Entrada destacada

¿Qué son los Encuentros Millerianos?

Folleto informativo encuentros Millerianos Hora Argentina: Hora española: Primer y segundo Encuentros: 

miércoles, 15 de enero de 2025

El ser y el Uno, Miller, 2011 Clase 6: De lo ontológico a lo óntico Resumen por Lily Callirgos

 

El ser y el Uno, Miller, 2011

Clase 6: De lo ontológico a lo óntico

Resumen por Lily Callirgos

Punto 1.

Dificultad con la ontología:

 Miller afirma que Lacan tuvo un problema con la ontología, con la doctrina del ser y considera que éste no es un debate secundario sino una cuestión central y que se regula en el curso de la enseñanza  por un recurso al término que es el opuesto: el término óntico. La ontología es una cuestión del ser y lo óntico concierne al ente, no estanque, es decir a lo que es.

Sobre esta afirmación hace referencia a dos episodios:

1.Haciendo referencia a una vieja deuda con Lacan: no ser él quien había planteado el término ontología, término que ya había encontrado en La direccion de la cura bajo la expresión “falta ontológica", que en esa época y también hoy, el término ontología lo encontraba desplazado en la materia.

2.Un pasaje del texto Radiofonía (Pág. 426 de Los Otros Escritos): diciendo que escuchando a Lacan, “para él pasaba algo: tenía vergüenza de su ontología”.

Con respecto al episodio 1:

Hace referencia al Seminario 11, cap 3, donde se puede reconstruir lo que Miller había dicho.

               “La semana pasada, mi introducción del inconciente mediante la estructura de una hiancia brindó a uno de mis oyentes, Jacques Alain Miller, la oportunidad de hacer un excelente trazado de lo que, en mis anteriores escritos, reconoció como la función estructurante de una falta, y mediante un arco audaz lo empalmó con lo que di en llamar, al hablar de la función del deseo, la falta-en-ser”. (Pag.8)

Es en el Seminario 11 donde Lacan subraya lo que él llama la hiancia del inconciente merece ser dicha pre ontológica: la primera emergencia del inconciente no se trata de ontología sino de lo que no es ni ser ni no ser, es de lo no-realizado.

En el mismo seminario, pág. 34: “ Lo importante no radica en que el inconciente determina la neurosis… pues el inconciente muestra la hiancia por donde la neurosis se empalma con algo real – real que muy bien puede no estar determinado. En esa hiancia ocurre algo: entre la causa y lo que afecta. Hay siempre cojera”. En ese hueco encuentra algo que es del orden de lo no-realizado y que es brújula de la acción del analista. Y señala que Freud no está interesado en el determinismo, sino en la búsqueda del inconciente en el tropiezo, la falla, la fisura. Se trata del estatuto ético del inconciente que lo liga a la causa inherente al cálculo infinitesimal, al salto al límite que implica el Begriff. Lacan instituye la causa en tanto “se distingue de lo que hay de determinante en una cadena o, dicho de otra manera, de la ley”.

Con respecto al episodio 2 referido a un pasaje en Radiofonía:

    “Desde donde retorno a lo real de la E.N.S., es decir del ente (ètant) o del estanque (ètang) de la Escuela Normal Superior donde, el primer día que ocupé mi lugar, fui interpelado sobre el ser que acordaba a todo eso. Desde donde declinaría tener que sostener mis miras de ninguna ontología. Es que al ser ella, apuntada, de un auditorio a adiestrar en mi logia, de su onto hacía yo lo vergonzoso ( honteux). Todo onto bebido ahora yo responderé y no por cuatro caminos ni por bosques que oculta el árbol “. Se podría decir que hay en este punto una suerte de crítica despreciativa dirigida a Heidegger? Más adelante, 1970, agregará que,  “Mi experiencia no toca al ser sino para hacerlo nacer de la falla que produce el ente de decirse”.

Punto 2.

Las matemáticas y lo real:

Miller nos invita hacer el recorrido de la ontología a lo óntico por cuanto en ese camino está en juego la categoría de lo real, categoría indispensable para un justo manejo de la experiencia analítica y de la que no se desprende con toda su potencia conceptual más que a condición de ceñir y limitar la función del ser.

Se propone Miller mostrar las afinidades que hay entre las matemáticas y lo real haciendo mención al matemático Alain.

Alain, pseudónimo de Emile-Auguste Chartier, matemático, filósofo, periodista, ensayista y pacifista. Obtuvo una plaza de profesor de filosofía en el liceo Henri IV de París. Siguiendo las directrices de su maestro Lagneau para quien la filosofía es el ejercicio mismo de la libertad, Alain inculcaba a sus alumnos que lo importante no es tanto lo que se debe pensar sino el cómo se debe pensar.

Destaca Miller de Alain:

·       El matemático es de todos los hombres aquél que sabe mejor lo que hace.

·       Los matemáticos jamás piensan sin objeto. Es el único hombre que piensa el objeto totalmente desnudo, definido, construido, sea como figura trazada o expresión algebraica.

·       Inventa definir al matemático como un proletario en cuyo trabajo no hay lugar para la cortesía, el halago o la mentira puesto que trata con las cosas y no con las pasiones, no persuade ni defiende. Mientras que el burgués se define por el hecho que moviliza y domina un aparato de signos pero sin estar directamente en contacto con las cosas.

·       Si hay todavía lugar para la posibilidad en el trabajo con las cosas mismas, es porque piensa que la habilidad manual exime de la obligación de la cortesía.

·       Dibuja el objeto de los matemáticos como no dejándose emocionar, como siendo rebelde o reacio a todas las afectaciones y halagos de la palabra. El deseo, la petición y la loca esperanza no pueden nada sobre el objeto de los matemáticos.

Concluye Miller diciendo que hay una oposición entre retórica y matemática.

Punto 3.

La “cosa" del psicoanálisis:

Lacan no declinó decir que era un retórico no como una declaración de su gusto o sus capacidades sino en tanto que el psicoanalista, a diferencia del matemático, tiene relación con una cosa que se mueve y se conmueve por la palabra, que Lacan define como la cosa freudiana.

La retórica así entendida es parte del aprendizaje psicoanalista en  formación que aprende cómo actuar por la palabra sobre las pasiones, es decir, sobre el deseo que las resume todas. Es lo que se llama interpretación.

Con respecto a la interpretación, en La palabra que hiere, Lacaniana #25, es un texto que parte de la pregunta de si hay reglas para la interpretación. Texto que muestra los lineamientos para pensar hacia dónde vamos con la interpretación. Lo que orienta es en qué dirección. Y si hay dirección y no hay reglas, le queda al psicoanalista el camino de la creación y la posibilidad de sorprenderse con los efectos.

 La “cosa" del psicoanálisis también quiere decir el inconciente estructurado como un lenguaje: el inconciente está movido por la palabra.

