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lunes, 28 de noviembre de 2022

Encuentros Millerianos – Clases 1 y 2 El ultimísimo Lacan, por Guido Matusevich.

Encuentros Millerianos – Clases 1 y 2 El ultimísimo Lacan, 

por Guido Matusevich

26 de noviembre del 2022



En estas primeras dos clases del ultimísimo Lacan, nos encontramos ya de entrada con las 
bases de lo que Miller desarrollara a lo largo del todo el seminario. Sitúo aquí como brújula en la lectura, tomándolo de Miller, una lectura a la letra, que nos resguarde de la disancia, y nos permita abordar el síntoma de Lacan, lo real. La disancia podría entenderse como una jerga, una forma de hablar, un saber establecido, un sentido común, un idioma.

Decia, Miller nos lo trae así, como “el síntoma de Lacan”; quiero decir, es su respuesta, su formulación, su creación, ante el traumatismo del invento freudiano del inconsciente. Ante el agujero abierto por Freud en el discurso universal del saber, Lacan responde con lo real.

¿Qué quiere decir esto? En el ultimo escrito de Lacan, el esp de un laps, es el nombre que le dio al prefacio a la edición inglesa del seminario 11, escrito inmediatamente después al dictado del seminario 23, el seminario el sinthome, Lacan introduce lo que leemos como el inconsciente real.

¿En que consiste el inconsciente real?

Diferenciémoslo del aquello que es el inconsciente transferencial.

El inconsciente transferencial, es aquel que se sitúa en relación a un saber, a un saber no sabido, a un saber que tiene el Otro y que pone en cuestión al sujeto. Pone en cuestión al sujeto, porque la aparición de este, depende de la articulación de aquel. La aparición del sujeto, y hablo del sujeto barrado, del deseo, del inconsciente, del lenguaje, el sujeto psicoanalítico, depende única y exclusivamente de que se produzca una articulación significante. ¿Y dónde aparece este sujeto? Ubicado en el lugar de la verdad. Pongamos esto en orden entonces. El sujeto es un efecto de verdad de la cadena significante. Estamos aquí obviando el lugar del objeto a dentro de la estructura del discurso, pero lo dejo para otro momento.

Entonces, el inconsciente freudiano o transferencial, se encuentra allí donde encontramos una articulación significante. ¿Cuál es esta articulación significante? Ni mas ni menos que la interpretación. El inconsciente transferencial es aquel que resulta interpretable, y como efecto de verdad de esta interpretación, produce un sujeto, dividido, pero sujetado con uñas y dientes a este efecto de verdad.

Aquí el inconsciente freudiano, es decir, aquel que produce a nuestro sujeto barrado. Por otra parte, tenemos entonces, al inconsciente real. Real, S1, parlêtre, Uno todo solo, inconsciente real, diferentes maneras de referirse a esto mismo que intentamos ubicar, incluso, según como se lo lea, también el objeto a en su calidad de limite y agujero en el lenguaje, si bien luego Lacan dira que no es otra cosa que un semblante.

Entonces el inconsciente real, ¿Qué es? es el paso anterior, lógicamente necesario, al inconsciente transferencial.

En la segunda clase del seminario, Miller introduce que la relación entre lo real, y la verdad, consta de lo imposible. Lo imposible es el nombre de aquella articulación posible entre real y verdad.

Ya lo adelanté un poco más arriba, ¿en qué consiste la verdad? en un efecto de la articulación significante. Es decir, que en tanto sigue habiendo articulación significante, esta verdad, o este efecto de verdad, varía, cambia. En tanto la cadena significante sigue su marcha, la verdad entonces se vuelve cada vez más variable, cada vez más mentirosa. Lacan lo designa con el termino varidad. En realidad, es una traducción del término, pero afortunadamente allí se entienden las implicancias que este trae. No solo respecto a la verdad, sino respecto a la verdad del sujeto. Éste, solo toma su lugar, en tanto que habla. Cuando la cadena no se articula… pierde consistencia.

¿Qué quiere decir entonces que la relación entre la verdad y lo real es lo imposible?

Digamos lo siguiente. Hablar, el blablá, el enunciar un discurso, implica emitir un juicio. Un juicio de existencia. Hablar es decir que hay algo, y es decir acerca de ese algo, que es o no es.

Ya desde el vamos, cosa que plantea y critica Heidegger en su conferencia sobre el habla, el lenguaje resulta reificador, entificador, resulta metafísico. El lenguaje articulado, crea, multiplica los entes, dándoles un ser, un ser de palabra. Si uno refiere a cualquier objeto, una mesa, ya uno le da una cierta existencia a esa mesa, esa mesa se torna discursiva, porque fuera del discurso, no existe, no existe fuera del sentido.

De esta manera Miller retoma el tratamiento del dedo cortado del hombre de los lobos. Leo la cita de la página 32-33:

“Bajo las formas de un mecanismo (hablamos de la forclusión) Lacan apunta


precisamente a 
una abolición simbólica, una ausencia significante que, según Freud, recae sobre la castración en el caso del “hombre de los lobos”. La castración no existiría para el “hombre de los lobos”,

en la medida en que este sujeto estaría fijado en un estadio anterior al estadio genital. Lo simbólico, la articulación significante, es para Lacan condición de existencia en la realidad:

(aquí cita a Lacan) “Con ello no puede decirse que fuese propiamente formulado ningún juicio de existencia”. Este término respecto a lo simbólico, no existe, es un término forcluido”.

