¿Qué es un análisis hoy en día? ¿En qué consiste la practica analítica en el siglo XXI?
Por Guido Matusevich
(Clase dictada el 29/10/22 en el CAPP – Centro de Atención Psicoanalítica Platense- en el marco de la preconcurrencia para el 2023)
Hola a todos, bienvenidos a este encuentro de la preconcurrencia al CAPP. Mi nombre es Guido Matusevich, y soy parte del equipo docente. La idea que tenía para hoy, era ensayar una respuesta a las preguntas: “¿Que es un análisis hoy en día? ¿En qué consiste la practica analítica en el siglo XXI?”
Para esto quería tomar dos elementos para trabajar, por un lado la película “El ciudadano Ilustre” del 2016 y tomar del Curso dictado por Jaques-Alain Miller entre el 2008 y 2009, que se llama “Sutilezas analíticas”, la clase número 7. Esta clase lleva por título “Tres modalidades de análisis”.
Quisiera creer que todos han visto la película, es muy conocida, fue un hito en la filmografía argentina, y quisiera creer que no se han perdido de tener el gusto de verla. Para aquellos que no han tenido tal gusto, hoy vamos a spoilearles la película completa, así que quiéranlo o no, mi intención es que hoy se lleven algo de este espacio.
La otra referencia que vamos u utilizar proviene de Miller. Es más entendible que quizás no hayan tenido aun contacto con este psicoanalista francés, pero si han entrado en contacto con Lacan, antes que nada, se debe a él. ¿Por qué? Porque es él quien establece el texto del seminario que nos llega. Si bien hay versiones libres y taquigráficas, donde no hay ningún trabajo más allá de una traducción, digamos literal si es que existe tal cosa, es Miller quien plasma negro sobre blanco, intentando entregarnos la enseñanza de Lacan, a modo de texto.
También durante unos 30 años se dedicó a dictar sus cursos que desglosan y desmenuzan concienzuda y detalladamente la enseñanza de Lacan.
Hoy vamos a tomar uno de sus últimos seminarios dictados a la fecha, que a nosotros recién nos llegó traducido y establecido en el 2014, bajo el título de “Sutilezas analíticas”.
Bien, vamos a comenzar arruinándoles la película, para entender que queremos leer de ella.
La película comienza con una escena, donde se ve al escritor Daniel Mantovani, agarrándose la cabeza en desesperación, mientras aguarda subir al escenario para recibir el premio nobel de literatura. En un discurso poco menos que amigable, el escritor se lamenta por ser galardonado con tal honor, entendiendo que esto marca dos cosas que aborrece. Una, haber sido elegido masivamente por el público, la crítica, los especialistas, como uno de los mejores escritores de la humanidad, por así decirlo, haberse vuelto un emblema de la cultura “pop”, aquel autor que a todos ellos le resultaba el más cómodo y que mejor se acomodaba a la demanda de esa gran masa que es “el público”. Dos, que este hito en su carrera, marque a su vez el fin de la misma.
A partir de aquí la película se sucede en capítulos:
-“La invitación”
-“Salas”
-“Irene”
-“El volcán”, y
- “El ciudadano Ilustre”
Primer capítulo, la invitación:
Segunda escena, se escucha a la asistente de Mantovani repasando la agenda de eventos venideros, remarcando específicamente cuales ha cancelado. Lo inesperado aquí es que entre tanta demanda de presencia internacional (el autor se encuentra residiendo en Barcelona), invitaciones de Japón, Italia, estados unidos, etc. Surge una pequeña y modesta carta que envía la municipalidad de su pueblo natal “Salas”, invitándolo a asistir a la entrega del galardón de “ciudadano ilustre”. Mantovani no había vuelto a pisar Salas desde hacía 40 años, cuando huyo de ese lugar. Acortando el relato, finalmente accede, cerciorándose del mayor anonimato posible al respecto.
Ya desde el vamos, vemos que es recibido, pero que al protagonista se lo encuentra con una molesta y una queja constante. Confunde el auto del remise que lo viene a buscar, un Mercedes Benz último modelo, con un Fiat uno que no termina de subir bien las ventanillas ni está habilitado como remise.
Segundo capitulo, Salas:
De a poco se van siguiendo los desencuentros para el autor, la bienvenida fallida porque el auto se queda y deben pasar la noche en el medio de la nada, ser paseado por el pueblo a bordo del camión de bomberos junto a la reina de la belleza, etc., etc.
Luego de una primera clase que da a los locales, se encuentra con un amigo de su juventud. Que ya desde el vamos le echa en cara el haberse quedado con su novia cuando se fue a Europa, casi como un triunfo por sobre Mantovani.
Seguidamente se presenta a una entrevista en la Televisión del pueblo, donde logra decir algo, lo que es para el ser un artista, “alguien que no acepta el mundo tal como es, alguien a quien la realidad no le alcanza, no lo satisface, y necesita crear, inventar cosas nuevas para incorporar al mundo”.
Tercer capítulo, Irene:
Irene, su novia en la juventud, aquella que abandono cuando se va de salas, lo va a buscar al hotel, para ponerse al día. Ella comienza a contarle sobre su vida, y a cada paso el sale a despreciar cualquier cosa que ella mencione, aunque lo intente hacer pasar como un halago. “No seas cínico, te conozco” le indica ella.