La cosa freudiana habla que se puede hablar con ella y el psicoanálisis es supuesto ser aquél que sabe hacerla hablar y que ella sabe hablar con ella. Lacan la define como verdad. En su escrito que lleva ese título, la hace hablar a ella misma: Yo la verdad, hablo".

Hace referencia a la cualidad dúctil del sueño con respecto a la situación analítica, a la posición del analista, destacando cómo el sueño deviene el elemento de un verdadero diálogo, diálogo que se prueba por sus rasgos de engaño que como ejemplo tenemos el sueño de la joven homosexual. Así también lo constatamos en la experiencia del sueño durante la cura analítica. Al inicio los sueños que emergen como signo de que la cosa comienza a ser conmovida o, el modo en que se memoriza en la víspera luego de una interrupción, o bien durante el análisis puede modificarse el estilo de los sueños.

La cosa freudiana, eso habla. Puede decirse, en términos más técnicos, que el síntoma es una palabra rechazada, una palabra desconocida, una palabra inconciente que se trata de hacer regresar.

Pero, cuál es el secreto del “eso habla"? Se traduce en términos metapsicológicos: el ello no es otra cosa que el inconciente. Esta primera enseñanza de Lacan está edificada sobre la confusión inconciente y ello y sobre esta base puede decirse que lo que es determinante para el sujeto es el orden simbólico con sus mecanismos y efectos. Lo determinante para el sujeto es la palabra que en tanto ella crea o hace ser la verdad. No hay verdad sin palabra.

Punto 4.

La causa en la primera enseñanza:

Cuál fue el fundamento sobre el que Lacan estableció su enseñanza.

Si lo real está afuera y lo imaginario, asociada a la inercia, no es más que sombras y reflejos, como lo dice Lacan en el Seminario La carta robada, y el inconciente es simbólico, todo es posible.

En los primeros Escritos encontramos un discurso convincente, conquistador, al que nada le falta que, sin duda, nos dice Miller, está hecho para empujar a los analistas, para hacer saltar el tapón que había sobre el psicoanálisis. Hay en Lacan un deseo de demostrarlo, de argumentarlo.

Pero, cuál es la causa que Lacan defiende?

Atribuir la pulsión al campo de lenguaje. Para Lacan la pulsión es también una palabra, una demanda, una exigencia, una reivindicación, pese al silencio que en ella reina. Dirá “el sujeto en la pulsión está de todos modos más lejos de hablar cuanto más habla". Mientras que para Freud el ello es el lugar de las pulsiones.

Entre la frase  y la pulsión freudiana hay algunas distinciones que Lacan escribe €D:

-          el sujeto se desvanece y es una forma de la demanda

-          la demanda también desaparece pero queda el corte, corre con el que recuperamos el campo del lenguaje.

El grafo del deseo está hecho para mostrar el paralelismo entre la pulsión y la palabra. Tenemos en el piso inferir la palabra, lo que es hablar, y en el piso superior la pulsión concebida del mismo modo. Puede decirse que allí Lacan llega hasta reescribir a Freud.

En el texto La cosa freudiana, Lacan refiere el texto de Freud El yo y el ello para afirmar que con el das Ich und das Es, está la distinción fundamental entre el verdadero sujeto del inconciente y el yo, afirmando que el das Es es el sujeto del inconciente, lugar de las pulsiones. Juega además con lo fónico del Es freudiano para acercarlo a la S de la palabra sujeto.

Asimismo, la frase de Freud “Wo Es war, soll Ich werden”, expresión que fue aplastada por la traducción francesa como el yo debe desalojar al ello, Lacan traduce el Wo Es war como allí donde estaba subrayando que el Es no comporta el artículo das, no tenemos relación a un objeto. El Es no está objetivado, es de un lugar de ser del que se trata. Ese lugar de ser Lacan argumentará como un lugar de falta en ser, un vacío, es decir € (existe). (En matemáticas la € al revés significa que existe).

El lugar de las pulsiones es un lugar de ser, un lugar ontológico.

Lugar de ser implica que no es el lugar del goce. El goce no es planteado a nivel del ello ya que Lacan le asigna un estatuto imaginario, concierne a la imagen, en particular a la imagen de sí.

Finaliza mencionando nuevamente a Alain en cuanto que

             “El matemático es aquel que sabe mejor lo que hace" en el sentido en que construye el objeto mismo que le resiste, para preservar un aspecto de lo real que está limpio de todo lo que es sentimiento, afecto y de todo sentido. El objeto del matemático sólo se lo puede intentar coger por el cálculo, permanece sordo a la palabra, mientras que la cosa freudiana habla, oye, se perturba y va hacia lo más íntimo del organismo mismo.

Lo que es real está verdaderamente allí, sobre el contorno. Por lo tanto no es que Lacan sueñe que en el psicoanálisis se puede por la palabra hacer crecer las manos a los mancos.

Punto 5.

La causa en el segundo movimiento:

Está hecho de la emergencia de la cosa que no habla y del redescubrimiento de la escisión necesaria entre el  inconciente y el ello. (Se desarrolla en punto 7)

Se trata de la emergencia progresiva más que de una ruptura. Ya había indicado Lacan como al pasar en su Seminario La lógica del fantasma que debía tachar su “eso habla".

Toda la primera enseñanza Lacan supone que la cosa, en tanto que habla, responde a nuestras interpretaciones, responde a la palabra. Es así como Lacan presenta la eficacia del chamanismo sostenido por Levy-Strauss en su artículo La eficacia simbólica. Lacan concibe la causalidad de la magia como del orden de la causa eficiente. Da razón de esta causalidad diciendo que hace falta que el terapeuta, el chamán, ponga en juego su cuerpo y que lo ofrezca al sujeto como una localización. Pero eso no tiene nada que ver con el psicoanálisis, porque en él, como en el discurso de la ciencia, lo corporal está excluido. La diferencia entre la magia y el psicoanálisis radica en que en la magia hay que poner el cuerpo pero en el psicoanálisis no.

Puede verse, en el último texto de Lacan, La ciencia y la verdad, que hay un desplazamiento porque al evocar nuevamente la cosa en tanto que habla, ésta es recusada porque la clasifica dentro de la magia. Dirá que, La cosa en tanto que habla se encuentra colocada en la magia, colocada como el objeto a, como el pragma de la magia. Y es ahí donde Lacan vuelve a plantear, y de modo patético, la cuestión de saber

Qué distingue al psicoanálisis de la magia?

En qué el psicoanálisis no es magia?

