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miércoles, 15 de enero de 2025

El ser y el Uno, Miller, 2011 Clase 6: De lo ontológico a lo óntico Resumen por Lily Callirgos

 

El ser y el Uno, Miller, 2011

Clase 6: De lo ontológico a lo óntico

Resumen por Lily Callirgos

Punto 1.

Dificultad con la ontología:

 Miller afirma que Lacan tuvo un problema con la ontología, con la doctrina del ser y considera que éste no es un debate secundario sino una cuestión central y que se regula en el curso de la enseñanza  por un recurso al término que es el opuesto: el término óntico. La ontología es una cuestión del ser y lo óntico concierne al ente, no estanque, es decir a lo que es.

Sobre esta afirmación hace referencia a dos episodios:

1.Haciendo referencia a una vieja deuda con Lacan: no ser él quien había planteado el término ontología, término que ya había encontrado en La direccion de la cura bajo la expresión “falta ontológica", que en esa época y también hoy, el término ontología lo encontraba desplazado en la materia.

2.Un pasaje del texto Radiofonía (Pág. 426 de Los Otros Escritos): diciendo que escuchando a Lacan, “para él pasaba algo: tenía vergüenza de su ontología”.

Con respecto al episodio 1:

Hace referencia al Seminario 11, cap 3, donde se puede reconstruir lo que Miller había dicho.

               “La semana pasada, mi introducción del inconciente mediante la estructura de una hiancia brindó a uno de mis oyentes, Jacques Alain Miller, la oportunidad de hacer un excelente trazado de lo que, en mis anteriores escritos, reconoció como la función estructurante de una falta, y mediante un arco audaz lo empalmó con lo que di en llamar, al hablar de la función del deseo, la falta-en-ser”. (Pag.8)

Es en el Seminario 11 donde Lacan subraya lo que él llama la hiancia del inconciente merece ser dicha pre ontológica: la primera emergencia del inconciente no se trata de ontología sino de lo que no es ni ser ni no ser, es de lo no-realizado.

En el mismo seminario, pág. 34: “ Lo importante no radica en que el inconciente determina la neurosis… pues el inconciente muestra la hiancia por donde la neurosis se empalma con algo real – real que muy bien puede no estar determinado. En esa hiancia ocurre algo: entre la causa y lo que afecta. Hay siempre cojera”. En ese hueco encuentra algo que es del orden de lo no-realizado y que es brújula de la acción del analista. Y señala que Freud no está interesado en el determinismo, sino en la búsqueda del inconciente en el tropiezo, la falla, la fisura. Se trata del estatuto ético del inconciente que lo liga a la causa inherente al cálculo infinitesimal, al salto al límite que implica el Begriff. Lacan instituye la causa en tanto “se distingue de lo que hay de determinante en una cadena o, dicho de otra manera, de la ley”.

Con respecto al episodio 2 referido a un pasaje en Radiofonía:

    “Desde donde retorno a lo real de la E.N.S., es decir del ente (ètant) o del estanque (ètang) de la Escuela Normal Superior donde, el primer día que ocupé mi lugar, fui interpelado sobre el ser que acordaba a todo eso. Desde donde declinaría tener que sostener mis miras de ninguna ontología. Es que al ser ella, apuntada, de un auditorio a adiestrar en mi logia, de su onto hacía yo lo vergonzoso ( honteux). Todo onto bebido ahora yo responderé y no por cuatro caminos ni por bosques que oculta el árbol “. Se podría decir que hay en este punto una suerte de crítica despreciativa dirigida a Heidegger? Más adelante, 1970, agregará que,  “Mi experiencia no toca al ser sino para hacerlo nacer de la falla que produce el ente de decirse”.

Punto 2.

Las matemáticas y lo real:

Miller nos invita hacer el recorrido de la ontología a lo óntico por cuanto en ese camino está en juego la categoría de lo real, categoría indispensable para un justo manejo de la experiencia analítica y de la que no se desprende con toda su potencia conceptual más que a condición de ceñir y limitar la función del ser.

Se propone Miller mostrar las afinidades que hay entre las matemáticas y lo real haciendo mención al matemático Alain.

Alain, pseudónimo de Emile-Auguste Chartier, matemático, filósofo, periodista, ensayista y pacifista. Obtuvo una plaza de profesor de filosofía en el liceo Henri IV de París. Siguiendo las directrices de su maestro Lagneau para quien la filosofía es el ejercicio mismo de la libertad, Alain inculcaba a sus alumnos que lo importante no es tanto lo que se debe pensar sino el cómo se debe pensar.

Destaca Miller de Alain:

·       El matemático es de todos los hombres aquél que sabe mejor lo que hace.

·       Los matemáticos jamás piensan sin objeto. Es el único hombre que piensa el objeto totalmente desnudo, definido, construido, sea como figura trazada o expresión algebraica.