Después de un paseo a la laguna, donde el auto se les descompone, él le confiesa por qué nunca pudo escribir nada de su vida en Europa, “Nada me resulto inspirador, La fuente de mis relatos se quedó acá en el pueblo, mi infancia, mi adolescencia, mi juventud, la gente, este paisaje, vos”. Des pues de un silencio incomodo, se sucede un beso aún más incómodo entre ambos, pero no sin buscarlo. Acto seguido aparece el intendente con un muchacho y reparan el desperfecto mecánico.
A la noche donde debería asistir a una cena muy concurrida Mantovani pega el faltazo, ocurre lo inesperado, una chica muy joven, lo increpa en su clase acerca de la creatividad literaria, si es cierto que, para crear una obra más rica, ayuda el haber tenido una vida tortuosa. Mantovani descree rotundamente a este mito. La chica vuelve a la carga diciendo que hay una entrevista donde él dice esto mismo que hoy rechaza, Mantovani muy seguro de sí mismo descree jamás haber dicho semejante cosa. La excusa para ausentarse a la cena golpea a la puerta de su cuarto de hotel cuando la chica, libro en mano, lee la cita donde efectivamente Mantovani había dicho lo que ahora negaba. La chica entra al cuarto y pasan juntos la noche.
Al día siguiente, debe compadecer como jurado de un concurso de pintura. Allí termina rechazando cuadro tras cuadro, principalmente de todos los locales que participan, hasta que finalmente aparece una última pintura, desastrosa estéticamente hablando, de un campo con un caballo y que, al reverso, muestra que se encuentra pintada en un cartel promocionando el glifosato, un herbicida muy controversial en su uso debido a su nivel de toxicidad. Al ver esto, Mantovani se maravilla de haber encontrado una gran obra, que debería ser exhibida de ambos lados. Dice “¿Se dan cuenta? El autor de esta obra, lo quiera o no lo quiera, está poniendo el dedo en la llaga, involuntariamente, está proponiendo un punto de vista crítico”. Cuando le retrucan que, conociendo al autor, esa no era la obra, él dice lo siguiente: “¿Que importa lo que el artista haya querido hacer?”
Ante el descontento de uno de los participantes, que le reclama ser un resentido con el pueblo, Mantovani se enoja y lo hecha.
Antes de volver al hotel, tiene un nuevo encuentro con su amigo, que le relata cuanto le costó a Irene superar su ruptura y como estuvo siguiéndolo y leyendo todos sus libros en cuanto salían.
Al entrar al hotel se encuentra con que lo espera un padre, y su hijo discapacitado. El padre explica que su hijo necesita una silla nueva, y que siendo Mantovani tan adinerado, no le implicaría ningún esfuerzo poder comprársela. El escritor rechaza la propuesta de mala manera, argumentando que él no es ninguna deidad, que sería injusto para cualquier otro que viniese con un pedido similar, y que le parecía extorsivo la manera de abordarlo.
Inmediatamente se lo ve dando su segunda clase. El público mermo considerablemente, solo unos pocos fueron a escucharlo. Y comienza separando la obra de arte de cualquier responsabilidad ética o moral. Nuevamente irrumpe el mismo local que se encontraba descontento con haber sido rechazado en el concurso de pintura, para nuevamente criticar la obra, citando de un libro las cosas terribles dichas sobre un supuesto residente de Salas explicando como en sus libros, el escritor los trata como basura. Dice “…por algo no volvió nunca a su pueblo. Toda la obra de este millonario, está montada sobre la calumnia a su propia comunidad.” Y argumenta “por algo Dante, ubica a los traidores en el último circulo del infierno. Porque considera que la traición, es el peor de los pecados. Y la razón es muy simple, para traicionar, hay que conquistar la confianza y el afecto de la víctima” Y cierra retirándose “¿Qué se puede esperar de un tipo que no tuvo la dignidad de volver a su pueblo para enterrar a su propio padre? ¿O miento?”. Mantovani se queda claramente afectado por esto último. Luego defiende su posición, explicando que, si bien sus personajes de ficción pueden llegar a realizar los más terribles actos, eso no lo invalida como artista ya que ni aprueba ni condena esas acciones. La escena cierra con una pregunta que le hace el público “¿Pero por qué no escribe sobre cosas lindas?” La respuesta que da es “Me rindo, su pregunta pone en entredicho toda una vida dedicada a la literatura”.
Para acelerar un poco el relato de la película, ya que no estamos aquí para hacer una crítica cinematográfica, más tarde Mantovani se enterará al ir a cenar a lo de su exnovia, ahora mujer de su amigo, que la jovencita con que tuvo relaciones la noche anterior, no es otra que la hija del matrimonio. Que además tiene por novio a un urso de dos metros que no habla, solo gruñe.
Esto conlleva a que este escritor se va convirtiendo de a poco en el personaje más detestado y detestable de todo Salas, todos aquellos que le habían dado la bienvenida, nada querían saber ya con él, quienes se consideraban sus amigos, se sienten traicionados, y ante el peligro de su propia muerte a manos de estos, intenta nuevamente huir de Salas, nuevamente por su vida.
En la anteúltima escena, su amigo y el novio de su hija lo llevan hasta la entrada del pueblo para echarlo. El amigo disparándole al suelo, a los pies para que corra, el novio de la hija no se va con tantos miramientos y directamente le mete un balazo. La imagen se disuelve a negro y da pie a lo que parecería un velorio al principio, pero resulta ser la presentación del nuevo libro de Mantovani “El ciudadano Ilustre”. Hay dos preguntas del publico únicamente, una primera que indica que la única gran diferencia entre esta historia y las demás, es que en esta él. Mantovani, resulta ser el protagonista, y si no es esa una decisión demasiado egocéntrica. La respuesta que da es que “todos los escritores somos egocéntricos, autorreferenciales, narcisistas y vanidosos, cosas que son herramientas imprescindibles para la escritura”.