La casualidad del psicoanálisis, el medio por el cual es eficaz como causa material, obtiene su eficacia por el significante que no tiene nada que ver con el de La instancia de la letra, aquél pensado a partir de la retórica como reducido a la metáfora y la metonimia, caracterizado por sus efectos de significación. En ese texto se distinguen dos efectos de significación en relación al significante:

-o bien la significación llega a surgir y tenemos un plus que induce un movimiento de emergencia: lo que se llama metáfora.

-o bien la significación corre y se desplaza bajo el significante son emerger: lo que se llama la metonimia.

En ambos casos es esencial tomar el significante en tanto que junto a la significación.

Mientras que, en el final de los Escritos 2, la eficacia de la operación analítica que Lacan atribuye al significante, es el significante en tanto que actuando en primer lugar como separado de su significación. Hay ahí un adiós a la retórica.

Ahora bien, atribuir la eficacia del significante que estaría separado de la significación implica poner en causa el fundamento mismo de lo que está expuesto en La instancia de la letra, invalida lo que en ese texto fue desarrollado. Esta diferencia es el principio mismo de la clínica analítica en que:

-la metáfora determina al síntoma, y

-la metonimia es el deseo

El síntoma es una metáfora en la que la significación está fijada en el alma o en cuerpo y queda inaccesible al sujeto conciente. Para levantar el síntoma es preciso hacer acceder al sujeto a la significación del síntoma. Disolver el síntoma es devolver al sujeto a la trayectoria del deseo que está siempre a la búsqueda de otra cosa.

 

Lili Callirgos

jueves, 23 de noviembre de 2023

Apertura del Sexto Encuentro Milleriano por Laia Gil

 

Presentación EM 18 de noviembre.

Primer aniversario

 

Es el primer aniversario de los Encuentros Millerianos y es un buen momento para celebrar la alegría que produce estar, convivir y participar en espacios tan frescos y nuevos como este.

Quisiera agradecer a los promotores Teresa Ferrer, Lito Matusevich, Gerardo Maeso y José Gregorio Domínguez la iniciativa que busca una nueva forma de trabajar y atender la actualidad.

Es un buen momento entonces para recordar lo que nos convocó, por lo que paso a leer el escrito inaugural de los encuentros:

“Reunidos online psicoanalistas de la Orientation Lacanienne, promovemos un espacio de trabajo siguiendo la enseñanza de Jacques Alain Miller como obra propia.

Siendo que nos unía la realización durante años de una lectura atenta de sus Cursos, acordamos realizar varios Encuentros por Zoom en los que trabajaremos: “El ultimísimo Lacan” 2006-2007, “Todo el mundo es loco” 2007-2008 “Sutilezas analíticas” 2008-2009 y “L’uno tutto solo” (La obra de Lacan) 2011, bajo la guía de la Clausura en la Gran Conversación 2022, así como la Conferencia “¿Qué real para el siglo XXI?”, entre otras.

JAM con “El ultimísimo Lacan” abre las puertas al psicoanálisis actual. La despatologización que se produce, la une Miller, al aforismo que encuentran en “Lacan por Vincennes” ¿Cómo enseñar lo que no se enseña? de la que tomamos la posición de analizante, y esto unido al “acontecimiento como lo constitutivo” será la base de los “Encuentros Millerianos”.

 

Más adelante se propuso incorporar el Curso “la vida de Lacan” del 2010, dada su importancia así como las conferencias que acompañan a cada Curso y que Miller expuso en la clausura de cada Congreso Mundial.

Quisiera traer también, algunas de las palabras de Lito, en su texto ¿Por qué Encuentros Millerianos? Que escribió para presentarlo y que podéis encontrar en nuestro blog.

Estoy convencido, cito a Lito, que Miller prolonga la enseñanza de Lacan, así como Lacan lo hizo con la de Freud. De ahí, añado, que nos dediquemos en exclusiva a la obra de Jacques Alain Miller, y a las referencias que él mismo nombra, porque es él quien lleva a sus últimas consecuencias la orientación a lo real, donde el cuerpo ya no es hablante, sino carne viva imposible de significantizar.

Este camino que estamos recorriendo nos llevará a diferenciar, en el ultimo Curso: l’uno tutto solo, repetición de iteración, pues es la clave milleriana para mostrar que la urgencia (de goce) está antes que la transferencia y es la que sostiene el análisis.

Gracias a la orientación de Jaques-Alain Miller el psicoanálisis de este siglo no quedará reducido a ser una psicoterapia más.

 

Asi que bienvenidos a los Encuentros, bienvenidos al psicoanálisis del siglo XXI.

Comencemos!

Valencia 18 de noviembre del 2023

Laia Gil

 

Encuentros Millerianos "Sutilezas analíticas" clases 19 y 20 por Carlos A. Jurado

 

Breve comentario de los capítulos 19 y 20 del Curso Sutilezas analíticas. 

                                                                                                                              Por Carlos Jurado. La Plata 14 de noviembre 2023

Capítulo 19 “Nada es sin goce”

En esta clase, la anteúltima del curso, del 3 de junio de 2009, Miller va trazando un camino en el cual consigue llevarnos a la idea de que nada es sin goce. Para ello el primer paso que da es el siguiente, “el goce no es transgresión”. Consigue demostrar siguiendo a Lacan que este no fue un punto de partida, sino que exigió en Lacan mismo una serie de torsiones ya que en su primera idea el goce fue una copia exacta del modelo del deseo, el cual sí es transgresión, ya que su condición misma es la prohibición. Lacan es múltiple según Miller y para orientarnos hacemos cortes, interrogamos momentos de su pensamiento, lo comparamos con otros momentos ulteriores, etc., en ese trabajo se elucida por fragmentos. Si ponemos la lupa en el Seminario 7 vemos que lo que le sirve de referencia para pensar el goce es el deseo, citando la epístola de San Pablo marca la dependencia de lo deseable respecto de lo prohibido, deseo-ley. El deseo es el efecto de la ley, marcando la reversibilidad de ley y deseo.

Al deseo se lo puede repartir entre lo prohibido, anulado, inhibido y el deseo que se realiza, pero respecto del goce esto no es así. Si nada es sin goce me interesa entonces la pregunta de qué goce se trata. Si apartamos la doctrina de la transgresión Miller se pregunta si se eliminó el significante, argumento que desemboca o empalma con una noción que toma de Husserl y dice que el goce no es antepredicativo. El goce no está antes que el significante, este punto se aclara mucho con la noción de acontecimiento, a partir de la cual podemos decir que cuerpo y significante surgen en el mismo instante, instante del acontecimiento que es también el origen de la iteración, como la actualización constante de ese goce idéntico. El cuerpo no es una realidad anterior al significante, por eso el parlêtre no es un cuerpo, sino que tiene uno.

