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miércoles, 21 de diciembre de 2022

Comentario sobre capítulos 13 y 14, "El ultimísimo Lacan", por Valeria Martínez.

 

Comentario sobre capítulos 13 y 14, 

por Valeria Martínez.

17 de diciembre del 2022



“Es preciso romperlo todo 

para que los dogmas se purifiquen 

y la normas tengan nuevo temblor.” 


F. García Lorca 

“Nadadora sumergida”



Derribar las columnas del templo. Romperlo todo. Que haya un nuevo temblor.

Temblor que hace temblar la tierra. Temblor que hace temblar el cuerpo. Terremoto y estremecimiento. 

La ultimísima enseñanza lleva a cabo una destrucción pero creadora: sobre esas ruinas algo surge, algo se levanta.

Lacan siempre operó generando temblor, haciendo temblar. Miller se pregunta ¿Cómo hizo Lacan para hacer temblar el psicoanálisis en su enseñanza? Desde el momento de la distinción de los tres registros: simbólico, imaginario y real, purificó con eso los dogmas del psicoanálisis. Miller considera que Lacan usó dos instrumentos: “El estadio del espejo” que Lacan definió como “la escoba con la que entró al psicoanálisis” y la noción de lo real como segundo instrumento. Este segundo instrumento no fue una escoba para limpiar, nos hace notar Miller, sino un tornado. “No se lustran los muebles –dice- se los muda a otro lugar.”

 Miller realiza en este capítulo, una descripción esquemática de la enseñanza de Lacan dividida en tres períodos. Primero organizó el psicoanálisis a partir de lo imaginario. Luego hay un gran período de su enseñanza que está organizado a partir de lo simbólico. Y por último, toma la senda de lo real. No voy a detenerme en la descripción detallada, solo voy a comentar de forma esquemática el período de lo simbólico, al que Miller nombra como el gran período de la enseñanza de Lacan, para luego ir al planteo de lo que me interesa poner a rodar en la conversación de hoy.

En el período simbólico Miller marca tres estructuras: matemática, lingüística, lógica.

La estructura matemática del significante, la cual construye a partir de una estructura de azares, pero en la que aparece la determinación. Se sale de lo indeterminado de la cadena y Lacan quiere mostrar que hay una determinación respecto del inconciente. Una determinación casi completa que responde a una ley.

La estructura lingüística: metáfora, metonimia, grafo del deseo; la estructura significante responde a la fórmula “el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”, formula a la que Lacan agregará el objeto a en el lugar del efecto de significación.

Por último la estructura lógica: en la que con el seminario 16 se platea el psicoanálisis en términos lógicos, hasta afirmar que la lógica sería la ciencia de lo real. Allí considera Miller que se vislumbra la interrogación sobre lo real. Entre este seminario y el seminario 17 Lacan construye los 4 discursos. En los seminarios 18, 19 y 20 encontramos la lógica cuantificada, con el propósito de dar cuenta de la diferencia de los sexos en su relación con el goce.

Luego de este gran período simbólico, inicia en la enseñanza de Lacan el período de la estructura topológica (seminarios 22 y 23) y con esta estructura lo real pasa poco a poco al primer plano.

Por último, la ultimísima enseñanza, donde lo real es el nuevo temblor. Y es aquí donde me interesa detenerme. Nuevo temblor que produce un estremecimiento de lo simbólico, que decíamos que hace temblar los cimientos y hace temblar el cuerpo. 

Miller sitúa que esta ultimísima enseñanza empieza cuando Lacan cuestiona el concepto de sujeto. Nos hace notar como Lacan al principio de su ultimísima enseñanza retoma las definiciones clásicas pero con un tenue desfasaje. El último parágrafo del capítulo 13 denominado “Hacia el silencio” está centrado en las dos primeras clases del seminario 24. Refiere aquí una frase de Lacan en este seminario que pueden encontrarla en la primera clase del 16/11/76 “Las identificaciones”, de donde Miller extrae la frase de Lacan: “lo que llamamos imprudentemente el sujeto”, haciendo hincapié en este imprudentemente. Lacan cuestiona el sujeto, y también plantea la pregunta del inconciente y del psicoanálisis. 

Del mismo modo ubica Miller el inicio de la última enseñanza con un nuevo temblor cuando en el seminario Aún Lacan trae el concepto de lalengua y la estructura del lenguaje queda cuestionada. Allí empieza el estremecimiento, el terremoto que se llevara, en la ultimísima enseñanza, las construcciones anteriores.

Creo que una guía fundamental para nuestras lecturas de esta ultimísima enseñanza lo que Miller nos hace saber respecto de que Lacan se abstiene aquí de una tesis, se abstiene de una afirmación, y le devuelve al inconciente su carácter hipotético.   Esta ultimísima enseñanza no está compuesta de tesis. Se desarrolla a título hipotético. 