La segunda pregunta, y su respuesta que da la clave de nuestra lectura es: ¿Cuánto hay en su novela de verdadera creación, y cuanto de realidad? La respuesta es sencilla: “¿Acaso importa eso? La realidad no existe, no hay hechos, hay interpretaciones. La verdad, o lo que llamamos la verdad, se una interpretación que ha prevalecido sobre otras”. Y cuando el periodista le reclama que no le está respondiendo, le dice “para usted, respecto a las interpretaciones, ¿esta cicatriz, que es? ¿Una antigua cirugía, la marca de una caída en bicicleta, o una herida de bala? Mientras muestra el pecho con una cicatriz que correspondería con el balazo recibido.
Bien, ¿que nos interesa leer en la película, puntualmente desde el texto que seleccione?
Cuando Miller nos habla de tres modalidades de análisis, presenta tres instancias, que valga la aclaración, nada tienen que ver con una temporalidad cronológica, no se trata de momentos, sino de una temporalidad lógica, una serie, una secuencia. Estos momentos los establece como:
Un análisis que comienza
Un análisis que dura
Un análisis que termina, o bien que se detiene
Así como les arruine el final de la película, les adelanto algo que esta posterior al final de esta clase, no vamos a tratar específicamente un análisis que termina, pero créanme, un análisis llevado a término, concluye en el dispositivo que Lacan dio por llamar “pase” y en torno a lo cual podríamos leer toda su enseñanza.
Entonces, lo que sí quiero que pensemos de la mano de la película y el texto, es que son estos análisis que comienzan, que duran y que, en todo caso, se detienen por algún motivo.
Aclaro algo antes de seguir, no sé qué tanto manejan a Freud y Lacan, vamos a intentar ser lo más laxos posibles con la terminología, no me interesa una rigurosidad académica en este momento, pero si me interesa que algo de todo esto se entienda. ¿Por qué hago esta salvedad? Un par de seminarios antes, Miller nos presenta lo que se conoce como “la ultimísima enseñanza de Lacan”. Algo que resulto de algún modo muy disruptivo y perturbador para cualquier analista que haya tenido una formación previa. ¿Por qué? Porque en él Miller trabaja los últimos seminarios y textos dejados por Lacan, en un periodo que puede leerse como “Lacan contra Lacan”. Lacan se encarga poco a poco, de revisar y criticar toda su enseñanza con aquellas herramientas que había logrado producir hasta aquel entonces: las nociones de parletre, inconsciente real, sinthome, escabel y otro más, pero que resulta inabarcable trabajar en el espacio reducido que tenemos. En este periodo Lacan, digamos, se lleva puesto todo lo que se había establecido como el saber del psicoanálisis. Freud incluido, porque Lacan se lleva puesto a otros dos Lacanes, uno más y otro un poco menos freudiano, pero freudianos los dos.
A ver, no seamos extremistas, hasta sus últimos días Lacan sostuvo que fue freudiano, pero esto implica no ser benevolente con Freud, sino seguir su teoría y prolongarla hasta sus últimas consecuencias, haciendo los ajustes necesarios que la experiencia indica, siguiendo la propuesta de Freud. Recuerden que Freud mismo planteaba que si la teoría no se ajusta a la experiencia, la experiencia no es lo que hay que replantearse, sino la teoría. Esto es lo que lleva adelante Lacan, sobre todo en este ultimísimo periodo.
Entonces, luego de plantear la lectura critica que hace Lacan de su propia obra, Miller se esfuerza en sus seminarios siguientes a extraer de esta, las consecuencias teóricas y clínicas que se siguen.
Decíamos entonces “un análisis que comienza”, ¿qué cosa es eso? Según la noción digamos “clásica”, se trata de las primeras entrevistas, allí donde se establece la transferencia, y una vez establecida esta, se ve como comienzan a brotar las llamadas “formaciones del inconsciente”. Las formaciones del inconsciente, las conocen, son los sueños, los lapsus, etc. Todo aquello que pone en funcionamiento al aparato psíquico en torno al analista. Uno va al analista y le cuenta lo que le pasa, y entonces se sorprende, se encuentra contradiciéndose, se encuentra diciendo barbaridades sobre sí mismo, sobre su familia. ¡Las madres! Calculo que como estudiantes de psicologías tecnológicos como deben ser, a más de uno le habrán llegado diversos memes gracias a esta dupla fantástica que tenemos “Freud-Mamá”. Y es todo muy cierto, se presenta un saber, un saber no sabido, pero un saber al fin. Algo que uno no esperaba aparece en el propio discurso. “soy un sorete, soy una mierda” ¿y el analista que dice? “lo deben cagar mucho, ¿no?” y antes de que uno pueda abrir la boca para retrucar, les tira un “nos vemos la semana que viene”.
Digamos que se va construyendo un discurso. ¿Qué cosa es un discurso? Es una
cierta estructura que presenta el lenguaje. Muy a grosso modo, el lenguaje produce sus sentidos, sus verdades, sus recortes, porque hay una estructura detrás. Digamos de momento, que hay una gramática en la que se sostiene el discurso. ¿Recuerdan lo que es la gramática? La gramática es lo que dictamina el orden en que las cosas deben ser dichas para que tengan sentido. Y ojo, no confundan con el idioma, no es el español ni el inglés, porque, suponiendo que algo de star wars conocen, a Yoda, se lo traduce en todos los idiomas, y en todos habla como si hubiera tenido una embolia.
