El ser y el Uno, Miller,
2011
Clase 6: De lo ontológico
a lo óntico
Resumen por Lily Callirgos
Punto 1.
Dificultad con la
ontología:
Miller afirma que Lacan tuvo un problema
con la ontología, con la doctrina del ser y considera que éste no es un
debate secundario sino una cuestión central y que se regula en el curso de la
enseñanza por un recurso al término que
es el opuesto: el término óntico. La ontología es una cuestión del ser y lo óntico
concierne al ente, no estanque, es decir a lo que es.
Sobre esta afirmación hace
referencia a dos episodios:
1.Haciendo referencia a
una vieja deuda con Lacan: no ser él quien había planteado el término ontología,
término que ya había encontrado en La direccion de la cura bajo la
expresión “falta ontológica", que en esa época y también hoy, el término
ontología lo encontraba desplazado en la materia.
2.Un pasaje del texto Radiofonía
(Pág. 426 de Los Otros Escritos): diciendo que escuchando a Lacan, “para él
pasaba algo: tenía vergüenza de su ontología”.
Con respecto al episodio
1:
Hace referencia al Seminario
11, cap 3, donde se puede reconstruir lo que Miller había dicho.
“La semana pasada, mi introducción del
inconciente mediante la estructura de una hiancia brindó a uno de mis
oyentes, Jacques Alain Miller, la oportunidad de hacer un excelente
trazado de lo que, en mis anteriores escritos, reconoció como la función estructurante
de una falta, y mediante un arco audaz lo empalmó con lo que di
en llamar, al hablar de la función del deseo, la falta-en-ser”. (Pag.8)
Es en el Seminario 11
donde Lacan subraya lo que él llama la hiancia del inconciente merece
ser dicha pre ontológica: la primera emergencia del inconciente no se trata de
ontología sino de lo que no es ni ser ni no ser, es de lo no-realizado.
En el mismo seminario,
pág. 34: “ Lo importante no radica en que el inconciente determina la neurosis…
pues el inconciente muestra la hiancia por donde la neurosis se empalma con
algo real – real que muy bien puede no estar determinado. En esa hiancia ocurre
algo: entre la causa y lo que afecta. Hay siempre cojera”. En ese hueco
encuentra algo que es del orden de lo no-realizado y que es brújula de
la acción del analista. Y señala que Freud no está interesado en el
determinismo, sino en la búsqueda del inconciente en el tropiezo, la falla, la
fisura. Se trata del estatuto ético del inconciente que lo liga a la causa
inherente al cálculo infinitesimal, al salto al límite que implica el Begriff. Lacan
instituye la causa en tanto “se distingue de lo que hay de determinante en una
cadena o, dicho de otra manera, de la ley”.
Con respecto al episodio 2
referido a un pasaje en Radiofonía:
“Desde donde retorno a lo real de la
E.N.S., es decir del ente (ètant) o del estanque (ètang) de la Escuela Normal
Superior donde, el primer día que ocupé mi lugar, fui interpelado sobre el ser
que acordaba a todo eso. Desde donde declinaría tener que sostener mis miras de
ninguna ontología. Es que al ser ella, apuntada, de un auditorio a adiestrar en
mi logia, de su onto hacía yo lo vergonzoso ( honteux). Todo onto bebido
ahora yo responderé y no por cuatro caminos ni por bosques que oculta el árbol
“. Se podría decir que hay en este punto una suerte de crítica despreciativa dirigida
a Heidegger? Más adelante, 1970, agregará que,
“Mi experiencia no toca al ser sino para hacerlo nacer de la falla que
produce el ente de decirse”.
Punto 2.
Las matemáticas y lo real:
Miller nos invita hacer el
recorrido de la ontología a lo óntico por cuanto en ese camino está en juego la
categoría de lo real, categoría indispensable para un justo manejo de la experiencia
analítica y de la que no se desprende con toda su potencia conceptual más que a
condición de ceñir y limitar la función del ser.
Se propone Miller mostrar
las afinidades que hay entre las matemáticas y lo real haciendo mención al matemático
Alain.
Alain, pseudónimo de
Emile-Auguste Chartier, matemático, filósofo, periodista, ensayista y
pacifista. Obtuvo una plaza de profesor de filosofía en el liceo Henri IV de
París. Siguiendo las directrices de su maestro Lagneau para quien la filosofía
es el ejercicio mismo de la libertad, Alain inculcaba a sus alumnos que lo
importante no es tanto lo que se debe pensar sino el cómo se debe pensar.
Destaca Miller de Alain:
·
El matemático es de todos los hombres aquél que sabe mejor lo
que hace.
·
Los matemáticos jamás piensan sin objeto. Es el único hombre
que piensa el objeto totalmente desnudo, definido, construido, sea como figura
trazada o expresión algebraica.
·
Inventa definir al matemático como un proletario en cuyo
trabajo no hay lugar para la cortesía, el halago o la mentira puesto que trata
con las cosas y no con las pasiones, no persuade ni defiende. Mientras que el
burgués se define por el hecho que moviliza y domina un aparato de signos pero
sin estar directamente en contacto con las cosas.