En este mismo punto hace caer con Lacan la idea de la subjetividad, no se tratará del goce del Otro ni del sujeto, su articulación al objeto, sino en cómo se articulan lalangue y el cuerpo para hacer gozar. Aquí encontramos la noción de sinthome, y dice sinthome porque no hay abordaje directo del goce. Me interesa la distinción que tan detalladamente hace Miller para demostrar que el goce del sinthome no es sexual, el goce del cuerpo es autoerótico y no tiene en eso ningún alcance el goce fálico. Hace un recorrido por Freud, en particular por las pulsiones y concluye que hace existir la relación sexual, para Freud la relación sexual existe ya que las pulsiones parciales las organiza bajo la pulsión genital que no es ni más ni menos que el significante fálico. Arma la sexualidad bajo un programa biológico que debe cumplirse.

Lacan con su no relación sexual produce una subversión al interior del psicoanálisis. Con las formulas de la sexuacion pudo aislar un goce que no es fálico, el goce femenino. Es claro que las teorías freudianas de las pulsiones obedecen a la sexuacion masculina, para todo x, aludiendo al elemento único fuera del conjunto que le da consistencia, el falo. Freud hablo “de la subordinación de todas las pulsiones parciales bajo el primado del órgano” Miller contrapone la teoría lacaniana del goce como no toda, no hay primado del falo a falta de ese elemento que haga excepción para constituir un conjunto.

 A partir de esa idea, la del goce femenino, comienza un nuevo camino para Lacan ya que este es el antecedente directo del sinthome, el goce no sexual, aunque Miller dice que el goce fálico toma el camino del goce del pensamiento, lo que se puede verificar en nuestras consultas.

Capítulo 20. El reverso de la enseñanza de Lacan.

Lacan puso una sola condición cuando se realizó el índice razonado de los escritos –nos enteramos por Miller- debía comenzar con la palabra abyecto, también revela Miller que para Lacan es eso era lo que esperaba para su enseñanza. Sabemos que la abyección es esta articulada a la posición del analista como semblante de objeto, y genera un par antinómico con la dignidad, el honor…, etc que hunden sus raíces en el ideal, a diferencia de la abyección que las hunde en el goce.

Es en esta línea que encontramos al objeto a como el desecho, asco, lo repulsivo, que al mismo tiempo constituye el plus de gozar. No olvidemos que en el inicio de la repetición está el objeto a marcado por el rasgo unario lo que constituye la búsqueda de un goce en el lenguaje que por definición no se podrá recuperar, por lo que la repetición es la conmemoración del goce que falta.

En un estudio comparativo entre “El guerrero aplicado” de Paulhman y otro escritor francés Marcel Jouhandeau, del cual lee un fragmento de su novela en la clase que estamos trabajando, hace surgir la diferencia entre aquel que hace lo que debe hacer, el guerrero, y el otro que, al borde de la desesperación de sus inclinaciones monstruosas, escribe lo que surge de una voluptuosidad infame. Este goce dice Miller, es de otro registro distinto a lo abyecto, ya que no se articula al ningún objeto, sino que empalma con el sinthome, “a nivel de lo que es su vida entera” “lo que nosotros llamamos sinthome puede ser la unidad de una vida, no concentrada en este elemento equivoco que denominamos fantasma.”

Si Paulhman lo trabajo Lacan para mostrar el atravesamiento del fantasma Miller trae a Jouhandeau para pensar el pase a nivel del sinthome, tengo que recordar en este punto que hay una reformulación del pase en este curso, el pase Milleriano podría decir, es lo que permitiría verificar una satisfacción.

“La palabra satisfacción es visiblemente clave para Lacan, ya que se pone de

manifiesto que el análisis como tal es una cuestión de satisfacción.” Lacan escribe “la urgencia de dar satisfacción es lo que preside los análisis” Es Miller quien nos hace entender que hay una sustitución de la palabra transferencia que ya no aparece en el texto de Lacan, por Satisfacción. La urgencia que preside el análisis es lo que empuja, apura. Es decir, el goce, no olvidemos que Lacan dijo que es más adecuado hablar de DERIBA que hablar de pulsión en lo que al goce respecta. Si bien Lacan extrae la urgencia del comienzo del análisis lo extiende a todo el proceso para decir que en el análisis siempre hay urgencia. “La urgencia permite disipar el espejismo de la transferencia, opera en un nivel más profundo, lo que llamo satisfacción.” En la medida que es la urgencia y el análisis el medio de esa satisfacción.

La propuesta de Miller como el reverso de la enseñanza de Lacan, juega su partida con el sinthome, y lo lleva –entre otras cosas- como se los decía recién a redefinir el pase, no es la revelación de una verdad, es más bien la revelación de la verdad mentirosa “Este pase del sinthome es también querer el eterno retorno de su singularidad en el goce. Como el guerrero aplicado, se trata de un parlêtre que ya no estaría atormentado por la verdad. Ese final sin duda es el mismo contingente. Quizás el final del análisis tenga la estructura del encuentro.”

 

Encuentros Millerianos clases 16, 17 y 18 por Jose G. Domínguez

 COMENTARIO EM


Tres son los capítulos que me han tocado comentar, brevemente. Son tres capítulos extensos, con muchas cosas importantes. Intentaré resaltar lo más importante de cada uno.

Capítulo 16 “Cogito lacaniano”

Miller abre el capítulo destacando su cansancio por el concepto, y recomienda que el analista, en la práctica, se convenza de la vanidad de sus construcciones. Propone como cláusula final de la formación analítica: olvidar lo que se aprendió para abrirse al paciente como inédito.

Miller nos recuerda que el concepto de goce es un positivo absoluto, semejante a la líbido, pero que a diferencia de esta no se desplaza, permanece. Esta positividad contrasta con los dominios del significante, que puede ser negativizado. Por ende, con la noción del goce como imposible de negatizar se apunta a un goce más allá de la castración.

Ahora bien, algunos analistas ubicaron este goce más allá de la castración como un estorbo para la operación analítica. Terminaron por tomarlo como formas arcaicas, salidas erróneas de la libido, pensaron que este era el goce que no hacía falta y que convenía el goce del cuerpo del otro sexo, forma prínceps del goce que buscaba la realización de la heterosexualidad, solidario de la denominada genitalidad.

Pero Lacan, con el goce imposible de negativizar toma otra perspectiva. Un primer intento lo dirigió al Sujeto supuesto saber, como estado ya ahí del saber, que funcionaría si fuéramos todos lógicos; pero este no alcanza. Las palabras agujerean, emocionan, conmueven, se inscriben y son inolvidables. Por tanto, añadió una segunda suposición, la de la sustancia gozante, el cuerpo que supuestamente goza.

Es importante hacer notar, con JAM, que Lacan construyó la sustancia gozante a partir de la sustancia extensa cartesiana. No a partir de cogito, de la sustancia pensante. La sustancia extensa se presenta como partes extra partes, como completamente exterior, sin complicación, pero excluye la unidad del organismo, que la noción de sustancia gozante restituye. Define entonces el cuerpo como lo que se goza, y añade “el cuerpo se goza a condición de corporizarlo de manera significante”. 