Si, los idiomas tienen sus respectivas gramáticas, y atiendan al plural, porque no hay una única gramática, los gramáticos discrepan uno con otro y se pelean por ello mismo, no es a esto a lo que nos referimos con gramática. Hablamos de que EL LENGUAJE, en un sentido amplio, tiene una cierta gramática.
De esto se sigue de que depende de que gramática utilicemos, aquello que podemos decir. O traduzcámoslo así, no hay un único discurso.
Ahora bien, que ocurre cuando se comienza un análisis, uno se sorprende. Pero ¿de qué? De aquello que se encuentra diciendo. De las cosas que puede, que logra llegar a decir. De que, en definitiva, no es el amo que suponía de su decir. ¡Hay alguien más hablando aquí en análisis, yo no digo estas cosas! ¿¿¿Como voy a querer matar a mi padre y acostarme con mi madre??? Y, sin embargo, con esto mismo se encontró Freud, las fantasías, tenían un lugar muy propicio en el consultorio.
Entonces, lo que ocurre en análisis, es que hay sorpresas, y encima las trae uno. Después, bueno, hay que lidiar con aquello que uno logro decir, hay que ver que se puede hacer con eso, o en todo caso, que se logra hacer. Pero lo central aquí, es que en tanto que habla, este sujeto que se encontraba tan seguro de sí mismo, de sus verdades, de lo que creía saber de si, en tanto que habla, el sujeto se divide.
No hablamos de personalidades múltiples, ni nada por el estilo, sino que hablamos de una escisión, en tanto que el sujeto se encuentra con que hay una falta en su saber, una falla en su discurso. Aparece algo que cree, no debería estar ahí, algo que no cree que debe ser propio, sin embargo, ese algo, lo incumbe, mucho. Lo incumbe íntimamente, en tanto que ese algo que se recorta al hablar y que cae del discurso, ese agujero que aparece en su realidad, es aquello que resulta ser causa de su deseo. El deseo es una falta, una falta a llenar. El problema con el deseo, es que como ya nos había planteado Freud, es imposible de satisfacer. ¿Por qué resulta imposible de satisfacer?
Demos un paso atrás para entenderlo. Dijimos que el sujeto viene a vernos, muy seguro de su saber, yo soy tal cosa, hago tal otra, y me pasa esto otro ¿Qué hago? En cuanto empieza a hablar, toda esa armadura que tenia se resquebraja poco a poco, a veces de golpe, pero el tema es que, en tanto habla, eso se desarma. Entiéndase, se empieza a desarmar y reorganizar su propia realidad. Empieza a aparecer algo que estaba detrás del “esto que le traigo que me está pasando” Aparece algo que el sujeto se da cuenta que no sabe, y aún más, que no quería ni quiere saber en absoluto. Hay algo que, desde el inicio, está empujando en dirección a nuestra puerta. Que se traduce en dolor, en malestar, en molestia, en síntoma, en angustia, y finalmente aparece el “¿Que hago con esto?”. Lo que está detrás empieza a mostrarse y decía, es algo ligado al orden de un saber que aparece.
“Algo ligado al orden de un saber que aparece” es una frase un poco rebuscada quizás, pero condensa muchas cosas, vamos a desmenuzarla un poco. ¿Me siento mal porque hay transferencia? ¿Me duele la pierna, aunque no me haya golpeado nunca, por el solo hecho de que estoy yendo al analista? No, todo eso es anterior. Hay algo que aqueja de entrada al sujeto que va a ver a un psicoanalista. Digámoslo lacanianamente, antes de la transferencia, y aquello que sostiene un análisis a lo largo de todo su recorrido, es la urgencia. Puede sonar a que se trata de la pulsión, pero vamos a ver si logramos hacer las debidas salvedades al respecto y entender la diferencia. Por ahora simplemente me gustaría que nos quedáramos con que, detrás de un análisis, hay siempre una urgencia. Y una nota al pie, esa urgencia es siempre del orden de lo real.
¿Escucharon hablar de los tres registros de Lacan? ¿Imaginario, Simbólico y Real? No importa si no saben ahora la diferencia entre los tres, sepan que la urgencia de la que hablamos, siempre es del orden de lo real. Les pido un poco de fe y que me crean, si llegamos lo intentamos demostrar.
Bien, entonces, si bien cabe la posibilidad de que en el análisis se establezca una transferencia, diremos que tampoco es necesaria, incluso quizás no sea tan deseable al fin de cuentas, ya que luego también hay que curarse de esta. Pero la mas de las veces, resulta inevitable. El analista comienza a tomar un lugar importante en la vida psíquica del sujeto. Entiéndase, la palabra del analista, no es la palabra de cualquier otro, adquiere un valor especial, no siempre llega ser oída, pero cuando resuena, eso tiene efectos.
El sujeto en su recorrido de un análisis, entonces se enfrenta a verdades incomodas, dolorosas, incluso que no son ciertas. El sujeto a medida que habla, se va dando cuenta de que la verdad, muy al contrario de lo que piensa la psicoterapia, LA VERDAD NO PUEDE SER DICHA. Al menos, no toda.
