Reflexión sobre las clases III y IV
“El Ultimísimo Lacan”, por Cecilia Fuentes.
26 de noviembre del 2022
Les diré lo que me interroga espontáneamente desde un principio. Si Freud agujerea el discurso universal con el descubrimiento del inconsciente a lo que Lacan que le responde con un sinthome de él, al que llama lo Real, yo me pregunto ¿qué es lo real?, ¿una invención, o un descubrimiento?
Bien, en la clase 3 vemos que Miller superpone textos del principio de laenseñanza de Lacan, “Escritos”, los superpone al último de ellos “El prefacio a la edición inglesa de…
De los primeros, retoma “Respuesta al comentario de Jean Hippolite sobre la Verneinung de Freud” y “Función y Campo de la palabra”.
En Función y campo de la palabra, Lacan nos presenta un inconsciente épico, sí, sí, no me miren así, épico, caballeresco, quijotesco… perdónenme los españoles que decían que el Quijote estaba loco, pues bien, el inconsciente en “Función y campo de la palabra”, de loco no tiene nada.
Con voluntad de orden, va rellenado los vacíos de la historia del sujeto (barrado), que le proporciona la cantinela freudiana de la represión y el retorno de lo reprimido. Ahí ubica Lacan el inconsciente freudiano y el nuestro, bueno al nuestro posteriormente le agregara la pulsión, pero bajo las mismas reglas de subordinación al lenguaje, acompañadísimo del Discurso del Otro.
El inconsciente del primer Lacan está pensado a partir de la historia, de la hysteria, del lenguaje, del discurso del Otro; y, a lo Real, no se olviden que ya está ahí, lo pone del lado de la verdad; y al psicoanalista, a deshacer el trauma.
Pero como decía Teresa, el Dios de los filósofos se calla y la ciencia hace de las suyas con lo que, todo este orden tan delirantemente organizado, se cae.
Es lo que ustedes conocen como “la era del padre ya ha pasado” y JAM recoge del último texto de Lacan la respuesta: un inconsciente que ni comunica, que le da igual el Otro, que si se le presta atención se escapa y para el cuál, el analista es una presencia indebida e intrusa, como demostraron las soledades de Freud y Lacan. Este último inconsciente que Guido ha desvelado, no se elabora desde la histeria sino desde la forclusión, que Lacan retoma del fenómeno de la alucinación del dedo cortado del hombre de los lobos.
Es un inconsciente sin el Otro. Y la verdad , dónde acomodadamente escondido estaba lo Real, al quedarse sin el Otro, destapa el caos que hay: un Real sin ley que supera lo verdadero, un real surgiendo de la verdad. Un real que no espera nada de la palabra, que le importa muy poco la Historia, cortado del lenguaje y con el que, inexplicablemente, hacemos lazo social.
Y para complicarlo más, JAM, haciendo en esta clase el comentario del s-23, el Sinthome, lo embrolla con el murmullo, con un sonido sin sentido, antes de que se levanten o no, las construcciones que él, lo Real, autorizará.
Si el inconsciente, el simbólico ordenadito del principio, estaba del lado de la continuidad temporal , este Real hace del inconsciente una propia discontinuidad temporal. Un extratiempo, una interrupción del flujo temporal. No hay lugar para la historia y es un cambalache de anécdotas, acontecimientos de un simbólico derrumbado sobre lo real. Ante él, ni la verdad ni la mentira pueden.
Y con esto les envío a la página 52 dónde en un cuadro Miller escribe, lo que se tambalea, lo que no, o lo que se va a tambalear, cito: “Por un lado historia, represión, histeria, mundo, tiempo, rememoración, resistencia y síntoma; y por otro lado Real Ics, forclusión, psicosis, ser, extratiempo, reminiscencia, defensa y pulsión”.
Y con eso llegamos a la clase cuarta que Lacan titula “Invención de lo real”, lo cual parecería que contesta mi pregunta de si ¿un descubrimiento o una invención? Esta clase señalará JAM la va a dedicar a seguir y concluir el capítulo IX del seminario del Sinthome, que llama “De lo inconsciente a lo real”. Capítulo del cual dirá “no ha revelado aun todos sus secretos. Estoy fascinado por sus fórmulas y al tiempo que me esfuerzo por ordenarlas, me doy cuenta de que exige cierto forzamiento…”.
Significa una inflexión a partir de la cual se abren todos los últimos Seminarios de Lacan.
¿Qué quiere decir “inventar lo real”? No es evidente y es Miller quien se esfuerza en desentrañar una parte de esa enseñanza que quedó oscura, y de la que ni el mismo Lacan apenas vislumbró los linderos que trazaba.
El propio Lacan calificaba su invención de lo real como respuesta sintomática a Freud. El “descubrimiento freudiano” supone, por un lado, que un sujeto puede querer decir algo, ser escuchado, comunicarse, ser comprendido; pero a la vez, en tanto analizante, no sabe lo que dice. Está implícito en la regla de la asociación libre, y también, en la hipótesis del inconsciente.
