiencia y teoría en relación al psicoanálisis, y en este sentido trazar a su vez un segundo eje, transversal a este primero que es la relación entre la primacía de lo simbólico, y la primacía de lo real, correspondiente a la orientación de la ultimísima.

En la tercer clase, que se llama “se termino, entonces, el pase”, podemos encontrar un breve testimonio de un AE, el cual Miller junto con Eric Laurent y Esthela Solano comentan, de donde tomare un par de detalles para cerrar el arco de este recorrido.

Entonces, ¿que es lo que podemos leer en relacion a este primer eje “experiencia vs teoría”? Primero y principal, una separación entre ambos términos, la experiencia psicoanalítica no es la teoría psicoanalítica, en todo caso una sería condición de la otra, el tema es encontrar qué vino primero, el huevo o la gallina.

Miler plantea una doble vertiente al respecto, por un lado la teoría corre siempre detrás de la experiencia. Esto ya lo plateaba Freud, si la experiencia no logra ajustarse a la teoría, lo que hay que cambiar una y otra vez, es la teoría que lee esa experiencia.

Sin embargo, en el origen fue el verbo.

El primer paso para que pueda haber una experiencia del psicoanálisis, fue el que dio Freud, estableciendo el campo de este. Es decir que, si bien la experiencia siempre precede a la teoría, en tanto la psicoanalítica se trata de una experiencia inédita, debe primero establecerse de qué manera pensar esta experiencia. De otra manera: Freud inaugura una nueva manera de pensar. El pensamiento hasta Freud, siguiéndolo a Miller, podríamos decir que se basaba -el pensamiento moderno quiero decir- en los fundamentos del cogito cartesiano, y que en ese sentido se alinea también con toda la filosofía occidental previamente establecida, de Platon a nuestros días, el pensamiento siempre tuvo una existencia propia, una autonomía que le daría ser y donde en todo caso el intelecto humano seria un accidente de este, una manifestación.

Freud entonces inaugura el pensamiento inconsciente, y le quita esta autonomía al pensamiento, propio de la modernidad, dándole dependencia directa de una falta. Es decir que el pensamiento en tanto que inconsciente, se sostiene en un desconocimiento, en una ausencia de saber, en un saber faltante.

Nos dice Miller al respecto que: “Ser analista es lograr poner a la gente que se lo solicita en su carácter de tal en la posicion de yo no se

El psicoanálisis entonces se sostiene en las antípodas de la psicoterapia, allí donde esta busca sostener un saber, el psicoanálisis busca develar que en definitiva, en el fondo, esta verdad, para poder ser sostenida, implica un “yo no se”, un no saber.

Continuando con la clase, se llega a un tratamiento del fantasma como anudamiento del lenguaje y el goce. El fantasma funciona como una cierta respuesta al problema que se le plantea a Lacan en relacion a la pulsion, puntualmente a la relacion entre los dos modelos pulsionales que construye Freud. Es a partir de esta articulación que Miller lee en Lacan que la pulsion es una cadena significante, solo que los significantes se toman del cuerpo, son significantes organicos.

No quisiera que se pierdan estos dos puntos que luego tratare de articular. Por un lado que el pensamiento inconsciente se sostiene en un desconocimiento fundamental, y por el otro esta manera de armar la pulsion que tiene Lacan, como una cadena de significantes tomados del cuerpo.

Retomo. Es entonces a partir de esta articulación que plantea una pata en lo simbolico, y una pata en el goce, que es el fantasma, que Lacan pensara el fin de análisis como su atravesamiento. El lograr separar lo que es del orden de la lógica significante, de aquello que está, no digamos más allá sino desafectado de esta. En realidad Miller plantea que los tres registros se relacionan aquí, lo imaginario por ser el fantasma una escena, lo simbolico por ser una frase, y lo real en tanto hay cierta condición de goce que se pone en juego.

Se juegan entonces dos maneras de abordar el goce, el transgresivo del seminario 7, que lo plantea como un mas alla del lenguaje, de la ley, y el del seminario 20, el que esta en todas partes. Por un lado la trascendencia del goce, y por el otro una inmanencia, algo que esta allí desde el vamos, desde el inicio. El goce transgresor no logra captar la dimensión positiva del goce del sinthome, asi como lo hace la formulación del goce en todas partes.

El atravesamiento del fantasma, en esta perspectiva del goce en todas partes implica entonces ya no ir mas alla de un goce marcado por la dinámica placer-displacer, sino ligado al orden de la satisfacción, en palabras de Miller “andar bastante mejor”.

Esto marca entonces, que lo que habría al final de un análisis, en tanto ya no se trata de un atravesamiento, no se trata de un saber sino de una satisfacción alcanzada. Esto a su vez problematiza el lugar del final de analisis, ¿como diferenciarla de una detención, y que lugar para el pase y su testimonio a partir de ello?

Dejo la pregunta planteada y continuo.

Esta nueva perspectiva del goce da lugar a la verdad mentirosa. El goce queda a resguardo de cualquier calificativo o adjetivo, ya que no es alcanzable por la verdad, no es posible mas que mentir respecto al goce. Este punto marca entonces algo central para la clínica, el que hay que hacer hablar en el análisis, no es al sujeto –este siempre se dirige al Otro- y por ello es de pura lógica, sino que hay que hacer hablar al cuerpo. Reordenando los terminos, hay que dar lugar a que –en el sentido heideggeriano del termino aletheia- se revele el cuerpo hablante, se des-oculte.