Siempre es incompleta, siempre omite algo, siempre es mentirosa, hay algo que no se ajusta al dicho. Hay algo que no cuaja del todo entre esa verdad que se enuncia y la realidad a la que me enfrento, a la vida que llevo. En sus intentos de decir su verdad, estas van cayendo. “¿Que se puede esperar de un hombre que no tuvo la decencia de venir a enterrar a su propio padre?” Le enrostran a Mantovani en medio de su clase, mientras desplegaba todo su saber acerca del quehacer de un escritor… “¿cómo que soy indigno?”
Después de 40 años, una larga y fructífera carrera como escritor, amasar una fortuna, recibir los mayores galardones, y rechazar otros incluso… su exnovia le dice “seguís repitiendo la misma retorica… ¿vos siempre igual, ¿no?”
Incluso la frase que condensa todo el relato, “creo que lo único que hice durante toda mi vida fue huir de Salas”. ¿Acaso lo logro? Parecería que Salas vive en él, claramente se lo llevo consigo por todo el mundo.
Las verdades tambalean, se presentan como variables, mentiras a medias, se tradujo el termino usado por Lacan como “varidad”. Verdades que no pertenecen al ideal matemático, no son eternas, no son fijas por los siglos de los siglos, siempre abiertas a revisión. Cosa que, dicho sea de paso, es lo único que hace posible la existencia de la historia como una clase de ciencia, por así decir. El que se la analice todo lo que quiera, pero no la revisemos demasiado porque nos damos cuenta del mármol en el que esta tallada la estatua, que la historia, como llegó a decir la filosofía, es solo una ficción, es un género literario.
Esto abre una dimensión nueva, de repente, el agujero ese que se destapo al empezar a escuchar lo que decía el sujeto, muestra una cara irreductible, muestra que muy a pesar del sujeto, ese agujero, siempre estuvo ahí. Y, de hecho, es el motivo por el cual el sujeto habla, para intentar decir el agujero, para intentar taponarlo, cosa imposible ya que no es del orden de la palabra. “yo soy x” “yo soy psicoanalista”, como respuesta es bastante pobre, no satisface a nadie que llegue a la pregunta del “¿quién soy yo?”. Si, ok, soy psicoanalista, ¿¿¿y eso en que me diferencia de cualquier otro??? Quiero decir, hay algo del orden de la existencia, que no puede ser dicho, donde la palabra no alcanza a hacer mella alguna, quizás lo toca, pero de ninguna manera da respuesta a ello. Quiero decir, no lo satisface.
En palabras del discurso histérico:
-te amo
-yo también
- ¿Cómo también, no podés decir que me amas?
Hay algo que la palabra no llega a satisfacer. Y recuerden lo que dijimos antes, la realidad está hecha de palabras, esta sostenida en el discurso, Quiero decir, que, en la realidad, hay un agujero el cual no se logra taponar, y hacia el cual el deseo podemos decir que apunta, o quizás en todo caso como una brújula que siempre apunta al sur, el deseo es aquello que ese agujero empuja. Por eso siempre falla, porque el agujero siempre esta.
¿Se entiende por qué este agujero esta siempre? En la realidad está siempre, en el discurso esta siempre. Ese agujero, el borde de ese agujero en todo caso, que hace doler, angustiarse, molesta, ese borde, es el borde del lenguaje. El lenguaje, y por extensión la realidad, muy por el contrario de lo que la publicidad y la autoayuda nos quiere hacer creer, no lo puede todo. Hay algo real, que resulta inamovible ante todo ese despliegue de la palabra, del inconsciente.
Quisiera que nos detengamos aquí un poco, para entender de que hablamos cuando decimos realidad y de que cuando decimos real.
Lacan escribió lo siguiente:
$<>a
Es lo que conocemos como “fantasma”.
El fantasma conjuga toda relación posible entre dos términos, el sujeto barrado, es decir el sujeto del inconsciente, sujeto del deseo, dividido, y está a minúscula. Quizás hayan oído nombrarla, esta pequeña a minúscula es lo que llamamos, el objeto a.
¿Qué es el objeto a? por decirlo de manera sencilla, es aquel agujero que se abre en el discurso, agujerea el discurso y abre otra dimensión, que no es de la palabra. Este objeto a, es del orden de lo real.
Un matema más para poder ubicar y entender que es el fantasma:
S1 -> S2
-- ---
$ a
Estos cuatro elementos son los que conforman todo discurso. Tenemos arriba a la izquierda el significante 1, a su derecha encadenado el significante 2, y abajo por un lado bajo el S1 el sujeto barrado, y bajo el S2, el objeto a.
Este discurso, así como lo ven estructurado, conforma lo que Lacan llamo el “discurso amo”, o el “discurso del amo”. Por decirlo de manera rápida, aquel con el que un paciente llega al consultorio, llega como un sujeto, que es efecto de su saber, pero que cuanto más ahonda en ese saber, más en evidencia deja que de eso que él sabe, se sigue este pequeño objeto a.
Es decir, al articularse la cadena significante, esta da lugar a un sujeto, que se divide y deja un resto, un resto que es del orden de lo real.
Ahora bien, en cuanto al fantasma, encarna toda relación posible entre el sujeto barrado, y lo real. La manera en la que el sujeto se arregla para vérselas con este objeto. La manera de vérselas, es del orden del discurso, es decir, como estructura su realidad para que lo real no se la desacomode a cada palabra que logra soltar.
