Encuentros Millerianos “Todo el mundo es loco” Clases 7, 8 y 9.
por María Paz Escrig
Valencia, 10 de abril del 2023
Hola, buenas tardes.
He estado pensando, quizás excesivamente, que lo que recorre las clases de las que me ocupo, que anda por debajo, entre líneas, oculto, podría ser: “¿la gente se queja de la no existencia de la relación sexual?”, siendo esta fórmula, de padecimiento, la que, si bien ha habitado siempre en el psicoanálisis, ahora está muy poco velada en lo social.
Ignorar este disfuncionamiento, ha tomado diversos nombres. El último de ellos, el que comenta JAM en las clases siete, ocho y nueve, es: el cognitivismo, que no es ajeno a nuestro psicoanálisis y al otro.
El título “Entonces la cifra”, inaugura la reflexión. La ausencia de relación sexual produce una herida muy profunda en el ser: no hay garantía. En los tiempos que corren “el ser que siempre necesitó una garantía”, encuentra en la cifra ese papel. Hoy la cifra es lo que diferencia la apariencia, los semblantes, de lo real. Subrayo este “real”, porque tendrá unas características en las que el psicoanálisis, si bien cayó, fue rescatado por la TDE. ¿De qué real se trata?
“El ciframiento está llamado de manera segura y necesaria a recubrir todos los aspectos de la existencia”, lo cual dirá JAM, “no es una profecía sino una constatación que se verifica sin cesar y en relación con la cuál, tenemos que acomodar el psicoanálisis en su lugar”. Es por ello, que se puede entender que colegas practicantes, hayan sido llevados a introducir la cifra en el psicoanálisis, algunos bajo las formas de lo que llamamos cognitivismo, es decir con el prefijo neuro, que es la modalidad que toma la cifra cuando se apodera de lo psíquico… o incluso más descaradamente.
Entonces la cifra, una llamada hace un par de semanas me hizo percatar que su introducción en el psicoanálisis ya era una evidencia. Rin, ring ¿edad? ¿años de análisis?, ¿perdona quién eres? Llamo en nombre de la ELP, (pero si no soy miembro), ¿es un cuestionario? espero que la siguiente no sea ¿sexo?, la ELP está enferma, no estadísticamente vieja.
El cognitivismo tiene como única bandera la estadística, punto de vista radicalmente opuesto a considerar a los sujetos uno por uno singulares. Y esta bandera estadística, ¿absorbe nuestra Escuela, como se puede observar en este reciente suceso evocado? ¿Cuántos años tenía Lacan? ¿Y cuantos tiene JAM?
Estamos pues ante la dominación del número sobre los espíritus, que es el viejo problema de la relación del pensamiento con el ser, renovado por la perspectiva cognitivista. Esto es grave, muy grave, ya que anuncia el último hombre del que habló Nietzsche, en su “desierto crece”. Último hombre que tiene dos axiomas, lo psíquico es cerebral y todo es cantidad.
¿Cómo hemos llegado aquí? se pregunta Miller en el texto. ¿Es el discurso de la ciencia responsable de este porvenir? Preguntas que redoblan su importancia, por los coqueteos, más que intensos que el psicoanálisis, freudiano y lacaniano ha tenido y tiene aún con la Ciencia.
¿Es lo mismo la ciencia en la Antigüedad o en la Edad media que lo que emerge como discurso de la ciencia en el siglo XVII? La diferencia no atañe a la observación o a la experimentación o a la medida, ni siquiera a la medida cifrada, pues esto está presente en el saber antiguo y medieval. La diferencia reside en otra actitud respecto del saber (página 152) lo que configura un “real” diferente al del psicoanálisis, un real científico fuera de la no relación sexual.
El término contingencia, preside la segunda clase de la que me ocupo, y diré que comienza por una pregunta importantísima de JAM “¿Qué recursos encontramos en la enseñanza de Lacan para poder situar lo que nuestra época llama el cognitivismo? Sras y sres, se contesta: “esa palabra no se encuentra nunca, ni en el texto que subsiste de los Seminarios, ni tampoco en sus Escritos”, pese a que el cognitivismo campaba a sus anchas por el mundo. Sin embargo, Miller va a utilizar lo que nombrará como “nuestro momento cognitivista”, para volver sobre la enseñanza de Lacan y sobre lo que determina nuestra posición en la práctica y la teoría.
Si bien Lacan se apartó del cognitivismo en su oposición a lo neuro y al déficit, presente en su crítica temprana a la neuropsiquiatría, (aunque cabría la objeción a la semántica) se acerca peligrosamente a las premisas cognitivas, con el postulado científico estructuralista del lacanismo, que sigue con la matematización.
¿De qué nos deleitábamos en la época?
