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jueves, 5 de febrero de 2026

Fundamentos biológicos de la pulsión: anabolismo, catabolismo y la complejidad celular en el cap. IV de El yo y el Ello. Lilly Callirgos


Podríamos decir que el capitulo IV de El yo y el Ello, marca un punto de inflexión en la metapsicología freudiana al buscar un fundamento biológico para la dualidad pulsional. Postula que la vida anímica no es ajena a las leyes de la materia viva. Bajo esta premisa Freud establece una analogía directa entre el anabolismo (procesos de construccion y síntesis vinculados a Eros) y el catabolismo (procesos de degradacion y desasimiento vinculados a la pulsion de muerte). Esta dinámica adquiere matices distintos al contrastar organismos unicelulares con organismos pluricelulares, ya que es la complejidad de la estructura orgánica la que obliga a una intrincada mezcla pulsional para preservar la unidad del individuo frente a la tendencia hacia la degradación.

Es fundamental aclarar que Freud no pretende realizar un tratado de biología pura, por el contrario, utiliza estos términos para darle sustento científico y metapsicológico a su teoría de las pulsiones. Al recurrir al lenguaje de la materia viva, busca demostrar que el conflicto psíquico no es una invención teórica, sino la expresión de una tensión dualista que rige todo lo viviente.

Desde la biología, se entiende el metabolismo como un sistema de flujo de materia y energía que define lo que significa estar vivo. El anabolismo y el catabolismo no son procesos independientes; sino fases complementarias de un mismo ciclo. Esta premisa es la que le permite a Freud sostener su supuesto indispensable: que las dos clases de pulsiones se conectan, se ligan entre sí, del mismo modo en que la construcción celular requierr de la energía liberada en su degradación. 

En este sentido, el catabolismo libera la energía que el anabolismo necesita para funcionar; no hay construcción posible sin una previa degradación.

Anabolismo es el proceso mediante el cual el cuerpo fabrica y almacena energía. 

Catabolismo es el proceso de descomposición, libera energía.

Esta lógica metabólica se apoya en la idea de que los procesos vitales a nivel celular consisten en una oscilación constante entre la construcción y la destrucción de la materia. Freud toma este concepto biológico de metabolismo y lo traduce a su teoría de las pulsiones en Más allá del principio de placer, estableciendo la siguiente analogía:  

La pulsión de vida, Eros, es anabólica. Es la fuerza que busca unir, ligar, organizar y su función es mantener la cohesión de lo vivo y crear unidades cada vez más grandes.  

La pulsión de muerte, Tánatos, es catabólica. Es una fuerza que busca desunir, desligar y reducir lo complejo a lo simple hasta llegar a lo inorgánico. Freud veía en el catabolismo biológico una prueba de que la muerte tiende naturalmente a su propia desintegración. Dirá Freud, “la meta de toda vida es la muerte…lo inorgánico estaba antes que lo orgánico”. (Cap V, Más allá del principio de placer).

En última instancia, el capítulo IV de El yo y el Ello, es un intento directo de vincular la psicología con el metabolismo celular. Para Freud, la lucha entre la vida y la muerte es una extensión de la química celular, postulando que, en cada célula u organismo, ambos procesos ocurren simultáneamente. Así como no hay vida celular sin anabolismo y catabolismo a la vez, en el aparato psíquico no existe una pulsión pura. Quiere demostrar que su dualismo pulsional tiene un correlato en la biología: la vida se sostiene gracias al equilibrio o lucha entre la construcción de estructuras (anabolismo) y su degradación (catabolismo). En palabras de Freud, “Cada una de estas dos clases de pulsiones se coordinaría un proceso fisiológico particular (anabolismo y catabolismo); en cada fragmento de sustancia viva estarían activas las dos clases de pulsiones, si bien en una mezcla desigual, de suerte que una sustancia podría tomar sobre sí la subrogación del Eros” p. 42. Aquí es donde se hace indispensable el supuesto de que la vida es, fundamentalmente, una mezcla pulsional donde la unidad se preserva solo mientras Eros logra ligar la desintegración inmanente del catabolismo. 

Es esta conexión lo que permite que la vida pluricelular sea posible. Sin la mezcla, la pulsión de muerte cumpliría su objetivo de retornar a lo inorgánico. Freud sugiere que esta unión ocurre porque la célula misma es un campo de batalla metabólico. Como hemos dicho al inicio, mientras el anabolismo construye las estructuras necesarias para la vida, necesita de la energía que el catabolismo libera al degradar sustancias. 

Por último, nos preguntamos por qué es relevante distinguir entre organismos unicelulares y pluricelulares? Para profundizar en esta distinción, es necesario recordar lo que Freud menciona sobre las células germinales: mientras que las células del soma (cuerpo pluricelular) están destinadas a la muerte y muestran un catabolismo que las conduce al fin, las células germinales poseen una potencial inmortalidad.

En Freud, esta relevancia radica en la gestión de las fuerzas pulsionales. En el ser unicelular, el individuo coincide con la célula, por lo tanto, la pulsión de muerte puede ser dirigida hacia afuera. En cambio, en los organismos pluricelulares la situación es más compleja: la vida se sostiene gracias a que una parte de la pulsión de muerte es proyectada hacia el exterior, mientras que otra permanece ligada internamente a través de la mezcla pulsional.

Esta complejidad celular es la pieza que le permite a Freud explicar por qué el ser humano posee una vida psíquica tan conflictiva. Al analizar el paso de la mónada unicelular a la complejidad del organismo pluricelular, da cuenta del nacimiento de una tensión dialéctica fundamental: mientras que el organismo unicelular conserva una potencial inmortalidad, la organización pluricelular instaura un contrato de mortalidad. Una suerte de cooperación celular que, paradójicamente, permite que la pulsión de muerte opere desde el interior del soma. Así, la vida se revela como un rodeo metabólico, un equilibrio inestable entre el anabolismo vinculante y el catabolismo desintegrador cuyo destino final es el retorno al reposo absoluto de lo inorgánico. 

Para finalizar, debemos recordar que en el giro de 1920, Freud interroga la naturaleza misma de lo viviente situando la génesis de la vida en una intersección entre la biología evolutiva de Weismann con su teoría de la continuidad del plasma germinal, y la cosmología física basada en la Segunda Ley de la Termodinámica y el concepto de entropía. 

Resulta fundamental resaltar en este cap. IV de El yo y el Ello, la clara distinción que hace Freud: mientras que la pregunta por el origen de la vida es de carácter cosmológico, "la pregunta por su fin y propósito que recibiría una respuesta dualista", p.42. Para Freud, la vida no responde a un propósito único sino a una lucha de poderes. Al introducir el anabolismo y el catabolismo como correlatos de Eros y la pulsión de muerte, sostiene que el fenómeno vital es esencialmente dualista: la vida es el esfuerzo constante por mantener la cohesión orgánica frente a las tendencias inmanentes hacia la degradación.

Lili Callirgos

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