Toma como ejemplo de la corporización significante, el fantasma “Pegan a un niño”, de Freud. Fantasma de flagelación que marca la incidencia del Otro sobre el cuerpo. Lacan conceptualiza esta marca como falta. S1 como falta y a como tapón. Sin embargo, Miller destaca que ese a “no es más que un semblante”, función imaginaria de una unidad de goce, sadiana. “Se trata de una dimensión de la experiencia y, en especial, del lado masculino”. Pero, la sustancia gozante va mucho más allá de la unidad marcada como a. El deseo, cuya causa es a, es un fantasma significante, en la medida en que ningún ser la soporta.

Así, el pase queda también cuestionado; al menos la idea del pase donde el sujeto sería capaz de destituirse para reconocer su ser en el objeto a. Esto dejaría al pase como mero espejismo de la verdad, no menos mentiroso respecto del goce imposible de negativizar.

JAM termina el capítulo indicando el cogito lacaniano: Soy, luego, se goza, que termina descabezando al yo, para dar acceso a un goce sin no, acéfalo, imposible de negativizar


Capítulo 17 “El goce no miente”

A mi modo de ver, el capítulo inicia con una distinción fundamental entre el goce sexual y el goce generalizado. Habría “un uso que que ciertamente se apoya en lo sexual pero que extiende la significación de la palabra hasta englobar lo pulsional, y el goce pulsional es reductible, desde cierto ángulo, al del cuerpo propio; en ese sentido, no es sexual. En nuestro uso, hacemos del valor sexual del goce un trampolín para pasar, si me permiten, a un goce generalizado del cuerpo” (p. 256)

Miller parece interrogarse sobre la mortificación que opera el significante; nos dice “hasta que rectifiquemo eventualmente esta concepción “. Lacan plantea el asesinato de la cosa por la palabra. “El significante sobrevive y ustedes no”, dice Miller, destacando que Lacan desarrolló múltiples maneras en que el significante mata. Pero matiza lo siguiente, se cree “que a fuerza de hablar perderá su peso, se va a descargar una reserva libidinal aprisionada en el silencio […] Yo me refiero, si me permiten, precisamente a lo contrario […] Se trata de un Wo Ich War (allí donde estaba el yo), Soll Es Werden (se trata de hacer aparecer el goce). Inversión del imperativo freudiano. 

Todo lo que puede decirse del goce, lo mata; aunque el goce pueda decirse entre líneas, nunca se dice a título personal. Y Miller añade: “Si el goce conlleva la vida, se necesita que no sea significantizado” (p. 257). 

Deseo e Goce son dos interpretaciones de la libido freudiana. La interpretación de

la libido como deseo es una interpretación negativa, es del deseo que articulado a una falta concluía en el matema de la castración; mientras que la interpretación de la libido por el goce es positiva, “hay más y menos, pero el menos no es negativo, significa no tanto”. Se trata de dos interpretaciones económicas distintas…

Miller toma posición en esta diatriba, cuando destaca que hay una verdad mentirosa del deseo, pero el goce no miente.

Pasa entonces a revisar la noción de objeto a, intento lacaniano de exportar la estructura del lenguaje al goce, haciendo de la pulsión una cadena significante, “cuyos elementos son objetos fantasmáticos”. En el fondo, dice JAM, Lacan localizó el goce en los fantasmas.

A la fórmula “el falo le da cuerpo al goce”, le opone Miller la que le parece más sensata, la noción de sustancia gozante, un estatuto del cuerpo que es el cuerpo de goce, “lo que no impide que este goce pueda condensarse”.

Es así que Miller toma al fantasma como una molécula, susceptible de transformación, cuyos elementos pueden separarse. “El fantasma fundamental como molécula está compuesto por un átomo de significancia y un átomo de goce” (p. 266). Y luego añade: “No es seguro que tengamos razón en expresarnos como si hubiera una sustancia de goce precedente e independiente del átomo de significación”. Tendemos a tomar el goce por lo real, haciendo del goce un antepredicativo. 

El significante no tiene solo efectos de sentido sino de goce, lo cual implica que la interpretación se valga de la materialidad del significante, del sonido, jaculación



Capítulo 18 Filosofía del goce


Miller declara su intención de intentar clarificar la distribución del goce en el síntoma y en el fantasma, en la palabra y en el cuerpo. Luego de veinte años de construcciones, Lacan podía decir que la economía del goce aún no estaba a su alcance. Miller dice que lo que si está a nuestro alcance es lo que, de forma divertida, llama Filosofía del goce. 

Retoma la noción de sustancia como antepredicativa, que solo se puede sentir, experimentar. Parte de la diferencia entre sustancia extensa y sustancia pensante de Descartes, y destaca el descubrimiento freudiano del inconsciente (transferencial) como una modificación de la sustancia pensante. Sujeto y sustancia serían dos tipos distintos de supuestos que subyacen a los fenómenos. A su vez, “La sustancia gozante es una modificación conceptual de la sustancia extensa, que reintroduce la unidad del cuerpo viviente, cuyo atributo principal sería el goce como afección de ese cuerpo”. 

Para Lacan, el goce puede interrogarse como autoafección del cuerpo vivo o a partir de una intersubjetividad del goce, implicando al Otro en su economía. Pero, termina por descartar el goce del Otro, como esencialmente imaginario. Mientras para Lacan el goce sería una propiedad del cuerpo vivo que se presta a la captura del Otro, Miller señala otra cosa: señala que “en su fase más profunda, es una autoafección del cuerpo vivo, lo que no excluye que la causa, el desencadenante, pueda ser exterior a esa sustancia corporal” (p. 273)

Miller retoma la dicotomía de Weissmann, para quien la vida y su reproducción no dependen en su concepto del significante.  Pero destaca que para el psicoanálisis, la reproducción de la vida en la especie humana no es análoga, está condicionada por el significante. Es Lacan quien destacó que en la especie humana la letra es análoga al germen. Por lo tanto, habría un estatuto antepredicativo del goce, pero no antesignificante. Otro goce en la especie humana. Por un lado, el goce antepredicativo de todo cuerpo viviente, y por otro el goce bis, fijado y brutalizado por la incidencia del significante. Es así que puede decirse que el lenguaje es aparato de goce, “el saber afecta el cuerpo del ser hablante por fragmentar su goce, recortarlo, hasta producir en él las caídas con las que hago el a”, dirá Lacan (p. 550 Otros escritos, p. 278 Curso).