Es decir, que diga sus misterios, y no sus matemas, regidos estos últimos por la lógica significante. Según se ecuche al sujeto o al cuerpo hablante tendremos dos experiencias completamente diferentes, una se encuentra en relacion a la verdad, y la otra en relacion al goce.

En este sentido Miller justifica el agregado de Lacan, del termino real separado del de realidad. La verdad del sujeto en tanto interpretación por el sentido, apunta entonces a la realidad siempre fantasmatica, por otro lado, la interpretación en tanto esta apunta a una revelación, en tanto que desocultamiento de ese real, busca facilitar el levantamiento del velo de la realidad sobre este real, ayudar a des-velar ese fragmento en un rechazo del semblante que miente. De este modo, tenemos entonces de un lado el goce real, y del otro el semblante en tanto que articulación simbolica e imaginaria.

Esto explica por que cuando hablamos de goce del sinthome, se trata del goce que hay, de la satisfacción, un orden que no puede ser demostrado, sino experimentado, y experimentado como aquello que no engaña, que no miente, pero tampoco dice la verdad.

¿Quizas podríamos decir cercano a la certeza psicótica?

Hago dos breve señalamientos respecto al capitulo 13 y cierro retomando dos puntos que había dejado en suspenso mas arriba.

Primero, luego del testimonio, Miller puntua que se hace referencia a un recorrido por tres analistas diferentes a lo largo del tiempo, pero que siempre se habla de “el analista”, sin importar quien fuera este. Esto lo apareo con el señalamiento de lo que Miller ubica como una “pretransferencia” en el AE respecto a su primer analista “yo sabia que era él”, dice. Si bien el recorrido del análisis pasa por tres analistas distintos, con sus idas y vueltas, siempre se trata de “el analista”. Este “yo sabia que era él” es la manera en que Miller lee en el testimonio, el lugar de la urgencia, y que resulta previo a cualquier operación, y es también del orden de una certeza que si se la intenta verificar a lo largo del tiempo, resulta incontrastable, siempre era el analista el que estaba ocupando ese lugar del “eral él”. Por otro lado, algo que me sorprendio fue la siguiente frase, cito:

“Por lo tanto, de cierto modo, es usted quien creó eso, quien le da un valor. Asi como Lacan podía decir que el analista forma parte del concepto de inconsciente, hay que subrayar que el analizante forma parte del concepto de interpretación. Por cierto, usted tomo interpretaciones tan tontas que resulta claro que si se vuelven agalmaticas es por su causa.

No es como decir que el analizante se analiza solo, o se interpreta solo, sino que pone en primer plano, que si es capaz de hacerlo es por la presencia de el analista.

Bien, para terminar retomo esto que plantee al prinicipio entonces, el desconocimiento fundamental en que se sostiene el inconsciente, y los significantes organicos, tomados del cuerpo, y encadenados en la pulsion.

Se puede leer una resonancia con algo que trabajamos respecto al seminario de la

identificación. Brevemente, me refiero al problema de la identidad y la identificación. En relacion al significante, no es posible sostener el principio de identidad ya que la su lógica implica que un significante no puede sino representar a otro, es decir, nunca se representa a si mismo. Para poder establecer que A es igual a A, necesito entonces al menos dos significantes distintos, el segundo que este en lugar del primero para poder referirme a aquel. Pero no solo eso, Miller plantea que en el fundamento del pensamiento inconsciente, hay una falta, un no saber, un desconocimiento. Esa marca, una vez mas no es entonces del orden del saber y de la verdad, sino que se trata del orden de la experiencia y de la certeza como decía mas arriba. En este lugar de desconocimiento no leo otra cosa que el lugar del goce del sinthome, es decir, las coordenadas –por llamarlas de alguna forma- del parletre. Es a partir del desconocimiento fundamental de si mismo del parletre, y por lo tanto de la identidad del sinthome, que es posible la experiencia analítica, que es posible ubicar el inconsciente transferencial. Dicho de otra forma, el lenguaje es una elucubración de saber sobre lalangue. Este acontecimiento de cuerpo y sus resonancias nos permiten articular, me parece, las definiciones que da Lacan respecto a la pulsion, como eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir, es decir, como resonancia que se repite a partir de un cuerpo. Sin embargo parecería allí encontrarse nuevamente una ambivalencia. Si se tratase de una iteración este eco pulsional no podrá diferenciarse del goce, ahora bien, si efectivamente se trata de una repetición de un decir, decir en tanto que desarticulado de sentido, como goce, seria el fundamento para el goce sentido, el goce fálico de la palabra, que deriva en la lógica significante y el establecimiento del fantasma.

Retomando los ejes planteados entre estos dos pares, experiencia y teoría, y primacia de lo simbolico y primacia de lo real, creo que podemos tomarlos como hilo conductor de lo que es la ultimisma enseñaza. Es decir, una relectura de la enseñanza de Lacan, primero en clave simbolica y luego en clave real, reencontrando nuevas coordenadas a partir de donde leer la experiencia analítica, detrás de la cual siempre corre al teoría, o bien podríamos decir, la clínica.

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