Encuentros millerianos: Curso: “Sutilezas Analíticas”
Desde el inicio de éste curso, que lleva por nombre “Sutilezas Analíticas”, se puede leer cierta intranquilidad de Miller al advertir hacia donde se dirige el psicoanálisis. Desde las primeras páginas, dice que nos alejamos de la orientación de la práctica analítica cuando nos aturdimos con los efectos curativos, entonces es de vital importancia un retorno a Lacan. Para así evitar que el psicoanálisis se vea arrasado por el movimiento del mundo. Movimiento que en definitiva demanda al psicoanálisis que se convierta en un fenómeno de civilización.
Hay un gran esfuerzo por mostrar los peligros que corre la práctica del psicoanálisis cuando se la reduce al ejercicio profesional de psicoanalistas preocupados por la salud mental. Miller pone aquí una y otra vez al analista en el banquillo.
No podemos perder de vista que la última enseñanza de Lacan -nos dice Miller- invalida y ridiculiza, mucho mas aún que la enseñanza clásica, la idea de cura y los efectos terapéuticos. Estar en la perspectiva del Sinthome es captar lo incurable, lo que no cambiará, lo constante!
Me pregunté ¿Por qué Miller se explaya tanto con respecto al título de éste curso? y ¿de qué se sirve para decir “Sutilezas Analíticas”?
Sutilezas es la palabra que emplea Freud en su texto: “La sutileza de un acto fallido”. Sin embargo, Miller aclara que no dijo “la sutileza” sino “cosas de sutilezas o de finura” pensando en Pascal y la oposición entre Espíritu de geometría y Espíritu de sutileza.
No voy a leer todo el párrafo que Miller extrae de Pascal por una cuestión de tiempos, pero sí quiero rescatar lo siguiente:“lo que hace que los geómetras no sean finos es que no ven lo que tienen delante (...) es preciso ver súbitamente la cosa de un solo golpe de vista, y no con un razonamiento progresivo, por lo menos en una cierta medida.”
Miller toma la mano de Pascal para mostrar que la ultimísima enseñanza de Lacan es una tentativa de flexibilizar el matema para volverlo capaz de capturar sutilezas analíticas. Tentativa desesperada, nos dice Miller, porque en definitiva las sutilezas no se dejan matemizar. El pensamiento de Pascal habla de un desfallecimiento del matema y Miller lo rescata para decir que lo real pasa a primer plano en la última enseñanza de Lacan y a su vez éste no puede ser relevado por lo simbólico.
Igualmente, trabaja “La sutileza de un acto fallido” que es un escrito donde Freud deshace un fallido propio que consiste en un lapsus calami y que nombra sutileza.
Freud preparaba un regalo para una amiga. Una gema para un anillo. Y en unas palabras enviadas a un joyero para su confección, utiliza la palabra “para” dos veces de manera casi consecutiva. Considera que tiene que corregir ésto, y en lugar del “para” escribe la palabra “bis”.
Palabra que finalmente termina tachando por resultarle igual de inadecuada.
Dice: “me veo obligado a tachar “bis” y es así como en cierto modo llego a eliminar la repetición que me molestaba”
Esto lleva a una serie de interpretaciones:
La primera proviene del mismo Freud cuando advierte que poner “bis” en lugar de “para” trataba de evitar una torpeza estilística que debe ser tachada.
La segunda interpretación proviene de su hija quien le dice: “ya regalaste antes a
esa persona una gema semejante para un anillo. Probablemente sea esa la repetición que quieres evitar”. Esta interpretación le muestra a Freud un desplazamiento: no se trata de evitar la misma palabra, sino el mismo regalo. Se pasa de la palabra al regalo, es decir, del significante a la causa del deseo.Luego una tercera interpretación: “busco un motivo para no regalar esa piedra, es que a mi mismo me gusta demasiado”. Arrojando así la siguiente verdad: no se ofrece sino la falta que uno sabe que padecerá.
Podemos decir que hasta acá tenemos un esquema del discurso del inconsciente. Están los dos “para”, que son S1 y S2, tenemos la tachadura que es aquí de la palabra “bis”, $, y luego el secreto del asunto, que es de hecho el objeto a.