Pero Miller va un paso más allá: se propone superar el binarismo cartesiano, buscando decir a la vez el significante y el goce, el sentido y el objeto a. Critica que Lacan haya retrocedido respecto de este empuje al unarismo hacia una triplicidad (la del nudo borromeo), y que no haya elaborado el Uno como tal. Propone entonces que la interpretación vaya más allá de la molécula del fantasma, se enfrente al átomo del sentido gozado y se haga jaculación, que “solo alcanza el blanco renunciando a las facilidades del desciframiento bajo la égida del padre” 


Encuentros Millerianos clases 14 y 15 por Daniela Gonzalez


En el capitulo “Una nueva alianza” Miller va a trabajar el problema que atormentó a Lacan y éste problema es la relación de la verdad con el goce. Miller, en este punto, hace una pregunta que no voy a dejar pasar: ¿por qué y cómo la verdad puede ser causa de efecto sobre el goce, cuando la verdad y el goce no están hechos de la misma madera, son heterogéneos, si me permiten, son heteróclitos?

Con respecto al término “relación” señala que es una relación de causa y efecto, y que ha sido ésta una referencia constante en Lacan. Por ejemplo el lenguaje causal lo encontramos en la expresión causa de deseo, que es el objeto a. También lo encontramos cuando nos habla de causa del sujeto, cuando hace del significante causa del sujeto barrado.

Con respecto al concepto de “verdad” señala dos regímenes distintos que se corresponden con dos momentos diferentes en la enseñanza de Lacan.. Podemos captar que hay una fractura de éste termino entre la primera y la última enseñanza.

Si volvemos al principio, un análisis era ante todo un progreso de la verdad para el sujeto donde la verdad no son las pequeñas historias que cuenta el analizante. Mas bien, Lacan hablaba de la verdad ligada a esa historia singular que respondía al inconsciente. Es lo que leemos en los Escritos 1 cuando escribe: “el inconsciente es ése capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste”. Blanco y embuste, dos modalidades de la represión. Es decir, que al inicio, la verdad se encuentra en exacta oposición a la mentira. Si la mentira es uno de los nombres de la represión, la verdad es lo que sanciona su levantamiento. Es la verdad o la mentira.

Ahora bien, radicalmente distinta es la expresión de Lacan verdad mentirosa de su último escrito. Este nuevo régimen lacaniano de la verdad queda marcado por la introducción de un neologismo donde historia se vuelve hystoria. Este neologismo derrumba la noción ideal de la historia con la que Lacan había comenzado. Incluso la verdad puede ponerse en plural perdiendo el artículo definido. Ya no se trata mas que de una verdad y ademas ésta no es forzosamente coherente con otra que surja luego en el transcurso de un análisis. Lo que Lacan formula en su muy última enseñanza como varidad, la verdad variable.

Desde donde estamos, vemos la correlación que hay entre inconsciente, historia y verdad.      

Hay mucho para conversar sobre ésto luego; pero ahora paso al tercer término del problema: el goce. Al inicio de la enseñanza lo que entusiasmó fue la introducción del goce en un binario: placer versus goce. Así Lacan oponía homeostasis y repetición. Homeostasis donde el equilibrio se encuentra preservado, dando lugar a un estado de bienestar, un estado de placer y luego un exceso, una ruptura de ese equilibrio, lo que llamamos goce. Serie repetitiva, como puntos de exceso, mas próximos a una experiencia de dolor.

En esta misma linea, pero tomando como referencia a Marx y su noción de plusvalía, Lacan nos hablará del objeto a como plus de gozar. También encontramos un equilibrio, como una homeostasis, dado que se paga un salario conforme a lo que quiere el mercado. Sin embargo, una parte suplementaria, se acumula de un lado que es ajeno al asalariado, dando lugar a signos de desequilibro, signos de extremo goce.

Insisto en la frase desde donde estamos - como lo hace Miller -porque es de ahí que podemos ver como Lacan se esforzó en poner la articulación significante en el registro libidinal. Logra introducir la dialéctica en el registro de la libido freudiana y así hablar de la libido en términos de falta, de sustituto de la falta, por lo tanto en términos de operación. La libido comienza a girar en torno de un significante: el falo. Este significante, imagen del flujo vital, pero que funciona a partir de la castración, con un menos. Siendo el indice de una falta tiene sustitutos que son objetos a y de esta forma el goce se encuentra repartido. A partir del momento en que aceptamos eso hay un ordenamiento del goce por la castración, goce interdicto, goce prohibido.

Tenemos aquí desdoblado el falo como imagen del flujo vital y el falo castrador; pero Lacan no progresa en su enseñanza sin antes agregar lo que llama: falo simbólico imposible de negativizar, que escribe como fi mayúscula, significante del goce, falo simbólico que resiste a la castración. Es necesario que Lacan reserve el significante de la libido, con el cual aparece un término estrictamente positivo, que no puede ser negativizado como el falo imaginario, es decir que escapa a la castración.

Saca nuevamente a la luz el término freudiano “libido” cuando choca contra  lo que no se deja negativizar. Y Miller nos dice que ya ahí esta presente, al menos como esbozo, el goce en el sentido amplio, esto es, el goce positivo: si el sinthome aparece en alguna parte, es allí, en el momento en que Lacan tropieza con un término que no va a funcionar conforme al régimen de la castración, es decir, con el régimen de las faltas y los sustitutos de la falta y operaciones.

Voy a decir que cuando leí falo simbólico imposible de negativizar me encontré bastante confundida y luego unas preguntas que  hace Miller me permitieron orientarme un poco. Dice, si es imposible de negativizar ... ¿porqué conserva la fi mayúscula? ¿qué relación tiene ésto con el falo, que entra esencialmente en la dialéctica como negativizado? ¿qué justifica conservar ésta referencia fálica? ¿como el goce imposible de negativizar estaría marcado por un menos?

Y agrega, que aquí se desdoblan dos planos: uno donde en efecto está el falo, el objeto a, el menos, el Edipo, donde no se trata sino de negativización; y otro plano donde esta lo imposible de negativizar. Y que en el fondo, poco a poco, Lacan despejará lo que Miller escribe con una J mayúscula.  

“No hay que obnubilarse con el rechazo del goce, el término importante es la idea de que él puede ser alcanzado, es decir que podemos salir del teatro del sacrificio fálico”.

El goce como lo imposible de negativizar es diferente, incluso opuesto, al deseo que podemos definir por su negatividad esencial. De allí que Miller plantee que los términos deseo y goce obedecen a dos regímenes distintos.

El deseo solo se comprende articulado a una falta y en definitiva es un hecho de decir, no se puede hablar sin chocar con la falta que hacemos surgir. Es decir, que es inarticulable pero, sin embargo, esta articulado en el significante, es la metonimia de la falta. El deseo solo se comprende articulado a una falta y de ello resulta una negatividad esencial.