¿Qué es entonces la realidad? Podemos decir que la realidad, es el fantasma. Es la manera en que cada uno se arma un mundo, y la manera de acceso al mismo. Uno mira al mundo desde su fantasma, desde las coordenadas que allí va encontrando. Recuerden que dijimos que el fantasma tiene un aspecto que es discursivo, este viene por el lado del sujeto, que, ya también lo mencionamos, no es otra cosa que efecto del discurso.
Entonces, lo que podemos decir respecto a esto, tomando en cuenta la noción de verdad mentirosa que nos deja Lacan con su “varidad”, entendemos que efectivamente, el fantasma, no es de ningún modo estático. Va cambiando a medida que la posición del sujeto va cambiando, según en qué lugar se ubica, según con que respuestas cuenta ante la pregunta existencial de “¿Quién soy?”.
Podemos decir entonces que, por una parte, de lo que trata un análisis, es de hacer trastabillar este fantasma. Esto no es poca cosa. Que el fantasma tropiece, implica que algo allí se conmovió y el sujeto se reposiciona como puede en el lugar que encuentra. Hablando desde el estructuralismo, se reorganiza la propia estructura subjetiva, el sujeto se rearma.
¿Se entiende un poco más, la fragilidad del sujeto? Surge de un efecto de que hay un dicho, siquiera necesita ser propio, las más de las veces no lo es. Piensen si acaso ante la pregunta “¿Quién soy?” alguna de las respuestas con las que cuentan, no se trata de una muletilla que hayan escuchado en el ámbito familiar. Esto de que hay frases que a uno lo marcan, no es solo eso, sino que podríamos decir que lo recortan, y también lo anclan en el mundo. Son tanto un lugar donde ubicarse, como un peso a sacarse de encima.
¿Qué es lo que tanto le revienta a Mantovani a lo largo de toda la película? La insatisfacción que le producen las respuestas del Otro, diciéndole quien es el, que lugar le dan en el mundo. Un premio nobel, un autor exitoso, un sinvergüenza, un amarrete, etc., etc., etc. Todas a las cuales debe hacer frente o huir, pero más allá de lo que haga, tienen efectos sobre él, sobre su mundo, y por ende donde se ubica en este.
Decía de la fragilidad del sujeto, que tal es así, que depende de que haya un discurso articulado, allí donde el significante 1 y el significante 2 no logran hacer cadena, no hay donde encontrar sujeto alguno.
De hecho, de esta manera, podemos entonces entender un poco más en que consta la transferencia. De que haya una cadena significante, y que, en algún lugar de la misma, dentro de las conexiones del aparato psíquico, el analista ocupe el lugar de un significante. Entre en el comercio psíquico como una ficha más a intercambiar, y entonces cambia toda la dinámica en el inconsciente. La cambia porque emerge un elemento nuevo, que no estaba allí, y que funciona como un nodo, como un centro gravitatorio hacia donde los significantes se desplazan. Y ahí comienzan a brotar las formaciones del inconsciente y uno va y se las lleva al analista “mire, maravíllese de mis creaciones, vea lo que le traigo, ¡otra verdad revelada sobre mi persona!”.
Sin embargo, pese a esto, se llega a un punto, en el que se pasa a un cambio en el discurso. Digamos que este abismo que empieza a abrirse en el lenguaje, en la realidad del sujeto, cambia de lugar, cambia de lugar porque ya no funciona como aquello que cae del discurso, como el desecho que encontraba uno en el decir, que le parecía ajeno en su pensamiento. Muy por el contrario, el objeto a, se reubica en el lugar de la verdad, dentro del discurso.
Vamos a aclarar un poco esto. El discurso, les dije que constaba de estos cuatro elementos, S1, S2, $ y a. Y también les dije que el discurso del amo los ubicaba de la siguiente manera. Ahora bien, si bien el orden donde se ubican es fijo, no lo es su lugar. Las cuatro ubicaciones dentro de la estructura del discurso son:
El agente el trabajo
-------------- -------------
La verdad el producto
Pueden encontrar otras formas de nombrarlos también, pero con esto nos alcanza y nos sobra. No es mi intención versarnos tanto sobre el discurso. Ya Lacan le dedico un seminario completo, y tanto más para desglosar sus implicancias y su desmonte.
Lo que les quería mostrar, es que según en que parte del giro se encuentren estos cuatro elementos, según de que discurso se trata. Me refiero a giro, porque es lo que hacen los elementos, giran de una posición a la siguiente. Mi intención es aquí traer lo que ocurre cuando en un análisis se da un cambio de posición subjetiva en el discurso.
¿Qué ocurre cuando se da lo siguiente? Giramos los elementos un cuarto de vuelta, es decir 90 grados y los ubicamos de la siguiente manera:
$ S1
---- ----
a S2
Esto, y espero no herir susceptibilidades por lo que estoy a punto de decir, es lo que se conoce como el discurso histérico.
Tan solo lo que quiero indicar al respecto de esto, es que en un análisis que dura, esta segunda instancia que nos señala Miller, lo que tiene lugar, es una historización del discurso. Vamos al aspecto un poco más fenomenológico del asunto.
En un análisis, llega un punto en el que el analista, de alguna manera, no del todo, pero de alguna manera, resulta algo superfluo. Que ocurre en un análisis que dura. El analizante, el paciente, sigue trayendo sus ocurrencias, sus formaciones inconscientes, estas siguen dándose una y otra y otra vez. Para aquellos que estén en análisis, pregúntense que tan a menudo terminan repitiendo en sesión siempre lo mismo respecto a su familia, sea quien sea que la forme. Un análisis que dura, implica una dinámica completamente diferente en el accionar del analista. No es la misma posición la que este ocupa al inicio, mientras dura y cuando este termina o se detiene.