Es decir, allí donde no alcanza la palabra, donde el S2 no logra enlazar y producir un sentido, nos encontramos en el inconsciente real.

¿Que implica esto? Por un lado, que en cuanto hablamos de inconsciente real, no podemos hablar de verdad alguna, siquiera de varidad. Quiero decir, no hablamos de ningún sentido.

Estamos hablando de un S1 carente de sentido porque no hay S2 al que llame, no estamos hablando de la dimensión del Otro. Nos referimos en todo caso a la resonancia del fonema en el cuerpo real. Nos referimos a lalangue.

El inconsciente real, también implica algo más. Creo que Miller ya lo anticipa en su primera frase de apertura del seminario “Hoy les traeré una perspectiva a partir de un punto a posteriori”.

Me adelanto un poco en el seminario en esto, pero va de la mano de la idea de que lo real es sin ley, y de la respuesta que Lacan da en la página 133 del Seminario 23:

“La hipótesis del inconsciente, como subraya Freud, solo puede sostenerse si se supone el Nombre del Padre. Suponer el Nombre del Padre, ciertamente, es Dios. Por eso si el psicoanálisis prospera, prueba además que se puede prescindir del Nombre del Padre. Se puede prescindir de él con la condición de utilizarlo”.

¿Por qué traigo estas dos citas? El que hablemos de un S1, o incluso de un paso lógicamente previo, es decir necesario, es ya estar ubicados en el uso del nombre del padre. No podemos designar nada de esto, no se puede hablar con sentido, si no es al poner en funcionamiento el nombre del padre. Por lo tanto, en tanto establecemos algo en el lugar de un saber, la maquinaria significante ya se encuentra funcionando.

De alguna manera, si conocen las meditaciones metafísicas de Descartes, podemos leer allí también al inconsciente real, escondido entre líneas. ¿Recuerdan el recorrido? Descartes vía la duda metódica logra dudar de los sentidos, de su pensamiento, de la lógica, de todo aquello que ya conocía, y se encuentra completamente solo. El solipsismo cartesiano consta entonces en la existencia reducida a un puro pensamiento sin contenido. No se trata del “pienso luego existo” que introduce el discurso del método, y donde ya nos encontramos hablando de causalidad, sino de un instante que no entra en la dialéctica, es una unidad un “pienso-soy” sin sentido alguno. No conforme con esto, Descartes trae la hipótesis auxiliar del genio maligno.

Un ser tan poderoso que no importa en la tarea que me embarque, sea un razonamiento sencillo como “dos más dos igual a 4”, siempre me equivoque. No tengo manera de saber si efectivamente el paso que di, ciertamente lo di, o acaso me estoy equivocando al creer que ya lo di. El genio maligno ataca entonces aquello que, para Descartes, me permite afirmarme como “yo mismo”, es decir, la memoria.

En este sentido, en tanto el genio maligno nos empuja a dudar de todo saber que se produzca, incluso el yo, podemos acercarnos a la idea de que el inconsciente real es sin ley, es sin regularidad alguna, siempre completamente original. Allí donde puedo encontrar que hay un sujeto hablando, o siendo hablado en todo caso, allí ya podemos estar seguros de que no estamos en el inconsciente real.

Entonces, para poder ubicar a la cadena significante, debemos primero disponer del Nombre del Padre en funciones, entendemos de qué manera el Lenguaje se sigue de esta resonancia fonética en el cuerpo que es lalangue. Y aquí un punto más, si hablamos de inconsciente real, no podemos hablar de medida alguna, de ningún tipo de saber, de cuantificación. Es central que no confundamos el cuerpo en tanto que real, con cualquier otro cuerpo que podríamos encontrar, no solo en el mundo, sino en el discurso.

Para cerrar este comentario, quería traer el termino con el que cierra Miller la segunda clase.

La apalabra. La apalabra es la palabra en tanto que no se encuentra dirigida a un otro. El lugar de la apalabra es la de una distancia cero con la cosa, no habría diferencia en este nivel entre el objeto y aquello que denomina. Pero no estamos hablando de ninguna esencia al modo del nombre de la rosa, es decir que no hablamos del ser del objeto, sino en todo caso, hablamos de su existencia. Esta existencia del objeto, podría ser dicha vía la apalabra, y si a esto sumamos que no habría diferencia entre la cosa y su nombre, lo que nos queda es un S1 desarticulado, el nombre propio del objeto en tanto que fonema.

Solo por dar una idea, en la epístola de San Juan dice: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. No es por dar un tono místico, ni nada por el estilo, pero sí quiero rescatar que aquí se encuentra el germen de la idea de Spinoza acerca de Dios ligada a una única substancia, necesariamente existente, involuntario, necesariamente indiviso, por ello uno y único, resulta inarticulable dialécticamente.

Con esto quiero decir que la apalabra, es del orden prediscursivo, no encarna saber alguno, y en tanto tal, no se encuentra ligada a sujeto alguno, sino que es del orden del parlêtre.

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