·       Inventa definir al matemático como un proletario en cuyo trabajo no hay lugar para la cortesía, el halago o la mentira puesto que trata con las cosas y no con las pasiones, no persuade ni defiende. Mientras que el burgués se define por el hecho que moviliza y domina un aparato de signos pero sin estar directamente en contacto con las cosas.

·       Si hay todavía lugar para la posibilidad en el trabajo con las cosas mismas, es porque piensa que la habilidad manual exime de la obligación de la cortesía.

·       Dibuja el objeto de los matemáticos como no dejándose emocionar, como siendo rebelde o reacio a todas las afectaciones y halagos de la palabra. El deseo, la petición y la loca esperanza no pueden nada sobre el objeto de los matemáticos.

Concluye Miller diciendo que hay una oposición entre retórica y matemática.

Punto 3.

La “cosa" del psicoanálisis:

Lacan no declinó decir que era un retórico no como una declaración de su gusto o sus capacidades sino en tanto que el psicoanalista, a diferencia del matemático, tiene relación con una cosa que se mueve y se conmueve por la palabra, que Lacan define como la cosa freudiana.

La retórica así entendida es parte del aprendizaje psicoanalista en  formación que aprende cómo actuar por la palabra sobre las pasiones, es decir, sobre el deseo que las resume todas. Es lo que se llama interpretación.

Con respecto a la interpretación, en La palabra que hiere, Lacaniana #25, es un texto que parte de la pregunta de si hay reglas para la interpretación. Texto que muestra los lineamientos para pensar hacia dónde vamos con la interpretación. Lo que orienta es en qué dirección. Y si hay dirección y no hay reglas, le queda al psicoanalista el camino de la creación y la posibilidad de sorprenderse con los efectos.

 La “cosa" del psicoanálisis también quiere decir el inconciente estructurado como un lenguaje: el inconciente está movido por la palabra.

La cosa freudiana habla que se puede hablar con ella y el psicoanálisis es supuesto ser aquél que sabe hacerla hablar y que ella sabe hablar con ella. Lacan la define como verdad. En su escrito que lleva ese título, la hace hablar a ella misma: Yo la verdad, hablo".

Hace referencia a la cualidad dúctil del sueño con respecto a la situación analítica, a la posición del analista, destacando cómo el sueño deviene el elemento de un verdadero diálogo, diálogo que se prueba por sus rasgos de engaño que como ejemplo tenemos el sueño de la joven homosexual. Así también lo constatamos en la experiencia del sueño durante la cura analítica. Al inicio los sueños que emergen como signo de que la cosa comienza a ser conmovida o, el modo en que se memoriza en la víspera luego de una interrupción, o bien durante el análisis puede modificarse el estilo de los sueños.

La cosa freudiana, eso habla. Puede decirse, en términos más técnicos, que el síntoma es una palabra rechazada, una palabra desconocida, una palabra inconciente que se trata de hacer regresar.

Pero, cuál es el secreto del “eso habla"? Se traduce en términos metapsicológicos: el ello no es otra cosa que el inconciente. Esta primera enseñanza de Lacan está edificada sobre la confusión inconciente y ello y sobre esta base puede decirse que lo que es determinante para el sujeto es el orden simbólico con sus mecanismos y efectos. Lo determinante para el sujeto es la palabra que en tanto ella crea o hace ser la verdad. No hay verdad sin palabra.

Punto 4.

La causa en la primera enseñanza:

Cuál fue el fundamento sobre el que Lacan estableció su enseñanza.

Si lo real está afuera y lo imaginario, asociada a la inercia, no es más que sombras y reflejos, como lo dice Lacan en el Seminario La carta robada, y el inconciente es simbólico, todo es posible.

En los primeros Escritos encontramos un discurso convincente, conquistador, al que nada le falta que, sin duda, nos dice Miller, está hecho para empujar a los analistas, para hacer saltar el tapón que había sobre el psicoanálisis. Hay en Lacan un deseo de demostrarlo, de argumentarlo.

Pero, cuál es la causa que Lacan defiende?

Atribuir la pulsión al campo de lenguaje. Para Lacan la pulsión es también una palabra, una demanda, una exigencia, una reivindicación, pese al silencio que en ella reina. Dirá “el sujeto en la pulsión está de todos modos más lejos de hablar cuanto más habla". Mientras que para Freud el ello es el lugar de las pulsiones.

Entre la frase  y la pulsión freudiana hay algunas distinciones que Lacan escribe €D:

-          el sujeto se desvanece y es una forma de la demanda

-          la demanda también desaparece pero queda el corte, corre con el que recuperamos el campo del lenguaje.

El grafo del deseo está hecho para mostrar el paralelismo entre la pulsión y la palabra. Tenemos en el piso inferir la palabra, lo que es hablar, y en el piso superior la pulsión concebida del mismo modo. Puede decirse que allí Lacan llega hasta reescribir a Freud.