Digámoslo así, la respuesta histérica, es siempre un “no es eso”. “¿Flores? Ah, que lindas… ¿no había bombones?”
En el discurso histérico, lo que se sostiene como verdad, ya no es el sujeto barrado, sino el objeto a, este trozo de real que resulta irreductible en la realidad fantasmática. En lugar de abrir una dimensión nueva que resulta imposible de decir, el discurso histérico se dedica a buscar siempre una significación ulterior, pero siempre falla.
¿Qué quiero decir con esto? Que cuando se habla desde el discurso histérico, el analizante, se interpreta solo. “Yo soy así porque de chiquito mis viejos me pegaban… pero no, no tampoco es exactamente por eso. También pasaba tal otra cosa, pero eso no explica que yo haga tal otra.” ¿Se escucha? El discurso histérico, ya no se sorprende frente a estas verdades que van surgiendo, por el hecho de que estas verdades, nunca logran dar en el clavo, nunca logran cerrar el agujero real que existe en el lenguaje. Nunca logran dar una significación a eso, nunca logran dar respuesta a eso irreductible, por el simple hecho que resulta imposible hacerlo. Pero el que sea imposible, no quita ningún mérito al trabajo que se realice en base a ello. La historización del discurso, implica hacer propia dentro de este relato que el sujeto despliega en análisis, esta verdad que siempre es dicha a medias y que cambia, esta varidad. A esto apunta un análisis que dura. En él se repite el sujeto una y otra y otra vez, hasta que una intervención, da en la tecla y algo se conmueve en esa verdad… y pasamos a la siguiente. Se van dando estos puntos de detención en la experiencia de un análisis, a modo de marcadores, lugares donde algo resulta satisfactorio.
A ver, lo que sostiene un análisis, es que la urgencia, encuentre algún modo de satisfacción. Que lo real, que el goce del sujeto, encuentre alguna manera de satisfacer aquello que lo aqueja de su síntoma. Esto puede ser algo tan sencillo, pero tan importante como poder decirlo, poder decir aquello que a uno lo aqueja. Eso, es un efecto terapéutico, el análisis los tiene, estos momentos en los que el sujeto logra sentirse mejor, o logra ponerse a trabajar, ponerse en pareja, lograr hacer algo, lo que sea. Pero no nos confundamos, no es detrás de eso de lo que va un análisis. Estos efectos terapéuticos, son inevitables dentro de un análisis, de hecho, muchas veces resultan contraproducentes para el tratamiento. El sujeto logra algún tipo de arreglo fantasmático para con su padecimiento, e intenta seguir con su vida y retomarla donde la había dejado en pausa. Termina dejando porque ya está mejor. Si, esto pasa. Y también suele suceder que ese arreglo dura un tiempo, y el analizante vuelve porque su solución ya no funciona. Entendamos algo, la orientación de la clínica psicoanalítica lacaniana, es hacia lo real. No hacia lo simbólico, hacia la palabra, decir unas lindas frases armadas como un credo y con eso se arregla a uno y a todos los demás que vengan con lo mismo. Esto no es así, porque precisamente, no hay ninguno que venga con lo mismo. Con lo que el analista se las ve, es con lo singular de ese sujeto, que es el goce, y que es del orden de lo real. Que es también lo que lo aqueja, porque no sabe qué hacer con eso que no puede decir. La psicoterapia consiste en todo caso, en quedarse del lado de la palabra, de lo simbólico diremos nosotros. Quedarse con lo que se dice, y con eso alcanza. Y en tanto es del orden de lo que se dice, de lo simbólico, si es para uno, es para todos. La psicoterapia y la autoayuda van de la mano en esto.
A lo que nosotros no somos ciegos, es a lo que se encuentra des tras del síntoma, detrás de la queja, detrás de que ese analizante continúe viniendo sesión tras sesión para repetir innumerables veces lo mismo. Vuelve porque hay algo de satisfactorio en todo eso, en repetir hasta el cansancio como odio a mis padres por la manera en que me criaron y todo aquello de lo que los culpo. Sin embargo, tampoco decirlo alcanza, de eso da cuenta el discurso histérico. Que, por un lado, al fin y al cabo, no son más que palabras, y por el otro, esas palabras no son exactamente lo que quería decir. Y vuelve a la sesión siguiente a intentarlo nuevamente. Es decir, hay un goce en todo eso. Algo en el análisis se satisface.
Para hacerlo un poco más tangible, ¿qué es lo que hace Mantovani durante toda su vida? El mismo lo dice, “toda mi vida lo único que hice fue huir de Salas”. Sin embargo, toda su vida no hizo otra cosa que hablar de ese pueblucho de morondanga al que tanto desdén le tiene. Y si tanto aborrece ese pueblo… ¿¿¿A que vuelve???
Podríamos leer aquí que, finalmente decide volver de su exilio autoimpuesto, decide volver a Salas, cuando ya no encuentra que decir del pueblo. Cuando después de cinco años no logra escribir una historia. Ah, pero no es tampoco en cualquier momento, depende de que un otro le envié la invitación, invitación a ser reconocido.
Podríamos decir, ¿“vuelve para reconocerse”, “vuelve para encontrarse”? De nuevo, eso lo podría decir la psicoterapia, no el psicoanálisis. ¿Por qué? Porque resulta imposible que vuelva, porque de allí de donde partió, ya no existe más, el único lugar donde Salas sigue existiendo tal y como lo dejo, es en sus relatos.