Lacan. al inicio, también se aproximó al régimen del goce subrayando que el goce es lo que no puede decirse. Acentuar que el goce no puede decirse permite indicar que, desde este punto de vista, el goce es como el deseo, es inarticulable. Así es como señaló que el goce solo se dice entre lineas, y que al igual que el deseo, es una metonimia.

El punto importante es que Lacan puede plantear que el goce no puede

decirse, al igual que el deseo, pero a partir del Seminario “Aún” introduce el goce de la palabra. Creo  que es clave extraer las consecuencias de éste cambio, ya que a la altura del Seminario 20 Lacan no solo parte del cuerpo, del goce del cuerpo, sino que introduce lo que llama lalengua.

Se pude advertir como Lacan se esforzó en modelar el régimen del goce sobre el régimen del deseo, siendo el objeto a el resultado de éste esfuerzo. El objeto a tiene algo de paradójico en el punto donde no es un significante pero tampoco se sale de la articulación significante. En principio porque tiene la propiedad de la unidad, de la unidad discreta: objeto oral, objeto anal, objeto vocal, etc. bien separados unos de otros. En definitiva es una creación lógica y en ese nivel se asemeja a un significante. Incluso Lacan lo dice en el Seminario “Aun” con todas las letras: “el objeto a es un semblante de ser”.

La cuestión radica que en la última enseñanza de Lacan la referencia al goce no puede satisfacerse con una referencia a lo ontológico, no puede satisfacerse con una referencia a la trascendencia del significante, que implica la noción misma de falta, no puede siquiera contentarse con una referencia a la lógica, a la articulación significante, sino que demanda pasar al nivel de la Cosa que es.

Y el objeto a no se sostiene en la óntica, no se encuentra el objeto a en la óntica.

Miller concluye que si Lacan se lanzó a los nudos, fue para intentar, fuera de la articulación lingüística, dar sustancia a ese vacío, ya que el objeto a es un semblante que no tiene sustancia.

Paso a paso, estamos frente al esfuerzo de Lacan por abandonar el régimen lógico que dió al goce para pasar a un régimen óntico, que es a lo que se dedica en su última enseñanza, donde no ubica el goce en el plano del ser, sino en el plano del ente, que no es el ser como tal, sino lo que es.

Luego de éste recorrido y para finalizar me pregunto si se trata entonces de ubicar la serie verdad, deseo, castración y objeto a del lado de la ontología, del lado del ser; a diferencia del goce del propio cuerpo que queda ubicado en el régimen de lo óntico.







Encuentros Millerianos clases 11, 12 y 13 por Guido Matusevich

 

Encuentros Milleriano – Sutilezas analíticas – 2da parte.

 

Comentario clases 11, 12 y 13.

 

Hola a todos, me encomendaron el comentario de las clases 11, 12 y 13 de Sutilezas. Dado la densidad de las clases y lo acotado del tiempo disponible, voy a intentar trazar un par de hilos conductores que a mi parecer permiten hacer una lectura conjunta de los tres capítulos del libro.

Creo que podemos por un lado leerlas a partir de la clave que Miller nos brinda al principio de la clase 11, en relación a la oposición entre experiencia y teoría en relación al psicoanálisis, y en este sentido trazar a su vez un segundo eje, transversal a este primero que es la relación entre la primacía de lo simbólico, y la primacía de lo real, correspondiente a la orientación de la ultimísima.

En la tercer clase, que se llama “se termino, entonces, el pase”, podemos encontrar un breve testimonio de un AE, el cual Miller junto con Eric Laurent y Esthela Solano comentan, de donde tomare un par de detalles para cerrar el arco de este recorrido.

Entonces, ¿que es lo que podemos leer en relacion a este primer eje “experiencia vs teoría”? Primero y principal, una separación entre ambos términos, la experiencia psicoanalítica no es la teoría psicoanalítica, en todo caso una sería condición de la otra, el tema es encontrar qué vino primero, el huevo o la gallina.

Miler plantea una doble vertiente al respecto, por un lado la teoría corre siempre detrás de la experiencia. Esto ya lo plateaba Freud, si la experiencia no logra ajustarse a la teoría, lo que hay que cambiar una y otra vez, es la teoría que lee esa experiencia.

Sin embargo, en el origen fue el verbo.

El primer paso para que pueda haber una experiencia del psicoanálisis, fue el que dio Freud, estableciendo el campo de este. Es decir que, si bien la experiencia siempre precede a la teoría, en tanto la psicoanalítica se trata de una experiencia inédita, debe primero establecerse de qué manera pensar esta experiencia. De otra manera: Freud inaugura una nueva manera de pensar. El pensamiento hasta Freud, siguiéndolo a Miller, podríamos decir que se basaba -el pensamiento moderno quiero decir- en los fundamentos del cogito cartesiano, y que en ese sentido se alinea también con toda la filosofía occidental previamente establecida, de Platon a nuestros días, el pensamiento siempre tuvo una existencia propia, una autonomía que le daría ser y donde en todo caso el intelecto humano seria un accidente de este, una manifestación.

Freud entonces inaugura el pensamiento inconsciente, y le quita esta autonomía al pensamiento, propio de la modernidad, dándole dependencia directa de una falta. Es decir que el pensamiento en tanto que inconsciente, se sostiene en un desconocimiento, en una ausencia de saber, en un saber faltante.

Nos dice Miller al respecto que: “Ser analista es lograr poner a la gente que se lo solicita en su carácter de tal en la posicion de yo no se

El psicoanálisis entonces se sostiene en las antípodas de la psicoterapia, allí donde esta busca sostener un saber, el psicoanálisis busca develar que en definitiva, en el fondo, esta verdad, para poder ser sostenida, implica un “yo no se”, un no saber.

Continuando con la clase, se llega a un tratamiento del fantasma como anudamiento del lenguaje y el goce. El fantasma funciona como una cierta respuesta al problema que se le plantea a Lacan en relacion a la pulsion, puntualmente a la relacion entre los dos modelos pulsionales que construye Freud. Es a partir de esta articulación que Miller lee en Lacan que la pulsion es una cadena significante, solo que los significantes se toman del cuerpo, son significantes organicos.

No quisiera que se pierdan estos dos puntos que luego tratare de articular. Por un lado que el pensamiento inconsciente se sostiene en un desconocimiento fundamental, y por el otro esta manera de armar la pulsion que tiene Lacan, como una cadena de significantes tomados del cuerpo.

Retomo. Es entonces a partir de esta articulación que plantea una pata en lo simbolico, y una pata en el goce, que es el fantasma, que Lacan pensara el fin de análisis como su atravesamiento. El lograr separar lo que es del orden de la lógica significante, de aquello que está, no digamos más allá sino desafectado de esta. En realidad Miller plantea que los tres registros se relacionan aquí, lo imaginario por ser el fantasma una escena, lo simbolico por ser una frase, y lo real en tanto hay cierta condición de goce que se pone en juego.