·
Si hay todavía lugar para la posibilidad en el trabajo con
las cosas mismas, es porque piensa que la habilidad manual exime de la
obligación de la cortesía.
·
Dibuja el objeto de los matemáticos como no dejándose
emocionar, como siendo rebelde o reacio a todas las afectaciones y halagos de
la palabra. El deseo, la petición y la loca esperanza no pueden nada sobre el
objeto de los matemáticos.
Concluye Miller diciendo
que hay una oposición entre retórica y matemática.
Punto 3.
La “cosa" del
psicoanálisis:
Lacan no declinó decir que
era un retórico no como una declaración de su gusto o sus capacidades sino en
tanto que el psicoanalista, a diferencia del matemático, tiene relación con una
cosa que se mueve y se conmueve por la palabra, que Lacan define como la cosa
freudiana.
La retórica así entendida
es parte del aprendizaje psicoanalista en
formación que aprende cómo actuar por la palabra sobre las pasiones, es
decir, sobre el deseo que las resume todas. Es lo que se llama interpretación.
Con respecto a la interpretación,
en La palabra que hiere, Lacaniana #25, es un texto que parte de la
pregunta de si hay reglas para la interpretación. Texto
que muestra los lineamientos para pensar hacia dónde vamos con la interpretación.
Lo que orienta es en qué dirección. Y si hay dirección y no hay reglas, le
queda al psicoanalista el camino de la creación y la posibilidad de
sorprenderse con los efectos.
La “cosa" del psicoanálisis también
quiere decir el inconciente estructurado como un lenguaje: el inconciente está
movido por la palabra.
La cosa freudiana habla
que se puede hablar con ella y el psicoanálisis es supuesto ser aquél que sabe
hacerla hablar y que ella sabe hablar con ella. Lacan la define como verdad. En
su escrito que lleva ese título, la hace hablar a ella misma: Yo la verdad,
hablo".
Hace referencia a la
cualidad dúctil del sueño con respecto a la situación analítica, a la posición
del analista, destacando cómo el sueño deviene el elemento de un verdadero
diálogo, diálogo que se prueba por sus rasgos de engaño que como ejemplo tenemos
el sueño de la joven homosexual. Así también lo constatamos en la experiencia
del sueño durante la cura analítica. Al inicio los sueños que emergen como
signo de que la cosa comienza a ser conmovida o, el modo en que se memoriza en
la víspera luego de una interrupción, o bien durante el análisis puede
modificarse el estilo de los sueños.
La cosa freudiana, eso
habla. Puede
decirse, en términos más técnicos, que el síntoma es una palabra rechazada, una
palabra desconocida, una palabra inconciente que se trata de hacer regresar.
Pero, cuál es el secreto
del “eso habla"? Se traduce en términos metapsicológicos: el ello no es
otra cosa que el inconciente. Esta primera enseñanza de Lacan está
edificada sobre la confusión inconciente y ello y sobre esta base puede
decirse que lo que es determinante para el sujeto es el orden simbólico con sus
mecanismos y efectos. Lo determinante para el sujeto es la palabra que en tanto
ella crea o hace ser la verdad. No hay verdad sin palabra.
Punto 4.
La causa en la primera
enseñanza:
Cuál fue el fundamento
sobre el que Lacan estableció su enseñanza.
Si lo real está afuera y
lo imaginario, asociada a la inercia, no es más que sombras y reflejos, como lo
dice Lacan en el Seminario La carta robada, y el inconciente es
simbólico, todo es posible.
En los primeros Escritos encontramos
un discurso convincente, conquistador, al que nada le falta que, sin duda, nos
dice Miller, está hecho para empujar a los analistas, para hacer saltar el
tapón que había sobre el psicoanálisis. Hay en Lacan un deseo de demostrarlo,
de argumentarlo.
Pero, cuál es la causa que
Lacan defiende?
Atribuir la pulsión al
campo de lenguaje. Para Lacan la pulsión es también una palabra, una demanda,
una exigencia, una reivindicación, pese al silencio que en ella reina. Dirá “el
sujeto en la pulsión está de todos modos más lejos de hablar cuanto más
habla". Mientras que para Freud el ello es el lugar de las pulsiones.
Entre la frase y la pulsión freudiana hay algunas
distinciones que Lacan escribe €◇D:
-
el sujeto se desvanece y es una forma de la demanda
-
la demanda también desaparece pero queda el corte, corre con
el que recuperamos el campo del lenguaje.
El grafo del deseo está
hecho para mostrar el paralelismo entre la pulsión y la palabra. Tenemos en el
piso inferir la palabra, lo que es hablar, y en el piso superior la pulsión
concebida del mismo modo. Puede decirse que allí Lacan llega hasta reescribir a
Freud.
En el texto La cosa
freudiana, Lacan refiere el texto de Freud El yo y el ello para
afirmar que con el das Ich und das Es, está la distinción fundamental
entre el verdadero sujeto del inconciente y el yo, afirmando que el das Es
es el sujeto del inconciente, lugar de las pulsiones. Juega además con lo
fónico del Es freudiano para acercarlo a la S de la palabra sujeto.