Dijimos que, al inicio de un análisis, el paciente se sorprende de sus dichos, como si alguien más hablara por él. De hecho, es lo que ocurre, en el discurso, en tanto que se trata de un sujeto, el sujeto es hablado por el Otro del lenguaje.
Si, es un poco difícil de tragar y digerir la frase, vamos a recortarla para ver si logramos que pase. En la sesión analítica, si hay algo de lo que uno se da cuenta, es que no es dueño de lo que dice. Efectivamente es el responsable, porque es quien debe responder por aquello que fue dicho, pero de ninguna manera podemos decir que es el sujeto el que habla. El sujeto es hablado. El sujeto, aparte de ser sujeto de deseo, sujeto del inconsciente, es un sujeto del lenguaje, y esto quiere decir que esta sujetado por el lenguaje, no solo se encuentra atrapado en él, sino que también el lenguaje es aquello que lo sostiene. Sin lenguaje, no hay sujeto. Podemos entonces decir también, sin lenguaje no hay inconsciente. Llevemos un paso más allá la cuestión y digámoslo, el inconsciente, tal y como lo presentamos, en tanto se sostiene en que haya una transferencia, es entonces el lenguaje. El inconsciente, es el lenguaje. Al menos el inconsciente freudiano, lo es. Y agrego algo más, en tanto depende de esta ligazón entre el S1 y el S2, es entonces también supuesto.
El inconsciente transferencial, el lenguaje, es lo que diremos el gran Otro, el lugar de la cadena significante, el lugar de lo simbólico. Por simplificar las cosas, haremos una equivalencia entre estos términos, pero no diremos que son exactamente lo mismo uno y otro. Depende en todo caso, desde donde se lo lee.
Entonces, en tanto el S1 y el S2 hacen cadena, hay un sujeto barrado, un sujeto que no es dueño de sus palabras. Y lo que hace allí el sujeto al inicio de un análisis, es encontrar cosas que no sabía. Se encuentra con un saber que lo sorprende. Y es esto con lo que se encuentra Daniel Mantovani en cuanto llega a Salas, con cosas que no sabía que sabía, o que en todo caso no quería saber que sabia. Se encuentra con verdades que son propias, que dice el, y que también le dicen los otros, haciéndolas entrar en constante colisión. El lugar desde donde ve su mundo, va cambiando, su mundo va cambiando.
Ya desde el vamos, la película nos muestra que hay un cambio en la posición del sujeto, hay una verdad que el Otro le dice, y que no puede soportar. ¿Qué le dice el otro? ¡Que le gusta lo que escribe! Que le gusta tanto lo que escribe, que lo quiere premiar como el mejor escritor del mundo. Y esa verdad que le echa en cara el Otro, Mantovani no lo puede superar, no lo puede aceptar, ¿y que hace? Después de agradecer, y digámoslo entre las comillas correspondientes, en todo caso, después de aceptar el premio, Mantovani se queda callado, no encuentra lo que decir, el Otro lo dejo mudo.
Si efectivamente ya es el mejor escritor del mundo, entonces ¿qué más puede tener para decir? ¿Puede ser mejor que el mejor? ¿Puede superarse a sí mismo?
No lo acepta y da un paso atrás, vuelve a Salas, a vérselas con lo que lo espera allí, con la contracara de sus historias, con los pueblerinos que le pueden decir “ah, acá estás hablando de tal y tal, ¿no?” que es como que le digan, que lo que escribió, está equivocado, y que la historia no era así, que escribió cualquier cosa. Por eso Mantovani también hace ese esfuerzo constante por hacer entender a todos que él, como cualquier otro hace, ESCRIBE FICCIONES. No dice verdades, porque no puede tampoco decirlas, en todo caso, deja eso para el psicoterapeuta, no para el artista.
Y de alguna forma, Mantovani llega a un final. La historia decíamos, termina con aquel balazo que recibe y lo derriba, y que después no se sabe si estamos viendo como lo van a enterrar o galardonar, hasta que, en lugar de un féretro, se ve una silla con micrófonos.
Y finalmente, este ciudadano ilustre, lo que nos deja pensando respecto a la película, es, en todo este relato, ¿qué hay de realidad para el narrador? Quiero decir, caben ambas posibilidades, que se tratase en esta última novela, de una historia de su vida, o bien que se tratase de un invento completamente nuevo donde él se toma como protagonista. Y la respuesta que nos da el personaje es propia de un análisis, entonces, ¿en todo esto, que hay de realidad, que hay de verdad y que de ficción…? ¿acaso importa eso?
Lo dice una y otra vez, la obra es indiferente al artista, va más allá de él. Mantovani lo que hace en el final de la película, es entregar una obra, una en la que jugo su vida, verdad o no, poco importa. Lo importante en todo caso, es ese gesto de mostrar la herida. Hay una marca en ese cuerpo, y esa marca tuvo sus efectos, lo que hace Mantovani, es entregarlos a un público y luego lavarse las manos para que hagan con ella lo que quieran, tal y como le había pasado antes.
¿Por qué recalco este gesto de mostrar la herida? Porque es la única certeza con la que se nos presenta el autor, que efectivamente lleva esa marca en el cuerpo, ahora bien, de que se trata esa marca, de un balazo, una cirugía, un accidente, eso depende de lo que se decida decir al respecto.
Ese en todo caso, es un punto de detención para un análisis, habrá que ver en todo caso, si se trató de un pase.




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