En la primera parte del capítulo 9 del Seminario 23, dice Lacan, esta clase se trata de una excepción, pues intenta verificar, con los otros, si sabe lo que dice. ¡Como yo con ustedes! Ya ustedes dirán… Así, opone el hablar para sí, y pese a todo, apunta a ser escuchado. ¡Muy freudiano!… Que uno viene aquí a ver si lo escuchan, ¡sino no vengo!; pero…
Pues ante esto, Lacan invoca su deseo: “Me hubiera gustado que alguno escribiera algo, que alguien invente algo que pueda servirme a mí” (p. 60-61). ¡la verdad es que es una suerte haber dado con Miller!!!
Hablamos, decimos, queremos que nos escuchen, hablamos para nosotros, no sabemos qué decimos… ¡qué lío! Pero, y para no enredarnos más, se trata del acto de hablar, un tercer régimen, distinto del decir. Más bien del orden de inventar un escrito que pueda servir, del cual se puede hablar. Aquí, Lacan sitúa su “invención de lo real” como escritura, distinta de una escritura verdadera, en tanto depende del conjunto que llama cadena borromea, y que consiste, en el acto, en nombrar como real uno de los tres redondeles. ¡Vamos, que estamos en un bautizo! Pero añade, sobre lo real, que “no es nada más, por supuesto, que metáfora de la cadena”. Entonces, el concepto de lo real, su invención, remitiría en última instancia a algo que ocurre en la cadena ¿Cuál? ¿La borromea, de la que es metáfora?
Si Lacan se esfuerza en distinguir la cifra del número, me parece, es para abordar la energética freudiana, que como saben, se apoya en las escrituras de la física de su época. Freud aportaba la mecánica de una suma constante en un sistema cerrado; a partir de la diferencia entre energía libre y energía ligada. Pero Lacan, detecta un problema: la formación de los sueños concierne a la elaboración secundaria, y el registro imaginario aparece para nublar, es decir, como defensa.
La energía ligada es secundaria, no es libre sino acumulativa. Y ahí sitúa Lacan, que su pequeño objeto a, condensador de goce, resulta insuficiente para abordar este asunto. Por eso, me parece, se ve empujado a sustituir la energética freudiana por una concepción de lo real que permitiría poner las cosas en su lugar. La apuesta de Lacan es fundar, nos dice Miller, un nuevo tipo de idea, no fácilmente de pensar ni escribir; idea que no se sostiene, transitoria, fugaz.
“Una idea que no florece espontáneamente por el solo efecto de lo que produce sentido, es decir, lo imaginario” (p. 65). Más bien, una idea que hace agujero a lo imaginario.
Con lo real, inventa un imaginario agujereado, una idea que es traumatismo; y con la escritura borromea, intenta dar cuenta de la disyunción del sentido, que precisamente por esto, resulta incomprensible mediante el pensamiento. ¡Por eso los nudos nos enredan tanto! ¿Allí donde el sentido y la realidad pueden pensarse como producto de la conjunción entre simbólico e imaginario, lo real opera como corte? O más bien, ¿es por el corte que se produce en lo imaginario, (p. 66) que la función de las neuronas esté forcluida, al igual que lo concerniente al goce?, nos dice Miller, de la reflexión freudiana. No basta entonces ocuparse únicamente en suponer una relación directa entre las neuronas investidas y el inconsciente. Es necesario inventar lo real.
Ya para terminar, una última arista: la diferencia entre reminiscencia y recuerdo. La reminiscencia supone que algo ya está allí, una idea presente desde siempre, que únicamente habría que traer a lo consciente. Es la idea del inconsciente como instancia, depósito, etc. ¡Vamos, que es el mito de la caverna por otra vía! Y aunque suene tentadoramente romántico, la perspectiva de Lacan es el inconsciente en acto, inconsciente que se inventa en el acto de hablar. Tampoco corresponde a la rememoración, como algo que se imprimió y que se recuerda (esto es la idea clásica del trauma como reprimido). De la memoria nos dirá Miller, “se la imagina que se la tiene” (P. 71). Por tanto, lo real implica una ruptura del inconsciente en tanto historia, y también del inconsciente como saber, del inconsciente en tanto memoria.
El real lacaniano, su invención, está del lado de lo que condiciona la realidad y el sentido; lo real como suposición precaria que vuelve posible el clivaje entre imaginario y simbólico, pero que en tanto tal, es más bien, un abismo que el delirio del NP taponaba, y no lo hace más.
Suponer una memoria de la lengua propiamente dicha, el inconsciente como rememoración, implicaría la noción de inconsciente colectivo. Pero para Lacan, se trata del acto de hablar, y con ello, de un inconsciente real.
Y un Real del que me preguntaba ¿descubrimiento o invención? Y… pareciendo decantarse por la bonita invención… está impregnado del “descubrimiento del caos que nos habita”.
Espero que, si no me han entendido, al menos algo se pueda ir escribiendo de a poco, con estos “Encuentros Millerianos” que apenas comienzan. Al menos así ha sido para mí…



0 comments:
Publicar un comentario