Asimismo, la frase de
Freud “Wo Es war, soll Ich werden”, expresión que fue aplastada
por la traducción francesa como el yo debe desalojar al ello, Lacan
traduce el Wo Es war como allí donde estaba subrayando que el Es
no comporta el artículo das, no tenemos relación a un objeto. El Es no
está objetivado, es de un lugar de ser del que se trata. Ese lugar
de ser Lacan argumentará como un lugar de falta en ser, un vacío,
es decir € (existe). (En matemáticas la € al revés significa que existe).
El lugar de las pulsiones
es un lugar de ser, un lugar ontológico.
Lugar de ser implica que no es el lugar
del goce. El goce no es planteado a nivel del ello ya que Lacan le asigna un
estatuto imaginario, concierne a la imagen, en particular a la imagen de sí.
Finaliza mencionando
nuevamente a Alain en cuanto que
“El matemático es aquel que sabe
mejor lo que hace" en el sentido en que construye el objeto mismo que le
resiste, para preservar un aspecto de lo real que está limpio de todo lo que es
sentimiento, afecto y de todo sentido. El objeto del matemático sólo se lo
puede intentar coger por el cálculo, permanece sordo a la palabra, mientras que
la cosa freudiana habla, oye, se perturba y va hacia lo más íntimo del
organismo mismo.
Lo que es real está verdaderamente
allí, sobre el contorno. Por lo tanto no es que Lacan sueñe que en el
psicoanálisis se puede por la palabra hacer crecer las manos a los mancos.
Punto 5.
La causa en el segundo
movimiento:
Está hecho de la
emergencia de la cosa que no habla y del redescubrimiento de la escisión
necesaria entre el inconciente y el
ello. (Se desarrolla en punto 7)
Se trata de la emergencia
progresiva más que de una ruptura. Ya había indicado Lacan como al pasar en su Seminario
La lógica del fantasma que debía tachar su “eso habla".
Toda la primera enseñanza Lacan
supone que la cosa, en tanto que habla, responde a nuestras interpretaciones,
responde a la palabra. Es así como Lacan presenta la eficacia del chamanismo
sostenido por Levy-Strauss en su artículo La eficacia simbólica. Lacan
concibe la causalidad de la magia como del orden de la causa eficiente. Da
razón de esta causalidad diciendo que hace falta que el terapeuta, el chamán,
ponga en juego su cuerpo y que lo ofrezca al sujeto como una localización. Pero
eso no tiene nada que ver con el psicoanálisis, porque en él, como en el
discurso de la ciencia, lo corporal está excluido. La diferencia entre la magia
y el psicoanálisis radica en que en la magia hay que poner el cuerpo pero en el
psicoanálisis no.
Puede verse, en el último
texto de Lacan, La ciencia y la verdad, que hay un desplazamiento porque
al evocar nuevamente la cosa en tanto que habla, ésta es recusada porque la
clasifica dentro de la magia. Dirá que, La cosa en tanto que habla se
encuentra colocada en la magia, colocada como el objeto a, como el pragma
de la magia. Y es ahí donde Lacan vuelve a plantear, y de modo patético, la
cuestión de saber
Qué distingue al
psicoanálisis de la magia?
En qué el psicoanálisis no
es magia?
La casualidad del psicoanálisis,
el medio por el cual es eficaz como causa material, obtiene su eficacia por el significante
que no tiene nada que ver con el de La instancia de la letra, aquél pensado
a partir de la retórica como reducido a la metáfora y la metonimia,
caracterizado por sus efectos de significación. En ese texto se distinguen dos
efectos de significación en relación al significante:
-o bien la significación
llega a surgir y tenemos un plus que induce un movimiento de emergencia: lo que
se llama metáfora.
-o bien la significación
corre y se desplaza bajo el significante son emerger: lo que se llama la
metonimia.
En ambos casos es esencial
tomar el significante en tanto que junto a la significación.
Mientras que, en el final
de los Escritos 2, la eficacia de la operación analítica que Lacan atribuye al
significante, es el significante en tanto que actuando en primer lugar
como separado de su significación. Hay ahí un adiós a la retórica.
Ahora bien, atribuir la
eficacia del significante que estaría separado de la significación implica
poner en causa el fundamento mismo de lo que está expuesto en La instancia
de la letra, invalida lo que en ese texto fue desarrollado. Esta diferencia
es el principio mismo de la clínica analítica en que:
-la metáfora determina al síntoma,
y
-la metonimia es el deseo
El síntoma es una metáfora
en la que la significación está fijada en el alma o en cuerpo y queda
inaccesible al sujeto conciente. Para levantar el síntoma es preciso hacer
acceder al sujeto a la significación del síntoma. Disolver el síntoma es
devolver al sujeto a la trayectoria del deseo que está siempre a la búsqueda de
otra cosa.
Lili Callirgos