Se juegan entonces dos maneras de abordar el goce, el transgresivo del seminario 7, que lo plantea como un mas alla del lenguaje, de la ley, y el del seminario 20, el que esta en todas partes. Por un lado la trascendencia del goce, y por el otro una inmanencia, algo que esta allí desde el vamos, desde el inicio. El goce transgresor no logra captar la dimensión positiva del goce del sinthome, asi como lo hace la formulación del goce en todas partes.

El atravesamiento del fantasma, en esta perspectiva del goce en todas partes implica entonces ya no ir mas alla de un goce marcado por la dinámica placer-displacer, sino ligado al orden de la satisfacción, en palabras de Miller “andar bastante mejor”.

Esto marca entonces, que lo que habría al final de un análisis, en tanto ya no se trata de un atravesamiento, no se trata de un saber sino de una satisfacción alcanzada. Esto a su vez problematiza el lugar del final de analisis, ¿como diferenciarla de una detención, y que lugar para el pase y su testimonio a partir de ello?

Dejo la pregunta planteada y continuo.

Esta nueva perspectiva del goce da lugar a la verdad mentirosa. El goce queda a resguardo de cualquier calificativo o adjetivo, ya que no es alcanzable por la verdad, no es posible mas que mentir respecto al goce. Este punto marca entonces algo central para la clínica, el que hay que hacer hablar en el análisis, no es al sujeto –este siempre se dirige al Otro- y por ello es de pura lógica, sino que hay que hacer hablar al cuerpo. Reordenando los terminos, hay que dar lugar a que –en el sentido heideggeriano del termino aletheia- se revele el cuerpo hablante, se des-oculte.

Es decir, que diga sus misterios, y no sus matemas, regidos estos últimos por la lógica significante. Según se ecuche al sujeto o al cuerpo hablante tendremos dos experiencias completamente diferentes, una se encuentra en relacion a la verdad, y la otra en relacion al goce.

En este sentido Miller justifica el agregado de Lacan, del termino real separado del de realidad. La verdad del sujeto en tanto interpretación por el sentido, apunta entonces a la realidad siempre fantasmatica, por otro lado, la interpretación en tanto esta apunta a una revelación, en tanto que desocultamiento de ese real, busca facilitar el levantamiento del velo de la realidad sobre este real, ayudar a des-velar ese fragmento en un rechazo del semblante que miente. De este modo, tenemos entonces de un lado el goce real, y del otro el semblante en tanto que articulación simbolica e imaginaria.

Esto explica por que cuando hablamos de goce del sinthome, se trata del goce que hay, de la satisfacción, un orden que no puede ser demostrado, sino experimentado, y experimentado como aquello que no engaña, que no miente, pero tampoco dice la verdad.

¿Quizas podríamos decir cercano a la certeza psicótica?

Hago dos breve señalamientos respecto al capitulo 13 y cierro retomando dos puntos que había dejado en suspenso mas arriba.

Primero, luego del testimonio, Miller puntua que se hace referencia a un recorrido por tres analistas diferentes a lo largo del tiempo, pero que siempre se habla de “el analista”, sin importar quien fuera este. Esto lo apareo con el señalamiento de lo que Miller ubica como una “pretransferencia” en el AE respecto a su primer analista “yo sabia que era él”, dice. Si bien el recorrido del análisis pasa por tres analistas distintos, con sus idas y vueltas, siempre se trata de “el analista”. Este “yo sabia que era él” es la manera en que Miller lee en el testimonio, el lugar de la urgencia, y que resulta previo a cualquier operación, y es también del orden de una certeza que si se la intenta verificar a lo largo del tiempo, resulta incontrastable, siempre era el analista el que estaba ocupando ese lugar del “eral él”. Por otro lado, algo que me sorprendio fue la siguiente frase, cito:

“Por lo tanto, de cierto modo, es usted quien creó eso, quien le da un valor. Asi como Lacan podía decir que el analista forma parte del concepto de inconsciente, hay que subrayar que el analizante forma parte del concepto de interpretación. Por cierto, usted tomo interpretaciones tan tontas que resulta claro que si se vuelven agalmaticas es por su causa.

No es como decir que el analizante se analiza solo, o se interpreta solo, sino que pone en primer plano, que si es capaz de hacerlo es por la presencia de el analista.

Bien, para terminar retomo esto que plantee al prinicipio entonces, el desconocimiento fundamental en que se sostiene el inconsciente, y los significantes organicos, tomados del cuerpo, y encadenados en la pulsion.

Se puede leer una resonancia con algo que trabajamos respecto al seminario de la

identificación. Brevemente, me refiero al problema de la identidad y la identificación. En relacion al significante, no es posible sostener el principio de identidad ya que la su lógica implica que un significante no puede sino representar a otro, es decir, nunca se representa a si mismo. Para poder establecer que A es igual a A, necesito entonces al menos dos significantes distintos, el segundo que este en lugar del primero para poder referirme a aquel. Pero no solo eso, Miller plantea que en el fundamento del pensamiento inconsciente, hay una falta, un no saber, un desconocimiento. Esa marca, una vez mas no es entonces del orden del saber y de la verdad, sino que se trata del orden de la experiencia y de la certeza como decía mas arriba. En este lugar de desconocimiento no leo otra cosa que el lugar del goce del sinthome, es decir, las coordenadas –por llamarlas de alguna forma- del parletre. Es a partir del desconocimiento fundamental de si mismo del parletre, y por lo tanto de la identidad del sinthome, que es posible la experiencia analítica, que es posible ubicar el inconsciente transferencial. Dicho de otra forma, el lenguaje es una elucubración de saber sobre lalangue. Este acontecimiento de cuerpo y sus resonancias nos permiten articular, me parece, las definiciones que da Lacan respecto a la pulsion, como eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir, es decir, como resonancia que se repite a partir de un cuerpo. Sin embargo parecería allí encontrarse nuevamente una ambivalencia. Si se tratase de una iteración este eco pulsional no podrá diferenciarse del goce, ahora bien, si efectivamente se trata de una repetición de un decir, decir en tanto que desarticulado de sentido, como goce, seria el fundamento para el goce sentido, el goce fálico de la palabra, que deriva en la lógica significante y el establecimiento del fantasma.

Retomando los ejes planteados entre estos dos pares, experiencia y teoría, y primacia de lo simbolico y primacia de lo real, creo que podemos tomarlos como hilo conductor de lo que es la ultimisma enseñaza. Es decir, una relectura de la enseñanza de Lacan, primero en clave simbolica y luego en clave real, reencontrando nuevas coordenadas a partir de donde leer la experiencia analítica, detrás de la cual siempre corre al teoría, o bien podríamos decir, la clínica.