En el texto La cosa freudiana, Lacan refiere el texto de Freud El yo y el ello para afirmar que con el das Ich und das Es, está la distinción fundamental entre el verdadero sujeto del inconciente y el yo, afirmando que el das Es es el sujeto del inconciente, lugar de las pulsiones. Juega además con lo fónico del Es freudiano para acercarlo a la S de la palabra sujeto.

Asimismo, la frase de Freud “Wo Es war, soll Ich werden”, expresión que fue aplastada por la traducción francesa como el yo debe desalojar al ello, Lacan traduce el Wo Es war como allí donde estaba subrayando que el Es no comporta el artículo das, no tenemos relación a un objeto. El Es no está objetivado, es de un lugar de ser del que se trata. Ese lugar de ser Lacan argumentará como un lugar de falta en ser, un vacío, es decir € (existe). (En matemáticas la € al revés significa que existe).

El lugar de las pulsiones es un lugar de ser, un lugar ontológico.

Lugar de ser implica que no es el lugar del goce. El goce no es planteado a nivel del ello ya que Lacan le asigna un estatuto imaginario, concierne a la imagen, en particular a la imagen de sí.

Finaliza mencionando nuevamente a Alain en cuanto que

             “El matemático es aquel que sabe mejor lo que hace" en el sentido en que construye el objeto mismo que le resiste, para preservar un aspecto de lo real que está limpio de todo lo que es sentimiento, afecto y de todo sentido. El objeto del matemático sólo se lo puede intentar coger por el cálculo, permanece sordo a la palabra, mientras que la cosa freudiana habla, oye, se perturba y va hacia lo más íntimo del organismo mismo.

Lo que es real está verdaderamente allí, sobre el contorno. Por lo tanto no es que Lacan sueñe que en el psicoanálisis se puede por la palabra hacer crecer las manos a los mancos.

Punto 5.

La causa en el segundo movimiento:

Está hecho de la emergencia de la cosa que no habla y del redescubrimiento de la escisión necesaria entre el  inconciente y el ello. (Se desarrolla en punto 7)

Se trata de la emergencia progresiva más que de una ruptura. Ya había indicado Lacan como al pasar en su Seminario La lógica del fantasma que debía tachar su “eso habla".

Toda la primera enseñanza Lacan supone que la cosa, en tanto que habla, responde a nuestras interpretaciones, responde a la palabra. Es así como Lacan presenta la eficacia del chamanismo sostenido por Levy-Strauss en su artículo La eficacia simbólica. Lacan concibe la causalidad de la magia como del orden de la causa eficiente. Da razón de esta causalidad diciendo que hace falta que el terapeuta, el chamán, ponga en juego su cuerpo y que lo ofrezca al sujeto como una localización. Pero eso no tiene nada que ver con el psicoanálisis, porque en él, como en el discurso de la ciencia, lo corporal está excluido. La diferencia entre la magia y el psicoanálisis radica en que en la magia hay que poner el cuerpo pero en el psicoanálisis no.

Puede verse, en el último texto de Lacan, La ciencia y la verdad, que hay un desplazamiento porque al evocar nuevamente la cosa en tanto que habla, ésta es recusada porque la clasifica dentro de la magia. Dirá que, La cosa en tanto que habla se encuentra colocada en la magia, colocada como el objeto a, como el pragma de la magia. Y es ahí donde Lacan vuelve a plantear, y de modo patético, la cuestión de saber

Qué distingue al psicoanálisis de la magia?

En qué el psicoanálisis no es magia?

La casualidad del psicoanálisis, el medio por el cual es eficaz como causa material, obtiene su eficacia por el significante que no tiene nada que ver con el de La instancia de la letra, aquél pensado a partir de la retórica como reducido a la metáfora y la metonimia, caracterizado por sus efectos de significación. En ese texto se distinguen dos efectos de significación en relación al significante:

-o bien la significación llega a surgir y tenemos un plus que induce un movimiento de emergencia: lo que se llama metáfora.

-o bien la significación corre y se desplaza bajo el significante son emerger: lo que se llama la metonimia.

En ambos casos es esencial tomar el significante en tanto que junto a la significación.

Mientras que, en el final de los Escritos 2, la eficacia de la operación analítica que Lacan atribuye al significante, es el significante en tanto que actuando en primer lugar como separado de su significación. Hay ahí un adiós a la retórica.

Ahora bien, atribuir la eficacia del significante que estaría separado de la significación implica poner en causa el fundamento mismo de lo que está expuesto en La instancia de la letra, invalida lo que en ese texto fue desarrollado. Esta diferencia es el principio mismo de la clínica analítica en que:

-la metáfora determina al síntoma, y

-la metonimia es el deseo

El síntoma es una metáfora en la que la significación está fijada en el alma o en cuerpo y queda inaccesible al sujeto conciente. Para levantar el síntoma es preciso hacer acceder al sujeto a la significación del síntoma. Disolver el síntoma es devolver al sujeto a la trayectoria del deseo que está siempre a la búsqueda de otra cosa.

 

Lili Callirgos

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