Voy entonces al punto que quiero proponer a la conversación.

¿Cómo pensar este asunto de la imprudencia que hay en hablar de sujeto? Nos

recuerda Miller que podemos hablar de sujeto siempre que estemos en el terreno del Otro, de lo simbólico. El sujeto es la marioneta del Otro, sujeto del significante, adecuado a lo simbólico. 

Por el contrario, la tesis en la que se basa el período simbólico de Lacan es que el término sujeto expresa la armonía con lo simbólico, ya que solo aparece como una variable determinada por constantes significantes. La imprudencia consiste en hacer del sujeto la variable del significante. El estado del sujeto se determina en función del ordenamiento de los significantes. Por ejemplo, de la no inscripción del significante del Nombre del Padre se puede deducir lo que llamaríamos, en esta circunstancia, el estado psicótico del sujeto.

Pero hay en el hombre, en aquel que habla, en el parlêtre, una disconformidad con lo simbólico.

Así, Miller sostiene que aquel que habla, el parlêtre se embrolla con lo simbólico, y este embrollarse con lo simbólico es la relación fundamental del parlêtre con el lenguaje.

Entonces, y he aquí una revelación de esta ultimísima enseñanza, lo que parecía o había sido el recurso del psicoanálisis es en realidad el mal mismo. 

En el inicio de capítulo 13, Miller confiesa considerarse atrapado en sus pensamientos “mis pensamientos me gozan”, declara.

Y considera que la aspiración a nada de pensamiento seria para él un alivio.

¿A qué se refiere con pensamientos? Lo entiende como lo que podemos experimentar como un parasito del cuerpo vivo, como algo que no está al servicio del cuerpo.

Retomando, decía que esta enseñanza va hacia el silencio. En palabras de Lacan: “Lo ideal sería acabar con lo simbólico. Dicho de otro modo, no decir nada”

¿Y entonces? ¿Qué queda? Ni gramática, ni lógica. Lo que queda, responde Miller es una x, que es la poesía. Una poesía que opera una relación directa del significante con el cuerpo, poesía que sería el medio de una relación directa del significante con el cuerpo, como resonancia y eco.

De este modo, dice Lacan que el efecto natural de lo simbólico sobre el parletre es la debilidad, es el embrollo. Embrollo del que se puede salir poniendo en forma la debilidad, y entonces es el delirio. “Entre la locura y la debilidad mental lo único que nos queda es elegir” afirma Lacan.

¿Qué sucede a partir de aquí con la practica analítica tal y como ha sido? ¿Qué clínica para el parletre?

En la conferencia dictada en Paris en el año 2014, hacia el final de la conferencia,  Miller trae nuevamente esta cuestión dando un paso más. Nombra “debilidad- delirio- embaucamiento” como la trilogía de hierro que hace resonar el nudo de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real.

Dice que de la debilidad al delirio la consecuencia es buena. Ir de la debilidad, que es el pensamiento, lo imaginario, al delirio, que es lo simbólico, es un paso en más, la consecuencia es buena. Y continua diciendo que la única vía que se abre para el parlêtre es hacerse incauto de un real, montar un discurso en el que los semblantes atrapen un real, un real sin sentido, indiferente al sentido, un real en el que creer pero sin comulgar con él. 

Ser incauto de un real, (dejarse engañar, ser crédulo) es la única lucidez que tiene

el cuerpo hablante para orientarse. “Hacerse incauto de un real”, allí Miller aporta una redefinición del psicoanálisis en tanto dice cuál es la vía que se abre para el parlêtre y  la perspectiva de un análisis: incauto de un real. Hacerse incauto de un real, en tanto no se puede vivir en lo real y hay algo que hacer con eso, lo que nos queda delirar con ese real que se ha tocado, que es siempre un real singular. Montar un discurso en el que los semblantes atrapen lo real. Un real en que creer pero sin comulgar con él, es decir que tocado el real singular hay que montar un discurso ahí pero entiendo que no es un discurso de los cuatro discursos, sino  que se trata de como delirar de manera singular a partir de  ser incauto de un real, en el sentido en que pensamos “todo el mundo es loco”

Entonces, encuentro aquí una indicación para nuestra orientación clínica, una dirección de la cura para ésta época, la época del parletre en la cual, en dichos de Miller se analiza  a cualquiera, ya no hay indicaciones para determinar si una estructura se presta o no al análisis. Concluyo con palabras textuales de Miller que extraigo del final de dicha Conferencia y que creo importante conversar y las tomo porque considero que encontramos allí una dirección de la cura, una orientación clínica que es necesario someter a conversación, discusión, cuestionamiento, someter al trabajo, dice Miller: “Analizar el parletre exige jugar una partida entre delirio, debilidad y embaucamiento. Es dirigir un delirio de tal modo que su debilidad ceda al embaucamiento de lo real”.


 


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