Considerábamos un progreso del pensamiento, de la elucidación, poder trascribir fórmulas de Freud, con apariencia matemática, al tiempo que se pensaba haber encontrado un real, a la manera de Heidegger, como comenta Lacan en el “Atolondradicho”, el matema profiere el único real reconocido primero por el lenguaje: el número”.
Veamos el recorrido de Lacan. Es del lado de las psicosis que Lacan comienza su desarrollo. En sus primeras formulaciones, en “Acerca de la causalidad psíquica”, opone a la actividad psíquica ideal, el registro del sentido. “La locura es vivída integra en el registro del sentido (página 170), de tal manera que a las teorías del déficit reacciona con las de la falla significante, falla entre el yo y el ser del sujeto”.
Esto lo aparta de la dirección cognitivista, en la medida en que considera el objeto de la psicología, la Imago, totalmente incuantificable. La identificación que acude a la falla del sujeto será para Lacan el vector decisivo.
Seguidamente Lacan se embarca en la tarea de reducir el exceso de sentido con los matemas, sin conseguirlo al usar los elementos estructuralistas de la retórica, la metáfora y metonimia. El simbolismo de estas actuaciones le hace caer en el real científico, al punto de que, de su algoritmo prínceps, destaca JAM (página 164): “de alguna manera, el fantasma viene como de sobra” … “pudiendo dejarse como no confesado en un análisis, es decir como una significación aparte, un guion significativo fuera del todo”.
Y esto puede ocurrir pues el fantasma no roza el goce del que se trata, el goce como disfuncionamiento absoluto.
Si comenzó por las psicosis, es la sexualidad la que le va marcando los impases del camino, concretamente la sexualidad femenina, en la que el partenaire ni siquiera es el falo, demostrando la inexistencia de la RS.
Lacan encuentra, ahí, en el campo de la sexualidad, lo real propio del inconsciente. ¿De qué real da testimonio el inconsciente? Lacan lo sitúa en el campo de la sexualidad que resiste a la presión del discurso de la ciencia.
La no Relación sexual es lo real del inconsciente.
Esto ayuda, dirá JAM (página 166) a elucidar por qué caminos, como dirá Lacan, “lo inaccesible de la RS explicaría el acceso al número”, pues se sitúa supliendo la misma, lo que, en nuestra época, mucho más cercana a lo real que las anteriores, desplaza al objeto “a” como partenaire y coloca en el cénit a estos significantes: la medida, la cantidad y el número.
Partenaires actuales del humano, y garantes de su ser, como antes lo fue el objeto a.
El Curso continua, con JAM empecinado en separar el psicoanálisis del cognitivismo y en transmitirnos las cuestiones anteriores y así en el capítulo “De la neurona al nudo”, revisa la intención materialista, del primerísimo Freud al ultimísimo Lacan.
En “Proyecto de psicología”, antes de descubrir el inconsciente, Freud localiza, sin nombrarla, la energía nerviosa que pasa a través de las neuronas, desde el punto de vista económico, e introduce la pulsión como límite entre los psíquico y lo físico. Lacan reemplaza esta referencia biológica de Freud por una base lingüística, es decir por el significante. Y es que en Lacan la palabra, figura como base material del inconsciente.
Pues bien, con la técnica de la imaginería cerebral, se pueden percibir y localizar las bases neuronales del psiquismo. Hasta ahí, de acuerdo. Pero luego se enmaraña al igualar que, lo que vale para la actividad cerebral, vale para el psiquismo, saltando de las bases neuronales del psiquismo a los fundamentos neuronales del pensamiento.
Desde este punto, comienzan las hipótesis, casi poéticas, dirá JAM, al funcionar de esta manera: acentúan un rasgo del pensamiento, comportamiento o creación, y después se inventan una hipótesis de que “debe haber” un lugar para ello en el cerebro que, seguro que localizarán con la tecnología, con las imágenes del cerebro.
Desde luego la fenomenología del estadio del espejo es mucho más rica frente a toda esta fantasmagoría.
Y cabe destacar que, para el Lacan más clásico, la base material era la estructura del lenguaje, intentando seducir el discurso científico, algo que luego disolvió en la ultimísima enseñanza con la frase: “Lo ideal en suma sería acabar con lo simbólico”.
Y es que Lacan a lo largo de su enseñanza adoptó con un valor de provocación hacia el discurso científico el lenguaje causalista, determinista, hasta que pudo encontrar una fisura: no hay causalidad sexual. Sustituyendo causal por relación, para decir que no hay causalidad y no hay leyes de la relación entre sexos.
El no hay relación sexual vehiculiza la ausencia de la ley, la relación sexual no se puede escribir, de ahí que Lacan haga de la relación sexual un real sin matema.
Y el inconsciente atestigua de este real sin saber, pues el inconsciente está a nivel del sin ley, ya no imaginario, ni simbólico, ni nodal.



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