Miller aclara que éste texto le gusta mucho y que lo guió, antes de Pascal, para elegir la palabra sutileza, pero que no cree en la reflexión conciliadora que aporta finalmente. Y que se contenta con señalar el sentido sexual del asunto: en esta Sutileza se trata de la relación sexual con una mujer. Y ¿Porqué se hacen regalos a una mujer?. Al hacer un regalo a una mujer se apunta a ella como carente de lo que se le va a dar, se apunta a ella como castrada. No hay relación sexual se trata de una verdadera forclusión del significante “la mujer”.
Ademas extrae de éste breve trabajo lo que llama un recordatorio útil y una lección de humildad en tanto Freud no tenia ningún problema en mostrar con el análisis de su propio acto fallido que un analista sigue aprendiendo de su inconsciente. Y que en definitiva un analista sigue siendo un analizante ya que nunca se está en regla con el propio inconsciente. Señalando que Freud estaba en una constante relación con su yo no quiero saber nada de eso, y que Lacan también lo estaba.
Es posible advertir el deslizamiento que va haciendo Miller en el transcurso de éstos capítulos cuando va desde el concepto de deseo hacia el concepto de goce. Plantea que el deseo, el aparato del deseo, es singular para cada uno y opone el deseo a la idea de salud mental. El deseo esta en el polo opuesto de cualquier norma. Se trata de que el sujeto en la experiencia de un análisis explicite su deseo en su singularidad. Y unos pocos párrafos después nos dice lo siguiente: “el deseo implica esencialmente en el ser que habla y que es hablado, en el parletre, un no como todo el mundo, un aparte, una desviación fundamental (…) y es propiedad fundamental del parletre que la causa de su deseo es siempre contingente, que depende siempre de un encuentro. Nada hay programado en el goce para el ser que habla. Es una experiencia que da lugar al goce como singular”
A mi gusto, se puede leer un desplazamiento que va del sujeto y el deseo al parletre y el goce.
La pregunta interesante que surge entonces es: ¿ a dónde se dirige el deseo del analista?
En éste punto también sorprende la variedad de definiciones que Miller da sobre el deseo del analista. Por un lado, dice que el deseo del analista es obtener la diferencia absoluta que nunca es pura porque esta enganchada al “objeto a”. Señalando que el “objeto a” en la práctica es una Sutileza y en tanto matema es un asunto de geometría. Otra definición de deseo del analista que presenta es: “dar lugar a lo singular del Uno (con mayúscula). Y al finalizar el capítulo también introduce una pregunta por el goce, dice: “¿debe plantearse la cuestión del goce del analista?”
Esta última pregunta resulta inquietante, ya que sabemos que el goce del analista es eso que debe quedar por fuera del encuentro con el analizante. El analista no goza de su analizante y eso esta claro. Sin embargo, arriesgo a decir, que creo que ésta pregunta tiene otro trasfondo y que introduce la perspectiva de cuestionar, de repensar, de preguntarse por el pase tal como lo conocemos. La pregunta por el goce del analista introduce a mi gusto la posibilidad de un pase que no sea del éxito del saber del sujeto, sino mas bien del goce que no cambia, del goce que itera siempre igual y que requiere saber hacer con eso y ademas mostrarlo. Lo que mas adelante, en éste mismo curso, Miller nombrará como el pase del parletre.
Para ir finalizando, Miller no solo se pregunta por el deseo del analista, también en estas páginas se pregunta: ¿Cual es el afecto que favorece al analista? El entusiasmo no conviene al analista porque en definitiva es el olvido del inconsciente, el entusiasmo es un comprendemos y ya!
No es la apatía, tampoco el hastío, ni el hartazgo. Mas bien la distancia del “me gustas”. Y dice que en todo caso prefiere para el analista el modesto “desapego”.
Y nos recuerda el famoso Guerrero aplicado que no es entusiasta sino que solo hace lo que hay que hacer, trata de hacerlo bien, pero alejado de las pasiones.
El desapego es la posición que conviene al analista en la medida en que su acto consiste en despegar el significado del significante, es decir, reconducir el significante a su desnudez, a donde no se sabe lo que algo quiere decir para el otro.
De alguna forma Miller extrae el concepto de desapego para decir que no es tanto un afecto sino el acto que introduce el analista entre significante y significado. Dice: “en la interpretación no se trata solo de sustituir un sentido por otro (…) sino de apuntar desde algún ángulo a hacer resonar, hacer vibrar el goce que mantiene encerrado, si me permiten, el yo no quiero saber nada de eso del sujeto, de modo que ceda un poquito de este”.


0 comments:
Publicar un comentario